¿Qué pueden aprender las universidades de los MOOC?

¿Qué pueden aprender las universidades de los MOOC?

¿Qué pueden aprender las universidades de los MOOC?

¿Por qué instituciones tradicionales como Harvard y Stanford están invirtiendo en cursos masivos abiertos en red (MOOC) que hasta hace poco generaban escepticismo? Una de sus principales motivaciones es lo que pueden aprender para aplicar en sus campus presenciales.

A mi modo de ver, el futuro de la educación está en el balance entre los encuentros personales y los contenidos virtuales. Pero lo que se puede aprender de los MOOC va mucho más allá de encontrar ese punto medio entre lo presencial y lo virtual; los MOOC surgieron como respuesta a los nuevos paradigmas que caracterizan a la Sociedad del Conocimiento y representan una nueva forma de aprender en la era de la abundancia de información y del conocimiento distribuido, donde las redes juegan un papel fundamental.

Contrario a lo que muchos creen, la inversión en MOOC no es menor, su sostenibilidad no está garantizada, y mantener estándares de calidad en la virtualidad no es necesariamente más económico que hacerlo en los cursos presenciales. Las universidades que están invirtiendo sumas millonarias y tiempo considerable de personal especializado, más allá de querer participar en tendencias de moda, lo hacen porque entienden el valor de los MOOC para encontrar fórmulas efectivas para enriquecer el proceso de aprendizaje, de sus estudiantes y docentes, con el uso de TIC.

Por esta razón considero problemático que muchas universidades latinoamericanas no le estén poniendo suficiente atención a los MOOC con la excusa de que su fuerte es la educación presencial, o que los contemplen solamente en el contexto de la virtualidad. En un sondeo reciente de MOOC alrededor del mundo llama la atención la mínima participación de América Latina en comparación con otras regiones.

Aunque mucho se ha escrito sobre los MOOC cabe recordar sus atributos. Además de lo que describen las palabras que forman su acrónimo, un curso masivo abierto en red se caracteriza por ser participativo. Es una forma de aprender en un mundo interconectado, un evento en torno al cual las personas que tienen interés en un tema se reúnen a trabajar alrededor del mismo de manera estructurada; los participantes interactúan con el material del curso, con otros alumnos y con contenidos relacionados que encuentran en Internet, creando conexiones entre las ideas y a su vez redes con otras personas. Todo lo anterior lo hacen a pesar de converger en un espacio virtual.

Un MOOC también es distribuido. La gente está dispersa y los datos relevantes pueden estar en videos, foros, blogs, redes sociales y otros sitios adicionales a los que tienen el contenido principal; no hay un orden predeterminado para navegarlos, sino varias formas alternativas de abordarlos. Tan importante ¡o más! como adquirir conocimientos es darle sentido a la información, ponerla en contexto, y entender su significado. Para esto se cuenta con las múltiples perspectivas de los copartícipes. En otras palabras, acceder a MOOC es también desarrollar competencias del siglo XXI.

No sobra aclarar que la palabra abierto, en este caso, no solo quiere decir que cualquiera puede ingresar y que los contenidos se comparten en público, sino que implica que el curso es gratis.

Aunque los MOOC son un fenómeno reciente, el hecho de ser masivos permite empezar a detectar algunas tendencias de su comportamiento. Con el apoyo de la National Science Foundation de Estados Unidos, un grupo de investigadores de Harvard y MIT está procesando 230 millones de interacciones que tuvieron los estudiantes con la plataforma desarrollada para EdX.

Un hallazgo, tal vez no sorprendente, es que el interés viene de todas partes del mundo. Por ejemplo, en el primer curso que abrió EdX, sobre circuitos y electrónica, se matricularon personas de 194 países; el cuarto país en cantidad de inscritos fue Colombia con 5.900 detrás de Estados Unidos (26.333), India (13.044) y el Reino Unido (8.430).

El inglés no parece disuadir a los interesados, quienes gravitan a foros en su idioma nativo. En un curso sobre aprendizaje creativo que abrió al público el Media Lab de MIT a comienzos de 2013 se formaron espontáneamente grupos en español, ruso, portugués, italiano y otros idiomas para darse apoyo mutuo. En MOOCs, donde han preguntado por la edad, han encontrado participantes que van desde adolescentes hasta mayores de 70 años. En el estudio de EdX la edad es independiente de los logros de los estudiantes.

Curiosamente el recurso más utilizado en el curso de circuitos y electrónica -por encima de los videos, el libro gratuito, los tutoriales y el wiki- fue el foro que era completamente opcional. Su uso estuvo altamente correlacionado con la obtención de certificación: de los que completaron el curso más del 50% participaron en las discusiones, comparado con solo el 3% del total de inscritos.   

Tal vez el dato más frustrante de los MOOC es el alto porcentaje de deserción. De los 155.000 que se inscribieron en el primer curso de EdX solamente obtuvieron un certificado 7.100. Para los MOOC que reportan el porcentaje de los que terminan el curso, el promedio no supera el 10%. En contraste, el hallazgo más alentador es que muchos de los lazos que se crean persisten después de que termina el curso en comunidades en línea que continúan debatiendo y compartiendo recursos alrededor del tema indefinidamente(i).

Este último es un ejemplo contundente de lo que las universidades podrían comenzar a aplicar. En la última década se ha puesto de moda en Latinoamérica cultivar relaciones con los egresados de la misma forma que lo hacen las tradicionales universidades anglosajonas. Podría ser mucho más eficiente aprender de los MOOC cómo mantener los vínculos inmediatamente después de tomar los cursos, que tratar de formarlos 10, 15 y 20 años más tarde.

En un futuro no muy lejano tendremos análisis más profundos que ayuden a responder preguntas como qué tipo de representaciones de conceptos y fenómenos son más conducentes a que los estudiantes comprendan su complejidad. También habrá herramientas que automaticen algunas de las acciones que hoy en día consumen tiempo de los docentes, como calificaciones de exámenes, creando más oportunidades para la interacción personal.

La controversia sobre los MOOC está vigente y la forma cómo van a impactar la educación aún está por verse, pero pocos dudan que va a tener algún efecto y lo mejor es estar preparados.

 

 

 


i. Ver la comunidad en Google+ y la cuenta de Twitter del curso Learning Creative Learning

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Patricia Díaz

@patdiaz

Maestría en Tecnología, Innovación y Educación, Harvard. Experta en el diseño, implementación y evaluación de entornos de aprendizaje con tecnologías emergentes para promover competencias del siglo XXI. Fundadora de Musintec