De la nación lectora a la nación expresiva

De la nación lectora a la nación expresiva

De la nación lectora a la nación expresiva

El libro digital y la producción multimedia como elemento transformador de la educación en el sigo XXI.

Y primero fue el libro, y el libro se convirtió en fe y tarea, en religión y escuela. Y el pueblo seguía oralizando. Pero llegó el siglo XXI y el libro se multiplicó en formatos y puso en crisis a ese objeto de papel. Y así estallaron las formas de leer y se diversificaron los modos de escribir-expresar. El resultado es que asistimos a la crisis de la industria editorial de papel pero al estallido de las publicaciones digitales: estamos abandonando la nación lectora para pasar la nación escritora.

 

La nación lectora

Y primero fue dios, y se hizo verbo, y el verbo se encarnó en libro. Y este se convirtió en 'el libro'. El único, donde todo está: los católicos lo llamamos Biblia, los mulsumanes Corán. Y ahí, en 'ese libro', está toda la verdad. Solo harás lo que 'el libro' dice. Y no habrá más libros. Y 'el libro' tendrá unos intérpretes legítimos que no serán el pueblo sino los monjes y sabios de la fe.

Y así fue hasta que llegó la imprenta del señor Gutenberg y lo cambió todo. Ya el libro dejó de estar en manos de los sabios y se popularizó, fue al pueblo y lo convirtió en lector. Y así, todos nos convertimos en lectores, luego competentes para la fe escritural. Y luego vinieron otras fes como la literatura, la historia, la filosofía y cada vez más fuimos más los lectores y los ilustrados.

El resultado de la fe en la lectura afirma que la sociedad moderna es la ciudad o nación letrada (o la nación o ciudad que lee). Y esto sigue, en el 2013, en un país llamado Colombia, el Ministerio de Cultura sigue promoviendo la nación lectora e invirtió el 35% de su presupuesto en libros. 'Hay que leer' es el imperativo cultural. 'La lectura nos hará buenos' es la fe. 'Una nación que lee, no mata' afirman los que leen. Y por eso toda la educación consiste en hacernos lectores. Hacer tareas es leer libros. Investigar es leer libros. Crear es leer libros. Educar es leer libros.

 

La nación oralizada

En paralelo está el pueblo, ese que no lee, sino que oraliza y cuenta para existir en diversidad de relatos y fes. Vaya paradoja: el libro que está escrito como la verdad narra oralmente, sus historias fueron orales, el libro solo las registró, y en esa oralidad habita su potencia, y por ser orales y narradoras resisten los tiempos y resisten todas las interpretaciones y fes.

El mal de ojo de la lectura está en que leer libros está asociado a las tareas, a lo aburrido, a lo obligado, a lo escolar, poco o nada al expresarse. Y al pueblo le gusta su libertad narrativa, encuentra placer en palabrear la vida cotidiana, produce goce en contar sus historias locales, narra para encontrar un lugar en el mundo. El pueblo se resiste a la soledad de la lectura porque busca la compañía del que cuenta: el calor de la narración oralizada.

El otro asunto es que la evangelización del leer que promueve la fe en la lectura no viene acompañada de promesas de escrituras, de contar, de existir en el relato: promete solo el habitar los textos de otros. La negación del 'leer para escribir', ya que solo importa leer, le ha hecho mucho daño a la lectura porque solo privilegia una acción de la ecuación: el leer, mientras el lado expresivo que es el de la escritura se le deja a los sumos sacerdotes. Entonces, los ciudadanos huyen en el oralizar, el contar desde uno mismo y entre todos como modo para habitar los textos de uno. Y de eso es que hablan las culturas digitales, de nuevos modos de escribir, unos más oral-visuales que letrados.

 

La nación digital

Llegó el siglo XXI y pasaron muchas cosas que transformaron la industria editorial y los conceptos de lectura y escritura.

El libro de papel se volvió anti-ecológico (la nueva religión es el medio ambiente) y jurásico (pertenece a los tiempos de cuando no había Internet o plataformas digitales). Las publicaciones se multiplicaron en especies: hoy se consiguen fácilmente en Internet libros de los viejos (igualitos a los de papel) y de los nuevos (diseñados para las pantallas, las navegaciones y las interacciones).

Se transformó el concepto de lectura. Esta dejó de ser una acción lineal para convertirse en una actividad hipertextual de conexiones y secuencias: 'ya no se lee, se escanea', dicen los más creyentes.

El pueblo decidió contar (y escribir) y se pasó al lado de los que expresan y cuentan. Y lo hacen en forma oral-visual. La verdad es que el tiempo que gastábamos en leer ahora lo invertimos en escribir. No importa qué, pero se escribe más que nunca. Y se escribe de muchas formas: en blogs, en videos, en aplicaciones, en Whatsapp, en Facebook, en Instagran, en Vine, en video juegos, en papel, en camisetas, en grafitis…, se escribe de muchas y diversas formas y, por tanto, se lee de miles de formas.

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Por fin se lee para escribir, ya no somos solo de un solo lado de la ecuación, somos toda la fórmula: lectores-escritores-lectores-narradores oral-visuales. Y todo es posible porque las culturas digitales lo permiten, posibilitan y promueven, todos devenimos productores de nuestros textos, imágenes y relatos.

Y en esta nación digital la industria editorial está en crisis, el papel ya no es el soporte, el comprar libros ya no es el negocio, el escribir como sacerdotes para fieles ya no es la acción comunicativa. La nación lectora y la industria editorial se quedó como un bello objeto y memoria del siglo XX. Uno que adoramos y amamos: la fe en los libros sobrevivirá en libros-objeto que sean toda una obra en sí mismos: en su diseño, en su letra, en su bella forma de antes. Ahora es el tiempo de lo digital.

 

La liberación del conocimiento

La gran preocupación de la industria editorial no es que la gente lea, sino que los ciudadanos compren libros. En la cultura digital, los lectores no compran pero leen más porque se publica más en múltiples plataformas y formas, estallan las lecturas: ahora se lee libros electrónicos, PDFs, páginas, blogs, sistemas de mensajería, redes sociales, catálogos de imágenes …, y se lee videos, videojuegos, aplicaciones, mapas, infografías. El primer gran cambio es que se lee más, mucho más, pero se lee distinto y se lee más que libros.

En este estallido de las publicaciones y las lecturas, la gran ganadora es la educación: lo que antes estaba en las bibliotecas o era propiedad de los profesores, ahora está disponible para todos los ciudadanos. El conocimiento se libera del libro y se hace público, está ahí para producir nuevas relaciones, nuevos encuentros, nuevas maneras de estar en el mundo. La educación gana en información disponible.

Pero, ahí es donde aparece el nuevo rol del maestro que debe ser de curador o catador de informaciones, que gestiona links y contenidos para producir experiencias donde los estudiantes produzcan sus saberes. Por ahora, Google sabe más que los maestros, sabe buscar-conectar-linkear mejor que los maestros.

El conocimiento se liberó pero la educación sigue presa del libro y el maestro: ellos deciden las tareas, las lecturas, las obediencias como aprendizajes. Sin embargo, los estudiantes hacen las tareas, las lecturas y los aprendizajes siguiendo a Google y no al maestro.

 

La liberación de la educación

En tiempos digitales la educación por fin se puede liberar del libro (de dios y de las tareas). Ya no hay un libro, todo está en la red, la información existe en múltiples soportes, el conocimiento se convierte en acción de secuencias y conexiones, el maestro deviene en conector y productor de experiencias de escrituras.

Antes el saber era de los que tenían libros (o sea, de quienes podían comprarlos, este era el asunto). Ahora es de quien sabe navegar, crear secuencia, relacionar ideas, profundizar intuiciones. Antes el conocimiento era propiedad de quien compraba y leía primero, ahora es de quien navega, linkea y comparte mejor, ya no es un asunto de billete sino de saber y practicar en la red.

La educación deja atrás la nación letrada donde lo importante era enseñar a leer y pasa a la nación digital donde lo importante es leer para crear secuencia, leer como forma de enlace, leer para establecer relaciones nuevas, escribir de nuevo en diversas plataformas y producir saber entre todos.

Antes lo que sabíamos, lo sabían los lectores y maestros; ahora en las culturas digitales, lo que sabemos lo sabemos entre todos. Así la educación deja esa obsesión por formar lectores-obedientes, y por fin puede pasar a formar escritores-activistas: sujetos que se expresan y cuentan, ciudadanos que producen su conocimiento, comunidades que habitan la información global para producir el saber local.

Todo esto en teoría, nos falta hacerlo experiencia y práctica, pasar del discurso a la acción, y dependemos para esto de la institución escolar y los maestros. La nube se mueve, la niebla promete, los jóvenes y niños están ahí haciéndolo, yendo más allá de la institución escolar y los maestros. La nube se mueve, la niebla digital existe, la educación se libera.

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Omar Rincón

Periodista, académico y ensayista colombiano en temas de periodismo, medios, culturas digitales y comunicación política. Director de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes (Colombia), analista de medios para el diario El Tiempo y consultor en comunicación para la Fundación Friedrich Ebert, Latinoamérica. Autor de los ensayos: ‘Los colombianos TAL como somos’, Brasil, tal.tv, 2007; ‘Narrativas mediáticas o como cuenta la sociedad del entretenimiento’; Barcelona, Gedisa, 2006;  ‘Televisión Pública: del consumidor al ciudadano’, Buenos Aires, La Crujía, 2005; ‘Televisión, video y subjetividad’, Buenos Aires, Norma, 2002.