¿Chuzar a nombre de la seguridad? El debate del año

¿Chuzar a nombre de la seguridad? El debate del año

El debate sobre privacidad ciudadana y seguridad nacional en los Estados Unidos y en el mundo está apenas comenzando.

A raíz de las revelaciones de Edward Snowden, de 28 años, a The Guardian de Londres, según las cuales la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU intercepta las comunicaciones de millones de ciudadanos bajo el pretexto de la protección de la seguridad nacional, las más opuestas posiciones en defensa y en contra, salen a la luz del día.

En la forma más simple, las posiciones extremas se resumen de la siguiente manera:

Los partidarios de la libertad y la privacidad argumentan que, bajo ninguna circunstancia, resulta aceptable que el Estado esté hurgando en la información privada de los ciudadanos comunes. Utilizar la tecnología informática para vigilar el comportamiento de las personas es un abuso que viola la intimidad.

¿Por qué el Estado tiene que estar informado, en países que se supone respetan la libertad, acerca de las preferencias de lecturas, de amistades, de gastos, sexuales y otras que solo le conciernen al individuo? De ahí al abuso, por parte del Estado, hay pocos pasos. Ejemplos históricos, como los de la época del "macartismo" en los Estados Unidos abundan: reducir o suprimir el poder de reales o potenciales opositores políticos.

En el lado contrario, a favor de la vigilancia permanente de parte del Estado, están quienes consideran que se trata de un mal menor al compararlo con los inmensos peligros del terrorismo del estilo 11 de septiembre de 2001 y de las nuevas modalidades de ataques que las mismas tecnologías digitales permiten en la actualidad. Como algunos han dicho en días pasados, se trata de sacrificar algo de libertad a cambio de la protección del orden. El peligro está cerca, como lo demuestran los hechos de la maratón de Boston semanas atrás.

Sin duda, hay serios argumentos a favor de las dos posiciones. De hecho, un reconocido autor en el campo de la globalización digital (y también por sus escritos de geopolítica en el Medio Oriente), Thomas Friedman, plantea en el New York Times (junio 12 de 2013) que la eventualidad de un nuevo 11 de septiembre puede ocurrir en cualquier momento y que el Estado no tiene otra opción que la de utilizar los metadatos para salvaguardar la seguridad.

Dice Friedman que su gran temor no radica en que el Estado escuche conversaciones privadas como lo revela Snowden en la forma en que la Agencia de Seguridad Nacional lo hace en la actualidad. Plantea que su verdadero temor consiste en que, en el momento en que llegase a ocurrir un atentado terrorista de envergadura en los Estados Unidos, los llamados halcones, los de la política dura, impondrían, ahí sí, un verdadero regimen de terror basado en la intromisión permanente de las comunicaciones de los ciudadanos. Ello ocurriría con la complacencia de la mayoría de la ciudadanía que, en busca de protección, aceptaría tal ingerencia.

El debate seguirá. Es probable que Obama sufra un desgaste inusitado por cuenta de las actividades de la Agencia de Seguridad Nacional. Hay que examinar, sin embargo, experiencias en países como Colombia en los que acciones como las llamadas "chuzadas" de algunos años atrás, por parte de organismos como el DAS, se convirtieron en inaceptables abusos que incluían no solo la escucha de lo privado, sino campañas de desprestigio a opositores políticos.

El riesgo del abuso por parte de quienes tengan el poder de acceso a la información privada es enorme. Cualquier política de protección de la seguridad debería aplicarse con el conocimiento y aceptación de la ciudadanía.

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Rafael Orduz

Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Gottingen en Alemania Federal. Académico y analista económico y de tendencias digitales, se ha desempeñado como Presiente de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y Viceministro de Educación. Fue Director Ejecutivo de la Corporación Colombia Digital.