¿Ilegibles u obsoletos?

¿Ilegibles u obsoletos?

¿Ilegibles u obsoletos?

Los formatos digitales y su corta proyección a futuro.

En 1977 la NASA envió al espacio una serie de sondas con el propósito de alcanzar los confines del universo, con una proyección de 40.000 años de viaje solo para llegar a la estrella más cercana.

Además de estar dotadas de los elementos de navegación básicos para enrrutarse en su travesía, las sondas Voyager transportan un disco de oro sólido, similar a los de acetato, titulado ‘Los sonidos de la Tierra’, que incluye grabaciones de audio y algunas imágenes, con el propósito de ser ‘leídos’ por cualquier forma de vida inteligente fuera de nuestro planeta que pudiese encontrar esta ‘botella en el océano cósmico’, como denominó Carl Sagan al proyecto.

Esta historia fue presentada por Iván Correa, gerente de la Editorial E-Libros en el Tercer Simposio Nacional de Patrimonio Bibliográfico y Documental, como parte de su reflexión sobre la validez de los formatos digitales y su proyección en el tiempo.

Siguiendo con el cuento, los discos del Voyager salieron de la Tierra hace más de treinta años y aun hoy son legibles; sin embargo, un casete de audio, un disquete y hasta un CD en la actualidad son prácticamente reliquias que ya no son funcionales.

Hablamos de que los formatos digitales se hacen ilegibles y obsoletos.

La obsolescencia programada es un concepto bien conocido y desarrollado por la industria mundial, que se basa en hacer productos de calidad que solo duren por un tiempo determinado, de modo que los consumidores se vean obligados a reemplazarlos por otros nuevos.

En el caso de los formatos digitales resulta contradictorio el proceso. Por una parte se desarrollan los ‘formatos’ propiamente dichos, con el propósito de almacenar, comprimir y permitir la reproducción y circulación de contenidos. El .pdf, .wma, .jpg y tantos otros aparecen y tienen como propósito estandarizar el consumo. Hasta ahí la historia va bien, considerando que al menos aún es posible leer este tipo de archivos.

En paralelo, el acceso a esos contenidos depende directamente del dispositivo físico o virtual que los almacene. Hoy los computadores escasamente incluyen puertos de lectura de USB, y quienes grabaron su tesis, sus primeros proyectos profesionales o sus cartas de amor en discos flexibles de 8” (aquellos cuadrados de color negro, de difícil almacenamiento y baja capacidad), pueden prácticamente olvidarse de sus atesorados archivos porque hoy es casi imposible encontrar la forma de reproducirlos.

El ejemplo de los discos del Voyager se complementaba con la pregunta de un lector: ¿será que el libro físico que me heredó mi abuelo y pasará a mis nietos podrá ser reemplazado por uno en formato digital? La respuesta más probable es que no.

La historia demuestra cómo las formas más ‘básicas’ de tecnología son las que han perdurado por cientos de años, mientras que los formatos digitales, bien por su extensión de archivo o el dispositivo físico que los soporta, están confinados a ser ilegibles cortesía de la obsolescencia.

¿Será que la consigna ya no es ‘digitalice para no perder’ sino ‘imprímalo para no olvidar’?

 

disco voyager

Disco ‘Los sonidos de la Tierra’, imagen tomada de Axxon.

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Adriana Molano

@amolanor

Diectora de contenidos
Corporación Colombia Digital

Especialista en Comunicación y Cultura de FLACSO; estratega de comunicación para proyectos de apropiación tecnológica en áreas empresariales, sociales y culturales. Es Asesora de Comunicaciones y Contenidos para distintos proyectos de la Corporación Colombia Digital.