Internet libera y también crea adictos

Internet libera y también crea adictos

Sin duda, Internet permite a individuos, comunidades y organizaciones el ejercicio de un tipo de poder del que jamás habían dispuesto.

La posibilidad de incidir en incontables asuntos de la vida social y económica no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Individuos de cualquier parte del mundo pueden influir en los hechos políticos de sus regiones o pueden defender su pertenencia a grupos étnicos, raciales o religiosos y los correspondientes principios.

Empresas pequeñas pueden mercadear y colocar sus productos y servicios en la aldea global mediante cambios en los modelos de negocios facilitados por las nuevas tecnologías de la información.

El Estado, por su parte, también se ha vuelto todopoderoso, con la capacidad de entrometerse en los asuntos privados de la ciudadanía. Dicha tensión, entre individuos con mayor poder, por un lado, y Estados que los controlan, por otro, se ilustra en nuestros días a través de los casos Snowden y Assange.

Sin embargo, existe un lado oscuro asociado con el uso de Internet, a saber, la generación de comportamientos adictivos de parte de muchos de sus usuarios. Las amenazas no son triviales: desde la suspensión de la comunicación cotidiana (piénsese en la escena, cada vez más frecuente, de una pareja con hijos adolescentes en un restaurante y cada uno de los miembros del clan ensimismado con su "smart phone"), hasta los accidentes de tránsito (el conductor que marca un número telefónico con el vehículo en marcha o que revisa sus "tweets").

Más allá de los efectos del comportamiento adictivo subyace un hecho que parecería trivial: la necesidad de tener la mente "ocupada", lo que representa la imposibilidad práctica de prestar atención a lo que se realiza. Por ejemplo, conducir, o cenar, o participar activamente en una reunión de trabajo.

En el caso de los jóvenes, los mayores usuarios de Internet, hay naciones, como Corea del Sur y Taiwan, en las que se considera que la adicción a la Web representa un problema de salud pública. Los datos que alcanzan a recoger diversos estudios sobre esta problemática arrojan preocupantes saldos. Según Goleman*, alrededor del 8% de los chicos entre 8 y 18 años que dedican tiempo a videojuegos en los Estados Unidos padecen, desde el punto de vista del diagnóstico siquiátrico, de adicción. Los cambios cerebrales que se producen resultan similares a los que se registran en drogadictos y alcohólicos.

En países desarrollados se estima que los jóvenes de 21 años tienen, tras de sí, 10.000 horas de práctica en videojuego, cifra que representa toda una carrera de 10 semestres y estudios de magister**.

Las implicaciones de los comportamientos adictivos alrededor de Internet para la sociedad en su conjunto son incalculables, amén de las consecuencias para individuos. Una de fondo es la relacionada con la incapacidad de leer y redactar textos, ni qué decir de preparar trabajos escritos, que afecta a individuos y cuerpos sociales.

Internet debe aprovecharse de forma constructiva. Las mejores universidades del mundo están al alcance de cualquiera por la vía de los MOOC (cursos libres abiertos en línea). La participación ciudadana (incluyendo la protesta) para realizar seguimiento a la ejecución de políticas públicas y, de paso, a los políticos, es posible por Internet. El individuo puede enriquecer a la comunidad con sus escritos o propuestas. Las empresas, incluyendo las pequeñas, pueden hacerse globales. Lo que no tiene sentido es diluir la atención a lo que realizamos y deteriorar nuestra capacidad de aprendizaje.

De ahí que sea crucial que todos revisemos qué tanto estamos desarrollando patrones adictivos, qué tanto estamos concentrándonos en nuestras tareas. En fin, qué tanto aprovechamos Internet en beneficio nuestro y de la sociedad.

 

*Daniel Goleman, Focus, The Hidden Driver of Excellence, 2013.
**Videogames, responsive for cognitive decay

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Rafael Orduz

Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Gottingen en Alemania Federal. Académico y analista económico y de tendencias digitales, se ha desempeñado como Presiente de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y Viceministro de Educación. Fue Director Ejecutivo de la Corporación Colombia Digital.