Las fidelidades digitales

Las fidelidades digitales

Las fidelidades digitales

¿Ser fieles a quién o a qué en la era de las redes sociales?

El valor más extraño del siglo XXI es la fidelidad/infidelidad. Este se ha convertido en un valor que todos pregonan para romperlo inmediatamente. Y es que ni la publicidad ni el mercado ni la política venden la fidelidad como valor sino que, en cambio, promueven que para ser felices y exitosos hay que ser infieles.

Los únicos predicantes de la fidelidad que nos quedan son la religión por miedo a dios, la salud por miedo al SIDA y las enfermedades de trasmisión sexual y las marcas que busca que sus consumidores se queden con ellas.

La fidelidad es una práctica sana en una sociedad donde queremos volver a creer en algo, por eso se propone fidelidad a la madre naturaleza, a las prácticas ancestrales, a la comida orgánica, al buen vivir. Pero existe el terror llamado Internet, que aparece en formas de teléfono celular o redes digitales: allí habita el demonio, allí todos son o pueden ser infieles en potencia. Y es que para ser infieles sin culpa llegó el Internet, las redes digitales y las aplicaciones de celular inteligente. ¿Será inteligente?

 

REDES FIELES

Los usuarios digitales son infieles por naturaleza porque van amando cada nueva aplicación o plataforma o aparato. Antes fieles a Nokia, luego a BlackBerry, ahora a Apple. Antes fieles a Messenger, luego al chat, ahora a Whatsapp o Wechat. Antes fieles a Myspace, luego a Second Life. Antes Hotmail, luego Yahoo!, ahora Google. La fidelidad dura hasta que aparezca una nueva seducción. Y si le aplicamos el régimen valorativo de fidelidad a las redes digitales, tendríamos un acelerado ritmo de intercambio entre los objetos del deseo.

Whatsapp es la red del jugueteo y la seducción, un vínculo ahí puede durar toda una vida porque mantiene la relación en calorcito bajo ya que hace sonreír y posibilita jugar a fidelidades diversas: mientras me ‘guasapié’ existe el cariñito. Whatsapp es el lugar donde es posible tener muchas infidelidades fieles.

Facebook es la red más fiel, allí no se puede mentir sobre el estado de la relación, el otro o la otra mira y juzga, por eso es la que más produce celos: en el muro se pueden ver los coqueteos extraños. Al final del día esta red es la que más expone públicamente a las infidelidades, ahí aparecen tentaciones amistosas del pasado y el futuro. Facebook por ser tan pública es la red inagotable de separaciones.

Skype es amorosa por el verse. Puede hacer que una relación sea permanente y parezca perfecta y encantadora. Hace sentir la fidelidad eterna. El verse en vivo y en directo hace que la gestualidad propia del cara a cara sea la base de la comunicación. Skype te hace creer en tener una relación: el verse las caras no miente.

 

Aplicaciones infieles

Pero si las redes de amistad, diálogo, verse y palabrearse son más propensas a la fidelidad con toques infieles, otras aplicaciones para celular inteligente proponen como estilo de vida las infidelidades.

Tinder es GPS (mapa y buscador) del sexo casual y lo describen como “una forma divertida de conectar con gente nueva e interesante a tu alrededor. Arrastra hacia la derecha si la persona te gusta o hacia la izquierda para pasar”. Sexo casual que se consigue con solo andar por ahí. Te pones disponible y si la atracción existe la aplicación se lo notifica a ambos. Un mundo de relaciones ágiles, sin rodeos, instantáneas y sin culpa.

Grindr es la red más exitosa de contactos sexuales por Internet. Supera los cuatro millones de abonados y fue creada para público homosexual. El mundo de las otras sexualidades busca otro espacio más allá del vigilado por la moral conservadora para engancharse a la vida, y esta aplicación libera de la mirada morbosa o moral para ganar la posibilidad de existir en el gusto y sabor del ser de otra sexualidad.

Bang With Friends funciona con Facebook y es la más solicitada entre heterosexuales, con 30 mil descargas y 10 mil emparejamientos en 2013. Lo único que tiene que hacer el usuario de esta app es recorrer la lista de amigas o amigos que tengas en el celular y marcar a aquellos con quienes quiere acostarse. Bueno, ellos y ellas deben tener la aplicación para recibir la invitación…, luego es ver si sí o si no. Todo un atrevimiento honesto, una propuesta de fiel deseo e infiel amistad.

 

La webPORNOGRAFÍA

Y donde ya no se es fiel ni infiel sino gozoso del cuerpo y el sexo es en la pornografía, y para eso está el Internet. La pornografía es la resistencia al saber Cosmopolitan y el control de la subjetividad por el saber Play Boy. Y ambos, Internet y pornografía, tienen una promesa básica común: cada cual pude gozar con lo que tiene y puede. Por eso aquello de la búsqueda de sexo por Internet no es extraño, es el primer uso y negocio de la red.

{quote}

Online MBA cuenta que el 12% de los sitios webs que hay en Internet son pornográficos. El 25% de las búsquedas están relacionadas con contenidos XXX y el 35% de las descargas también. El volumen del negocio de la pornografía es tal que solo en Estados Unidos esta industria mueve unos 2.500 millones de euros al año. En todo el mundo la cifra asciende a unos 4.000 millones de euros. Al menos el 70% de los hombres entre 18 y 24 años miran páginas de contenido sexual una vez al mes. Además, el promedio de tiempo de las visitas a estas webs oscila entre 6 minutos y 29 minutos.

El dato preocupante es que cada día se hacen 116.000 búsquedas relacionadas con la pornografía infantil. Y ahí aparece la perversión que habita descontroladamente al Internet: un espacio sin territorio ni tiempo donde la sociedad expone sus peores conductas y aberraciones. Y por eso se entiende que la pornografía infantil sea el peligro que más asusta del Internet y se comprende que los niños sean el motivo para que existan mayores controles de la red y que sea necesaria la educación de los ciberciudadanos. En nombre de cuidar a los niños y al amor triunfan los mecanismos de control digital. Hay que regular dicen los más moralistas; hay que luchar contra los abusadores moralizan los políticos; hay que estar en guardia contra la deshumanización de la sociedad gritan los bienpensantes. ¡Solo que la enferma es la sociedad no el Internet! O tal vez es al revés, y sea el Internet el que ha permitido que la sociedad tenga más conciencia de la perversidad que nos habita.

 

Entonces...

El Internet no es para fieles, pero es que eso de la fidelidad, el amor o el sexo en la red no es el asunto: ahí debemos ser infieles, la infidelidad está en la base comunicativa y cultural del Internet. Y es que en Internet todos podemos hacer creer una cosa cuando somos otros; por eso el Internet y las redes digitales son infieles, porque te hacen creer de todo: y creer es tener fidelidades.

Lo cierto es que el Internet ha puesto de moda otros modos de relacionarnos y ser fieles como sociedad: nos gusta tener relaciones ‘internetizadas’ (¡somos fieles al Internet, a los aparatos, a las redes, a las aplicaciones…, en general, y no a una en particular!); nos fascina la posibilidad de coquetear, seducir, encantar y jugar a lo emocional en la red. Y aquí, en esta ‘tecnologización’ de la emoción hay que comenzar a pensar no en lo moral o lo verdadero o lo puro o lo válido, sino en qué nos hemos convertido como sociedad.

Estamos llegando a la sociedad ‘tecnologizada’ de los afectos: somos sentimentales a través de dispositivos. Somos una sociedad que vive sus emociones virtualmente, que está aprendiendo a vivir en ese espacio donde somos reales pero imaginarios: un ser que habita un no-tiempo. Una nueva sociedad que nos asusta y fascina en simultáneo y nos lleva a pensar que ya no hay vuelta atrás, o mejor que de esto es que va el futuro.

Una sociedad que ha desaprendido la convivencia real y se habitúa a existir y emocionarse tecnológicamente. Ni malo ni bueno, es lo que somos: una sociedad que nos vende ser seducidos y seductores todo el tiempo, que nos dice que quien no tiene amigos o juega a estar en relación es un pecador de la felicidad. Tal vez, siempre ha sido así, solo que hoy nuestras subjetividades se han ‘tecnologizado’ en formas y modos inéditos: nos tocó una época de seducción - tecnología infinita. Eso es lo mejor de la red, el Internet y las aplicaciones para desear y ser deseados. Habitamos tecnologías que nos otorgan pequeñas glorias de felicidad y millones de soledades acompañadas.

Debemos dejar de pensar que todo está mal o bien y aceptar que nos tocó la sociedad del existir en Internet-redes-aplicaciones. Y que estas son un nuevo espacio-tiempo uno tal vez más seguro porque nos permite ser y existir desde nuestra cama e intimidad, y tal vez más feliz porque todo consiste en producir muchos ‘likes’ o clics o ‘followers’. Somos la sociedad feliz del vivir en Internet.

Tal vez, dice Daiana, ¿por qué oponer la afectividad virtual a la real? Tal vez, las fidelidades/infidelidades se potencian en la web, en ambos sentidos..., lo virtual no es menos real

Tal vez debamos, de vez en cuando, desconectarnos y darnos abrazos de verdad, vivir los tiempos lentos y saborear el aburrimiento. Tal vez debamos ser infieles al Internet, las redes y los celulares inteligentes para ser fieles con nuestros afectos, cariños y querencias. Tal vez…, digo yo.

Visto 3976 veces
Omar Rincón

Periodista, académico y ensayista colombiano en temas de periodismo, medios, culturas digitales y comunicación política. Director de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes (Colombia), analista de medios para el diario El Tiempo y consultor en comunicación para la Fundación Friedrich Ebert, Latinoamérica. Autor de los ensayos: ‘Los colombianos TAL como somos’, Brasil, tal.tv, 2007; ‘Narrativas mediáticas o como cuenta la sociedad del entretenimiento’; Barcelona, Gedisa, 2006;  ‘Televisión Pública: del consumidor al ciudadano’, Buenos Aires, La Crujía, 2005; ‘Televisión, video y subjetividad’, Buenos Aires, Norma, 2002.