Subí al techo, a ver el huracán

Subí al techo, a ver el huracán

Hace 21 años me gradué del colegio que me abrió sus puertas en 1984 y donde pasé gran parte de mi adolescencia descubriendo el mundo, y disfrutando la oportunidad de ampliar la concepción que se tiene sobre lo que gran parte de la sociedad entiende como educación. 

Más allá de los muros, los horarios y las normas de convivencia, que supuestamente construye la comunidad educativa y que al final de cuentas, en algunas ocasiones, terminan siendo el producto de un 'especialista' en algo educativo, quien tiene una mirada de la escuela desde el frio escritorio de su oficina en Bogotá.

Relato que para mí ha sido difícil desligarme de aquella época de colegio, de las actividades extracurriculares, de los amigos, de los "curas De La Salle", de las convivencias y sobre todo de la imagen y la experiencia significativa que me resultaron al haber estudiado en el Instituto San Bernardo De La Salle. Cuando comparto con docentes y estudiantes de instituciones educativas llego siempre a la misma conclusión: definitivamente, los únicos años de colegio que sirven para algo son los primeros, ya que se aprende. Entonces, lo único importante es que debemos compartir el mundo con otros, que estamos obligados a oír las cosas que nos dicen, respetando esas simples y profundas opiniones, y que tenemos completamente prohibido quitarles a los demás lo que es de ellos. Cosas tan mínimas a la hora de convivir y que de una u otra forma, cimientan las bases de la calidad de vida.

Tantos años después, ahora con la misión de compartir algunos conocimientos y experiencias que me han marcado en el paso por el mundo de la educación desde diferentes niveles, tengo que confesarles que cada día me abrumo tanto con los cambios y significados que se le da a la educación entre una década y otra; por una razón fundamental: y es que, durante todo este tiempo, lo que viví en mi colegio fue lo que me "encarretó" con esto y siempre ha estado conmigo. Aunque no quiero sonar cursi, realmente es así. Fue en esa dinámica educativa donde me descubrí a mí mismo; por primera vez, no me rechazaron, me sentí yo y sobre todo pude serlo. Por esos es tan diciente esta frase que se lee en las carteleras de algunos de los colegios de esta comunidad: "en La Salle, la fraternidad es la opción que hemos tomado para relacionarnos".

arbol-educacionAhora bien, en la actualidad, la educación está encerrada en un lugar estático, frío y sin posibilidades de creatividad, curiosamente manteniendo el esquema de esa pedagogía tradicional que se critica en tantos sectores y que como mejor ejemplo se resalta en la película 'La sociedad de los poetas muertos'. Ello significa, que nuestros sistemas educativos parecen condenas que duran muchos años entre primarias, bachilleratos y universidades, las cuales perdieron su atractivo así paguen por asistir, den refrigerio o hagan descuentos.

En el fondo, la escuela se ha encargado en lavarnos el cerebro de que tenemos que exigir, pero no tenemos que dar nada a cambio, vendiendo la imagen de un mundo enrevesado, peligroso y complejo, sin darnos la oportunidad de pensar, crear o innovar. La educación está repleta de pozos de sabiduría que en el peor de los casos, no dejan sacar el agua del conocimiento. Aunque esa pasiva situación no es únicamente de su estructura, ni del degaste del oficio de ser maestros ya que los padres también deben asumir un papel en ese proceso. Sin embargo estos se rindieron en la misión de ser los primeros formadores, dejando todo el trabajo a las instituciones, las cuales se han dejado morir en el intento de formar mejores padres de familias, generando el eterno circulo vicioso que persigue a la sociedad.

Infortunadamente, la frase "si no puedes con ellos, úneteles", se ha transformado en el grito de batalla que resume las estrategias pedagógicas de ahora. Si no es así, si las escuelas y el oficio docente no se han arrodillado ante el dinero y la protesta insulsa y muchas veces sin mérito, si no se han convertido en guarderías de segunda, ¿por qué la gente no lee?, ¿por qué algunos universitarios al graduarse de carreras mal seleccionadas manejan taxi?, ¿por qué algunos profesores son discípulos de los grandes relojeros suizos y no dan más de lo que dice el contrato?, ¿por qué las entidades que hacen donativos se sienten dueñas de los colegios y exigen, sin tener en cuenta la realidad de la institución? Lamentablemente, porque es así, la educación se vende al mejor postor y ha dejado de lado lo más importante: formar personas.

Hace años decidí subir al techo a ver este huracán educativo, porque les confieso: es un vendaval destructivo y perjudicial, en algunos casos, para los muchachos y para la sociedad, pero por fortuna siempre llega un momento en la vida de cualquier hombre en el que tiene que decir ''ya es suficiente'', y son muchos los involucrados en esta vocación, quienes desean sembrar semillas que germinen y generen los verdaderos cambios que se necesitan.

Vivimos en un país donde es fácil demandar al Estado o a cualquier entidad, así que si alguien se anima es bueno que vaya demando a los colegios por graduar periodistas mediocres, subjetivos, politizados y "fantoches", funcionarios públicos corruptos (seguramente 'matoneros' desde pequeños), políticos reaccionarios y sin palabra, genios de la educación llenos de teorías "rechimbas" y miradas tan cortas como sus narices y sobre todo gente sin espíritu, que sencillamente calla por no patear la lonchera.

Ese es el panorama hoy: un huracán que amenaza con arrasar con algo fundamental que nos da la educación: dignidad. Ustedes mismos juzguen si todo tiempo pasado fue mejor y si en su época educativa les dieron las herramientas para que vivieran...aún estamos a tiempo de hacer algo.

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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.