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¿Tengo derecho a ser bello?
Por: Oscar Andrade
En una desgarradora crónica de “Memorias del Fuego” del escritor Uruguayo Eduardo Galeano, una mujer negra se quema la cara para blanqueársela y así agradar a su amo en la época de la esclavitud en América. La belleza no es neutral y por el contrario impone fuertes restricciones a quienes están por fuera de ella.
Si la frase “Los feos somos más” que reza un esténcil callejero de Bogotá es cierta, se puede también decir que los bellos son minoría y que por lo tanto la belleza dominante es excluyente y busca dictaminar la manera como debemos aparecer ante la sociedad. Se podría decir que la intervención brutal de una rinoplastia que soportan las mujeres hoy para tener la nariz respingada y así parecer de raza sajona, no está muy lejos de nuestro comportamiento histórico de raza dominada.
Seguimiento:
“Black is beautiful” rezaban los movimientos de libertad de derechos civiles para los negros en Estados Unidos en los años 60 y como consecuencia de dicho movimiento el imperio norteamericano está hoy regido por un negro. ¿Qué tiene la belleza que ver con la política? ¿Es que acaso ser bello es un derecho que debemos ganarnos con revueltas callejeras y peleas frontales con la policía? Quizás la libertad estética deba convertirse en un derecho internacional, que se negocie en los Tratados de Libre Comercio.
La belleza, discreta dominadora
Desde lo más evidente a lo más sutil, lo que un artista elabora es siempre una mentira, un calculado fingimiento y por lo tanto, le permite manipular positiva y negativamente a aquellos que se dejan llevar por su mensaje, aunque ellos no estén completamente conscientes de lo que ocurre.
La belleza ha estado asociada históricamente con el rito, con la creación de mitos y la religión, y ha sido utilizada para generar estandartes culturales, políticos y militares. Al igual que los dioses, la belleza genera admiración, un sentimiento de éxtasis en el cual la razón, secuestrada por los sentidos, cede a la contemplación y deja que la obra lo inunde por completo. Gracias precisamente al embelesamiento y sensualidad que emana, su lugar como acólita del poder ha sido constante, desde el manejo estético del rito del chamán hasta la contratación de publicidad para marcas en el sistema capitalista. A pesar de también haber ocasionado revoluciones, el espíritu divino de la belleza ha justificado asesinatos y conquistas, tanto en los sacrificios humanos de los aztecas como en las cruzadas medievales católicas en tierra árabe. La belleza adorna y sostiene al poder como algo deseable y bondadoso para aquellos que contemplan arrobados su encantadora magia.
Al visitar la Galería del Uffizzi en Italia y después de haber visto la famosísima pintura “El nacimiento de Venus” del pintor renacentista Sandro Boticelli, me topé con un cuadro de la anunciación católica: una imagen en la cual la paloma del Espíritu Santo ilumina a María (“La Encarnación” de Piero di Cosimo).
Yo mismo no sabía por qué me atraía esa pintura específica, entre toda la agotadora lista de pinturas y esculturas del mismo tema que se pueden encontrar hacinadas en Florencia. Después de un momento de mirarla, de repente me dí cuenta el porqué. A diferencia de la mayoría, este cuadro tenía una luz cenital, es decir, la luz caía verticalmente sobre los personajes. Si observan la Venus de Boticelli, que podríamos considerar representa a un conjunto amplio de las pinturas de su época, la luz golpea la escena de lado, con esa iluminación de atardecer que en verano puede perdurar por largas horas en Europa y que elimina las sombras oscuras y marcadas. ¿Pero por qué la simple ubicación de una luz la hacía atractiva a mis ojos? Era lógico: en Colombia el sol cae más perpendicular por estar más cerca del Ecuador, así que inconscientemente yo encontré la luz de mi país representada allí, lo que rápidamente atrajo mi mirada. Al volver a Colombia noté que el arte publicitario prefiere siempre una luz de atardecer Europeo así que, de las infinitas posibilidades de la belleza, hay una cierta forma de belleza que nos hace vibrar y es aquella que inconscientemente me hace aspirar vivir en Europa.
Tomemos un ejemplo más obvio: en el mismo cuadro de Piero Di Cosimo podemos ver que el personaje de María que, si creemos en la Biblia, nació en la región de Oriente Medio al noreste de África, es representada por Piero di Cosimo (y por los demás artistas Europeos) como una mujer de raza blanca, que viste una moda de 16 siglos después. La cultura Europea se apropió así mediante el arte y la belleza de un mito que surgió en la cultura árabe pero que se impuso mundialmente desde Roma a todo su imperio.
Piensen en Brad Pitt, apropiándose de los mitos helénicos para el imperio de los Estados Unidos. En “Troya” a su manera muy norteamericana, la película pone en escena una historia que fue escrita originalmente en Grecia, pero con diálogos escritos en inglés norteamericano y filmada parcialmente en el Cabo San Lucas en México.
http://es.wikipedia.org/wiki/Troya_(pel%C3%ADcula)
El arte bello cambia la realidad
Allí radica la importancia del arte: si nuestro cine, nuestra literatura, nuestras animaciones o videojuegos nos representan como una cultura poderosa ante nosotros mismos, nos permitirán crear mitos que sirvan de guías éticas y a la vez proyecten un mensaje político de nuestra validez en el mundo. En marketing está comprobado que una persona compradora de champú preferirá primero en el supermercado un envase bello que otro envase que le parezca simplemente feo. Aunque los humanos no somos solamente el empaque, lo que proyectamos de nosotros mismos, esa apariencia que podría considerarse superflua, es sin duda la mitad de nuestra existencia.
Si quisiéramos un cambio rápido, de choque, podríamos salir a pelear con la policía en la calle o demandar el TLC en jurados internacionales. Pero existen maneras más creativas de luchar con nuestras debilidades. La creatividad, asociada al arte, es una herramienta de transformación de nuestra realidad y por lo tanto de nuestra economía. Según Marx, la estructura económica modifica a la superestructura o cultura, y nunca ocurrirá al contrario. En un sistema socioeconómico complejo esta aseveración no sólo es falsa, sino que nos hace menospreciar el valor de los mitos, de la creencia en mundos fantásticos que le dan piso a cualquier cultura y religión del planeta.
Así como el arte miente, también refleja quienes somos, revela nuestro espíritu social y lo eleva hacia lo imaginario, dándole a lo cotidiano un resplandor de divinidad inmortal. Cualquier religioso profeta o vendedor de autosuperación nos dirá una frase de perogrullo: “Creer es poder”. En este caso yo diría “Crear es poder”. Y el arte, así como otras disciplinas del ser humano, es un camino creativo para imaginarnos bellos, únicos, especiales. Si queremos conquistarnos y conquistar otras culturas el primer paso es definir lo que es la belleza para nosotros, no con discursos o teorías, sino mediante la creación de obras artísticas que trasciendan el tiempo y que funden los pilares de lo que seremos.
Referencias:
* Primera imagen extraida del sencillo de The Cramps. Autor: Daniel Clowes.





