¿Quién se inventó el autocorrector?

¿Quién se inventó el autocorrector?

Estoy segura de que no soy la única que reniega del texto predictivo pero aun así no lo desactiva.

Tengo tres dispositivos con sistemas operativos distintos, y lo digo no como hecho para alardear sino para reafirmar cómo los autocorrectores para iOS, Android o BlackBerry no son la panacea que quisieran. El menos peor de todos es el de la PlayBook de BB, debo reconocerlo; sin embargo, resulta que por cuestiones de la vida es en esta en la que menos 'chateo' o redacto contenidos, y en consecuencia, soy víctima con mayor frecuencia de los errores (u horrores) que se van por descuido en los chats y hasta en los correos electrónicos.

La historia del texto predictivo y en consecuencia del autocorrector, es mucho más antigua que los sistemas de mensajería más populares. De acuerdo con WebAcademia, en la década de 1970, con propósitos muy distintos a los actuales, los primeros sistemas de predicción de texto fueron patentados para que personas con discapacidad auditiva pudiesen mejorar sus procesos de comunicación; sin embargo, los desarrolladores de teléfonos móviles encontraron en el sistema la forma de mejorar el rendimiento de las escasas teclas que combinaban un número y tres letras.

El texto predictivo fue diseñado para anticipar una serie de posibles palabras que se forman al unir alguna de las letras incluidas en cada tecla; así, por ejemplo, la palabra 'mamá' sería una de las primeras opciones al digitar la combinación '6262'; pero los tiempos han cambiado y ahora a los teléfonos inteligentes les faltan botones físicos y les sobran virtuales. Ya el problema no es optimizar la selección de teclas, sino ahorrarle al usuario la molestia de escribir completo. Y si se le quisiera encontrar un problema al autocorrector, el primero tendría que ser la infundada confianza que los usuarios le tenemos.

Los sistemas de mayor uso en predicción de texto, T9 (más usado en Android), iTap y Letter Wise/Word Wise están diseñados para que luego de identificar cierto número de caracteres, preprogramados por el usuario, busquen en su diccionario interno las palabras que se podrían formar con estas iniciales y cruzarlas contra una base de referencias 'comunes' al uso de esas teclas en cada idioma, decidiendo así proponer a las letras 'hol...' un posible 'hola'. Lo complejo es cuando la primera propuesta resulta ser 'hilado', ¿por qué? No sabe, no responde.

Por alguna extraña razón los usuarios tenemos fe ciega en el autocorrector (por no decir que en la tecnología en general), pero lo único que deberíamos tener por seguro es que va a fallar. Entonces ¿por qué seguimos con el autocorrector activado?

Nuestra sociedad está cambiando y algunas competencias y cualidades que los mayores ven con nostalgia, como la buena memoria, la capacidad de atención y la paciencia para escribir al menos una palabra completa, parecen estar desapareciendo. Con todo lo bueno y todo lo malo que pueda derivar esta transformación, lo cierto es que los autocorrectores siguen activos sencillamente porque confiamos en que la tecnología nos ahorre el desgaste de teclear dos o tres caracteres adicionales.

'Adi', 'Adicional', 'Adicción', 'Adición', 'Adiciones', 'Adictos', 'Adicto', 'Adiós'.

 

*Blog publicado en El Heraldo

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Adriana Molano

@amolanor

Diectora de contenidos
Corporación Colombia Digital

Especialista en Comunicación y Cultura de FLACSO; estratega de comunicación para proyectos de apropiación tecnológica en áreas empresariales, sociales y culturales. Es Asesora de Comunicaciones y Contenidos para distintos proyectos de la Corporación Colombia Digital.