De mapas y de territorios

De mapas y de territorios

De mapas y de territorios

Nuevas geografías y el cambio de la mirada gracias a la tecnología y la política.

Sabemos que el mapa no es el territorio (Korzybski), pero también sabemos que la expresión "dime como mapeas (como construyes mapas) y te diré quién eres" no es menos sensata y cierta.

Queda claro cuando nos enfrentamos al siguiente mapa, que da lugar a una nueva cartografía, que estamos invitados a pensar sobre uno de los fenómenos más complejos y aterradores que vivimos hoy en día: la guerra jihadista. El mapa nos permite hacerlo de un modo inesperado, ayudando de paso a entender por qué el área de operaciones militares del Ejército Islámico se ha expandido hasta un punto que parecía imposible hace tan solo unos años.

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Como bien dice David de Ugarte (2014), los mapas son constructos culturales, formas de relatar que condicionan la forma en que vemos la realidad y cómo nos vemos en ella. La forma contemporánea del mapa, en la raíz misma del nacionalismo decimonónico, proyecta el ideal de la unión de territorio y destino colectivo. El mapa contemporáneo es una representación ‘política’ del Estado y sus aspiraciones.

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Durante la primera etapa de emergencia del ‘Estado Islámico de Iraq y el Levante - EIIL’, el tipo de mapas que usaban los medios reproducían esta misma forma de representación cartográfica que reforzaban la idea de ‘Estado’ con la que el grupo jihadista adornaba su nombre, asociándolo a la idea nacional de Estado. 

 

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Pero, paradójicamente, los mapas que la propaganda del EIIL mostraba eran mucho más estilizados, enfatizando mucho menos el territorio que el control de las vías de comunicación y el agua.

Esta estilización – a contracorriente de la representación cartográfica europea – insistía en el hecho de que las fronteras no son tales, de que la gente vive en ciudades y pueblos que se comunican mediante caminos. Que solo puede consolidar un poder el que puede moverse entre ellas porque controla los caminos. Controlar la movilidad, y con ella los abastecimientos esenciales, esa es la base de un poder resignificante devastador.

La forma hegemónica de relatar cartográficamente la guerra en Iraq por la prensa europea terminó acomodándose a la propia mirada jihadista en un puro dibujo de nodos y vectores. El jihadismo se ha dotado de una nueva forma de representar cartográficamente el mundo, una forma de representación que le ha permitido repensarse y crecer más allá de lo que podíamos imaginar como muestra el siguiente mapa:

 

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Usando la tecnología para ver lo mismo con otros ojos y para ver lo no visto por primera vez

Cada libro interesante es un mundo por descubrir, especialmente esos libros inesperados, insólitos, curiosos, traviesos, que se atreven a abrir senderos de improviso, que ponen en resonancia series de acontecimientos dispares que nunca se nos habría ocurrido conectar entre sí y que gracias a la varita mágica del autor empiezan a sonar acompasadamente como ocurre en una buena banda u orquesta.

Hace casi dos décadas, cuando los libros digitales eran solo fantasías que deberían esperar a la aparición del Kindle en 2007 para reinventar la forma de leer, dimos con uno de esos tesoros. Se trataba de una obra pesada, de tapa dura con un título que prometía mucho, pero que cumpliría todavía más: ‘Mapping the Next Millennium: The Discovery of New Geographies’, escrito por Stephen S. Hall.

Como bien decía Charles Guyot, la escala crea al fenómeno y las herramientas inventan a los objetos. Sin telescopios no habría planetas, sin microscopios células. Es una historia interminable saber qué viene antes, si la teoría que permite construir a los instrumentos o los instrumentos que permiten generar la teoría. Y probablemente se trate de un eterno y grácil bucle (Hofstader, 1987).

Lo cierto es que en la última década hemos ampliado el reino de lo cognoscible gracias a las herramientas informáticas y por eso cabe hablar de ellas como auténticas acuñadoras de nuevas geografías. Desde los confines del universo hasta el ‘paisaje del cromosoma’, muchas de estas nuevas regiones se hicieron recién visibles con estas herramientas de visualización propias de la informática, como el satélite Voyager 2 y otros sensores remotos, solo por mencionar algunos.

 

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La mayoría de estos nuevos mapas son imágenes de datos puros, construidas a partir de la información recogida en encuestas galácticas, desde las computadoras de los matemáticos y en los laboratorios de biología molecular.

 

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Gracias a estas herramientas empezamos a ver mapas de una luna de Neptuno, la constante matemática Pi y una cadena retorcida de ADN. Los mapas ya no son simplemente las imágenes que usábamos para colorear en la escuela, contornos políticos que servían para revisar la fitogeografía o, con un gran esfuerzo, la geografía económica.

Si ya lo eran entonces, los mapas hoy son tanto o más ‘instrumentos del pensamiento’ con mayor peso y autoridad que entonces. Se trata de mapas que por un lado trazan las fronteras de la ciencia, pero a su vez las revelan en sus representaciones gráficas. El barrido de cuestiones tocadas por la obra de Hall es amplísimo ya que va desde los paisajes planetarios a los animados, pasando por los probabilísticos, atómicos y cosmológicos.

 

Ampliando las geografías de muchos modos

Si hoy nos acordamos de ese libro perdido en nuestra inmensa biblioteca es porque la ampliación de geografías puede decirse y hacerse de muchos modos. Y si bien el libro de Hall no avanzó mucho en dirección de los mapas políticos (como la estilización jihadista comentada anteriormente), en ambos casos queda claro que la ampliación cartográfica puede provenir de instrumentos altamente informáticos así como también del uso de criterios muy poco convencionales que trascienden a veces la ficticia frontera analógico/digital.

Porque de esto trata siempre la cartografía, de amplificar mediante representaciones y visualizaciones nuestra posibilidad de diseñar el futuro y de ver lo mismo con otros ojos. Esto que en un caso tiene una inscripción política y territorial, se aplica ‘pari passu’ a muchos otros mundos inventados gracias a las formas de presentación y, entre ellas, en modo espectacular tenemos los mundos creados por las herramientas informáticas.

La informática generó pues nuevas cartografías, pero la política y la guerra hacen lo propio. No necesariamente dependemos de herramientas sofisticadas de mapeo de datos para ver el mundo con otros ojos. Al revés, al no darnos cuenta de que una estilización ideológica es tan poderosa como muchos mapas satelitales, confundimos el árbol con el bosque.

Lo cierto es que el mundo está cambiando a velocidad acelerada, que la política es un instrumento de pensamiento no menor que la tecnología, y que debemos poder reconciliar ambos ‘amplificadores mentales’ si queremos entender la complejidad de lo que está ocurriendo en el mundo y al mismo tiempo incidir en este.

 

 

De Ugarte, David. (2014).¿Cómo el EIIL está cambiando tu forma de ver el mundo?  

Hall, Stephen. (1987).Mapping the Next Millennium: The Discovery of New Geographies.

Hofstadter, Douglas R. Gödel, Escher. (1987). Bach: un eterno y grácil bucle.  Barcelona, Tusquets.

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Alejandro Piscitelli

@piscitelli

Nació en Buenos Aires. Con formación en filosofía, sistemas y ciencias sociales. Actualmente es director del TadeoLab, laboratorio de innovación de la Universidad Tadeo Lozano. Profesor Titular de Humanidades Digitales en la Universidad de Buenos Aires, ha publicado numerosos libros entre los que se destacan 'Nativos Digitales' (2009) y 'El paréntesis de Gutenberg' (2011).