Más humanos desde futuros tecnológicos

Más humanos desde futuros tecnológicos

La tecnología como medio para el arte y la educación: cuando el tema es qué tan humanos o qué tan digitales somos.

En momentos en los que el uso de la tecnología es imparable y los avances de hoy resultan anticuados mañana, las personas nos preguntamos acerca de esta carrera con finales imprevisibles. El posicionamiento a favor o en contra de la tecnología no deja de ser más que una posibilidad demasiado fácil, ingenua e impulsiva. Quizá los extremismos deberían converger en un término medio fruto de la reflexión sobre una realidad con la que a los humanos no nos queda más remedio que convivir: los avances tecnológicos son necesarios y, en el caso de la educación, se han de usar para aprender de otra manera, preparar para el futuro, adaptarse a una realidad cambiante y convivir con ellos. ¿La tecnología nos humaniza, nos deshumaniza o nos 'rehumaniza'?

Hay manifestaciones culturales que pueden orientar sobre cuáles son las tendencias del futuro y cómo interpretarlas, con la ayuda del mundo del arte en esta ocasión. Les invito a visitar alguna vez una exposición significativa para sus intereses culturales y hacerlo con información procedente de diversas fuentes: la del programa oficial, el contenido real de la exposición, las opiniones de la crítica especializada, otras surgidas en las redes sociales y los comentarios de grupos de visitantes “en directo y en persona”, en este caso procedentes de alumnos adolescentes. Una sugerencia: póngase a su lado, sígales con discreción (o pídales permiso para acompañarlos), escuche e interprete su lenguaje verbal y no verbal.

Hasta el 10 de abril de 2016 está abierta al público la exposición titulada “+Humanos, el futuro de nuestra especie”, en el Centre de Cultura Contemporània (CCCB) de Barcelona (España). Según el programa oficial, esta muestra de obras de 150 artistas explora los posibles caminos de futuro de la especie humana, desde las técnicas de reproducción asistida y los experimentos en biología sintética, hasta la posibilidad de perpetuarnos mediante el ámbito digital. El eje central de la muestra es que nuestras vidas están condicionadas y definidas por la implosión y la confluencia de nuevos campos científicos y tecnológicos. Pueden consultar más información en el reportaje que figura en la web del CCCB.


Resultó curioso y muy educativo visitar la exposición en dos ocasiones y coincidir con la asistencia de dos centros educativos distintos. La veían grupos de adolescentes que interactuaban con dispositivos preparados para ser tocados. Les inducían a pensar en si la realidad virtual será la nueva realidad, qué ocurriría si un robot supiera lo que queremos antes que nosotros mismos, o qué actitud debemos tomar para adaptarnos a un entorno que el ser humano está transformando. Incluso, tan jóvenes ellos, se enfrentaban a la incógnita de si es la longevidad una magnifica aspiración o una terrible amenaza para el planeta.

Los profesores y los guías de la exposición, de forma muy hábil e inteligente usando inflexiones de voz, preguntas sugerentes y pinceladas sobre aspectos vitales cercanos a su entorno vital, cautivaban a esos adolescentes que fotografiaban todo con sus celulares, con el objetivo de que reflexionaran sobre el mundo en el que tendrán que vivir.

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Los asistentes a la muestra se enfrentan, en un espacio interactivo lleno de estímulos al alcance de los sentidos, a los límites científicos, éticos y legales de un nuevo escenario, con los consiguientes interrogantes. Ciborgs, superhumanos, clones, biónica, la plasmaféresis (técnica para recambiar el plasma), el programa 'The Low Cost Prosthesis' para fabricar prótesis humanas en redes de Fablabs a menos de 50 dólares usando impresoras 3D, con el objetivo de que ayuden a países del Tercer Mundo. Además, referencias visuales a la experiencia de una artista en manos de un afamado cirujano plástico venezolano, como provocación para pensar sobre qué pasará cuando la cirugía estética se haya generalizado e incluso convertido en algo previsible: ¿cómo cambiarán las nociones y expectativas de la belleza?

Durante el recorrido, los profesores les formulaban a los adolescentes cuestiones que reproducían los titulares de algunas informaciones de prensa sobre la exposición: ¿Dónde están los límites del ser humano? , o ¿qué sucede cuando arte y ciencia imaginan futuros posibles de la especie?. Apareció además la tecnología como una parte más del cuerpo del artista, que amplía sus capacidades de sensación y de percepción. Los alumnos admiraban el ciborgismo, expresión artística basada en la utilización de nuevos sentidos surgidos de la unión entre la cibernética y el propio organismo. La capacidad de atención de los adolescentes era inmensa, bien guiados por docentes que habían preparado la visita antes. Descubrían realidades virtuales y no virtuales, la colaboración entre arte y tecnología, y otros mundos que a veces les hacían recordar escenas de películas o videojuegos.


“+ Humanos, el futuro de nuestra especie” es una oportunidad no solo para ver e interactuar sino para observar el efecto de la exposición en el público y en nosotros mismos. Había adolescentes que consultaban aplicaciones en sus celulares para descubrir significados de palabras o para observar que algunos términos aún no los indexaba Google, sorprendiéndose de cómo el que lo debería saber casi todo aún ignora mucho.

Un grupo que leía en voz alta y reflexionaba sobre la utopía (luego de haber leído las acepciones de este término en su celular), se encontró con este mensaje en el cartel que explicaba el vídeo titulado: “¿La utopía de quién?” Decía así: “(El vídeo) cuestiona los ideales establecidos de eficacia y desarrollo económico: los de un sistema que ansía máquinas con inteligencia humana y seres humanos que actúen como máquinas”. Lo descubrió uno y lo fotografiaron todos; adolescentes que releyeron la frase, la comentaron, se quedaron muy pensativos y después la compartieron con total naturalidad: “La voy a poner en el Facebook, en mi Instragram y en Twitter”. Cuando decían esto, una profesora les condujo al cartel que anunciaba otra parte de la exposición, llamada “Encuentro con otros” y les resaltó el siguiente texto:

“Las tecnologías emergentes están modificando nuestra forma de reunirnos con otros: familiares, compañeros de trabajo e incluso animales de compañía. Las personalidades con las que interactuamos por medio de dispositivos, ¿son seres reales, entes artificiales o una combinación de las dos cosas? Mientras algunas personas sueñan con un futuro de amantes robots que adivinen todos sus deseos y los cumplan, otras solo esperan que no las atropelle un coche sin conductor o que no las mate accidentalmente un vehículo aéreo no tripulado. Las tecnologías sociales que fabricamos pueden ser creativas, expresivas y servir para profundizar nuestra conexión con los demás, pero también pueden reproducir las desigualdades y la violencia de nuestra sociedad”.

Pronto se formó una tertulia en la que pusieron nombres al contenido del texto: drones, coches de Google sin conductor, la brecha digital entre ricos y pobres e incluso otro habló del efecto que le produjo el estar unos días sin celular porque lo perdió.

En un momento concreto un profesor les retó a pensar en si somos más o menos humanos con tanta tecnología. Les invitó a reflexionar sobre el efecto de la combinación de arte y técnica, y su capacidad para adelantarse al futuro. Estos estudiantes pertenecían a institutos públicos de barrios humildes de Barcelona, ninguno había entrado nunca en el CCCB, su entorno vital se situaba muy alejado de las típicas zonas turísticas de Barcelona y de esa imagen tan internacional de la ciudad. Al principio les costó familiarizarse con el formato expositivo, previamente trabajado en clase, después le tomaron cariño, no querían irse y volvieron para atrás para visionar de nuevo algunos detalles, vídeos, fotos, experiencias y carteles.

Fue una gran ocasión para comprobar el impacto de la enseñanza ubicua, de la reflexión sobre el futuro, de cómo personas muy jóvenes se cuestionan el mensaje de la exposición, cuál es el nuevo papel del profesorado y de los guías, cómo aprenden, cuál es el valor de la experimentación y cómo nuestros adolescentes tienen más intereses, habilidades y capacidades de las que a veces creemos.

Ya al final, les invitaron a continuar con sus pensamientos en el exterior y a despejar la incógnita: ¿La tecnología nos humaniza, nos deshumaniza o nos 'rehumaniza'? Pasaban al lado de un cartel que resaltaba una frase de Kevin Kelly, fundador de la revista Wired, quien defiende que “La tecnología lo que hace es ampliar las posibilidades de hacer las cosas, y eso es en definitiva lo que más queremos los humanos: tener modos diferentes de vivir, poder elegir opciones para desarrollar nuestras tareas, nuestros intereses”.

Kelly los despidió del CCCB con una frase impactante, esa que después comentaban mientras bajaban las largas escaleras mecánicas y se disponían a enfrentarse con las otras realidades de la vida diaria: “Los humanos son los órganos reproductivos de la tecnología”.

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Evaristo González Prieto

Profesor y periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación, profesor de español, director y gestor del proyecto TIC de la Institución Educativa pública Torre del Palau, de Terrassa (Barcelona – España). Investigador en comunicación y educación, conferencista, formador en TIC y educación, colaborador con universidades y en estudios internacionales sobre educación y TIC. Blog: http://cibercomunicacioneducativa.blogspot.com.es/

@EvaristoG