Véndase

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Al menos podría saber quién está interesado en comprarlo.

Lo más sencillo, obvio y que todos poseemos se convirtió en una moneda de cambio en el mundo digital. Los expertos en mercadeo siempre han buscado la forma de conseguir perfiles lo más exactos de sus compradores y gracias a la web estos datos están cada vez más al alcance de la mano de las compañías. Pero, si el negocio es tan rentable ¿por qué dejamos que otros ganen con lo que es nuestro?

Zuckerberg es millonario gracias al generoso aporte que cada uno del 1.2 billones de amigos de Facebook le hemos hecho al autorizar el uso de nuestros datos personales.

En una sociedad hiperconsumista e hiperconetada es apenas lógica la relación entre la web y el mercado. La primera ofrece contenidos de todo tipo, que atraen a todo tipo de público, dispuesto a entregar todo tipo de datos (y eso en el mejor de los casos, que es en los que el usuario tiene conocimiento y autoriza el uso de su información); en paralelo, el mercado necesita saber quién dentro de todo el púbico podría estar interesado en un producto específico. Las estadísticas de uso y consumo en la web se conjugan con datos demográficos y por arte de magia empiezan a aparecer en nuestras pantallas ofertas que resultan ‘a la medida’.

Pero quién gana y pierde en esta ecuación. La web y el mercado siempre ganan, y los usuarios si bien no pierden por lo menos si dejan de ganar y además son quienes terminan gastando. ¿Es eso justo?

Dice la leyenda que en los países latinoamericanos los votos se compran con un tamal, un ladrillo o una cerveza. Lo peor es que incluso en este vergonzoso ejercicio político el ‘usuario’ recibía algún tipo de recompensa; en la web lo que recibe a cambio de sus datos son ofertas que lo llevan a gastar más.

Para el mercadeo basado en la recolección de datos la noción de usuario ha cambiado de quien usa algo, a quien es usado para algo.

Algunos emprendimientos están empezando a reenfocar el negocio y brindándoles la oportunidad a los usuarios de comercializar por su propia cuenta sus datos, esto es, entregar información personal y particularmente de hábitos de consumo a cambio de promociones, descuentos y beneficios eventuales con ciertas marcas. Ejemplo de ello es Reputation, un portal dedicado a enlazar a quienes están dispuestos a venderse y a las compañías que están dispuestas a pagar por la información ofertada.

¿Sabe cuánto vale su información? Millones o menos de un centavo, eso depende de qué tanto esté entregando y qué tanto se pueda hacer con los datos recolectados.

En noviembre de 2012 un bloguero de Bulgaria recibió la tentadora oferta de comprar una base de datos con un millón de registros de usuarios y correos de Facebook por tan solo U$5 (leyó bien, tan solo cinco dólares). Bogomil Shopov arriesgó su dinero por la curiosidad de saber qué recibiría, lo increíble es que vía correo electrónico accedió a un completo paquete de registros reales de los usuarios de la red social. En respuesta Facebook usó toda su artillería de protección de datos, tal como demuestra la transcripción de Shopov (ilícita en términos de la red):

“Ahora nos gustaría que nos envíe este archivo, lo borre y nos diga si usted le ha entregado una copia del mismo a alguien, nos dé el sitio web donde lo compró, incluyendo datos de todas las transacciones con ese servicio y el sistema de pago, y que quite un par de las cosas publicadas en su blog. Ah, y por cierto, no le está permitido revelar cualquier parte de esta conversación, lo que estamos hablando es un secreto”.

¿De verdad cree que su información está segura en manos de las grandes plataformas digitales?, ¿de verdad cree que ellas le darán un uso ‘discreto’ y que no la utilizarán para lucrarse? Afortunado usted si de verdad lo cree así. Para todos los demás, nuestra información está en juego y mientras seguimos haciendo públicos datos otros seguirán ganando por ellos y a nosotros solo nos dejarán nuevos productos y servicios por comprar.

 

¿Usuario o usado?

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Adriana Molano

@amolanor

Diectora de contenidos
Corporación Colombia Digital

Especialista en Comunicación y Cultura de FLACSO; estratega de comunicación para proyectos de apropiación tecnológica en áreas empresariales, sociales y culturales. Es Asesora de Comunicaciones y Contenidos para distintos proyectos de la Corporación Colombia Digital.