TIC para los campesinos pobres

TIC para los campesinos pobres

¿De qué manera los pequeños productores y campesinos pueden aprovechar las nuevas tecnologías y convertirlas en sus aliadas?

 

Las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) pueden jugar un papel crucial en la reducción de la pobreza, el mejoramiento de la equidad y el aumento de la productividad en zonas rurales  consideradas “atrasadas” y de bajo ingreso.

El movimiento social ocurrido en Colombia en el mes de septiembre del año en curso, a diferencia de protestas y manifestaciones en países de desarrollo similar, como Brasil y Turquía, tuvo un sabor eminentemente campesino. A pesar de las resonancias urbanas, fueron labriegos de Boyacá, Nariño y Cundinamarca, entre otras regiones, quienes protestaron durante más de una semana, bloqueando vías nacionales  y, así, llamando la atención acerca de su situación de pobreza. Insumos costosos, competencia desleal y, por ende, escasos ingresos, fueron algunas de las quejas de los campesinos.

Detrás de ello hay más: inequidad de género, trabajo infantil, altas tasas de deserción escolar, tasa de mortalidad mayor a la de las ciudades, deficiente acceso a servicios públicos, son solo algunas de las situaciones que los habitantes del campo enfrentan.

Al Gobierno Nacional le ha faltado imaginación para plantear propuestas que mejoren el bienestar de los campesinos. Una de ellas podría ser la de promover el uso de las TIC en la vida social y económica del campo. Ello puede jugar un papel democratizador  del acceso a la información en general y, en particular, en la eliminación de costos de transacción, haciendo más productiva la economía campesina.

 Algunas ideas centrales de lo que podría ser una propuesta TIC para el campo son las siguientes:

 

Producción, distribución y consumo

Como se sabe una forma de concebir el ciclo económico es la del circuito entre producción, distribución y consumo. Los campesinos pobres, productores de múltiples productos de la canasta familiar, dependen, en alto grado de cadenas de intermediación. En general, son los productores quienes reciben la parte más pequeña de la remuneración. Ello ocurre, en realidad, por grandes asimetrías en los que se podría denominar la cadena de información.

Una de las características de las TIC radica, justamente, en la posibilidad de simplificar las relaciones que existen entre producción, distribución y consumo. La reducción de costos de transacción (que, en realidad, se puede traducir como reducción del papel de los intermediarios) puede conducir a otorgar un papel mayor a los campesinos productores en la cadena de suministro, a la vez que contribuir a la oferta de precios menores al consumidor final.

Pueden presentarse distintas formas de uso de las TIC. La básica, utilizada en todos los continentes y que ha jugado un papel “redentor” es el uso de los teléfonos móviles.

Aspectos como el acceso a la información meteorológica, a los precios de los insumos, a los mayoristas y al detal de los diversos productos colocados en las ciudades pueden cambiar el poder de negociación de los campesinos.

Es claro que resulta deseable algún tipo de organización cooperativa campesina que les permita poder negociar frente a compradores, por un lado, y proveedores de insumos, por otro.

En determinadas zonas, el Gobierno puede promover e impulsar la creación de telecentros en veredas  cuyo uso central se oriente a la información de oferta y demanda y la correspondiente movilización de logística para colocar productos en mercados determinados en función de pedidos en línea (o diagnósticos de demanda). Telecentros de tal tipo pueden asociarse a portales que movilicen colocación de productos por demanda.

A manera de simple ejemplo ¿por qué no pensar en que productores de cuyes de Ipiales (Nariño) puedan recibir pedidos en línea y colocarlos a miembros de la colonia pastusa en Bogotá o Barranquilla? Es claro que más allá de casuística como la anterior, una demanda que pueda ser movilizada por Internet ayudaría a racionalizar los ciclos de producción de múltiples productos de demanda masiva, racionalizando y abaratando los costos asociados a los eslabones de la distribución y el consumo.

Es obvio que el uso de las TIC en tales contextos requiere de procesos veloces de capacitación a líderes campesinos. También, eventualmente, de la creación de aplicativos específicos en sistemas operativos móviles que conduzcan a la colocación de pedidos en línea.

 

Democratización

El uso de las nuevas tecnologías en contextos como el anterior tiene efectos multiplicadores. Uno de ellos se refiere al mejoramiento de las condiciones en la equidad de género. En la medida en que la economía campesina está sustentada en el trabajo de hombres y mujeres, un efecto de primera importancia se refiere a la incorporación de las mujeres en el uso de móviles y otros dispositivos.

Prácticamente, de manera casi automática, mujeres con mejor acceso a la información ingresan por la vía de las TIC a otros espacios de inmensas posibilidades en el mejoramiento de la calidad de vida. Salud, educación, relaciones con el gobierno, bienestar familiar, entre otros aspectos, son ámbitos acerca de los cuales la información de las mujeres puede reflejarse en prácticas y aprovechamiento de oportunidades para los hijos y la familia en general antes desconocidas en los hogares campesinos.

Resulta sensato suponer que campesinos mejor informados y con mayor poder de negociación cuenten con mejores bases en sus relaciones con el mundo de la política. Las campañas tradicionales, basadas en ideologías caducas o en “regalos”  ocasionales de parte de los diversos políticos candidatos a Congreso, concejos, alcaldías y gobernaciones tendrán que replantearse.

Las consecuencias, en suma, son parte de las que una Sociedad del Conocimiento requiere: ciudadanos informados, democráticos y productivos.

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Rafael Orduz

Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Gottingen en Alemania Federal. Académico y analista económico y de tendencias digitales, se ha desempeñado como Presiente de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y Viceministro de Educación. Fue Director Ejecutivo de la Corporación Colombia Digital.