La vida en un minuto

La vida en un minuto

Por esos avatares del destino, estuve el pasado 20 de diciembre en Dosquebradas-Risaralda, municipio del área metropolitana de Pereira que sufrió en los días posteriores una tragedia inesperada. 

La siguiente historia se presentó como una casualidad de la vida. Su protagonista es una ‘guerrera’ más de este país, donde a través de su noble oficio lucha por sobrevivir ante las adversidades del día a día, a las que se enfrenta en las calles del municipio Dosquebradas.

Milena Betancourt no pasa de los 30 años. Tiene unos ojos de un color verde profundo que embelesan a la hora de entrar en contactos con ellos, y su calidad de vendedora de minutos a celular hace que cualquier ‘urgido’ de una llamada, la elija entre las cinco personas que venden este servicio a cualquier operador y a fijos, en la plazoleta del CAM (Centro Administrativo Municipal), donde se concentran todas las entidades que conforman el gobierno de este municipio.

Era medio día y llegué muy temprano a una reunión en la la-vida-en-un-minutoSecretaría de Educación. El calor era apremiante y para completar mi dicha el celular se salió del bolsillo del morral donde suelo guardarlo cuando viajo, así que necesitaba llamar. Inicialmente, me acerqué a una pareja de esposos discapacitados, quienes muy queridos me prestaron el servicio hasta cuando necesité comunicarme con Movistar. Pagué mi cuenta y me encontré con esta interesante mujer, que debajo de un paraguas y un efusivo “mi amor en que le puedo servir”, me facilitó hacer las llamadas. Con esa calidez que caracteriza a los paisas, se prestó para una amable e interesante conversación.

Esta joven mujer, cabeza de familia y madre de dos niños de 7 y 3, enviudó hace dos años a causa de la violencia y en gran parte, por la ambición desmedida del hombre con el que compartió su vida por más de diez años.

Milena sostiene, que por “él meterse en cosas raras, tuvo ese final”; dejándola en una difícil situación económica por el mal manejo de lo poco que se alcanzó a hacer en ese tiempo.

Por aquella época estaba dedicada cien por ciento al hogar y jamás se imaginó que se enfrentaría a todas las necesidades por las que ha pasado. Buscó trabajo en muchos sitios, probó en algunos oficios, fue víctima de maltrato, de gente que no le pagaba y hasta de acoso. Hasta que decidió hacerle caso a unos primos que le ofrecieron ‘meterse’ en el negocio de la ‘telefonía callejera’, ya que ellos llevaban un buen tiempo vendiendo minutos en su casa y aunque les dejaba mucho, sí era una ayuda para la economía familiar.

Recuerda que al comienzo no sabía donde ubicarse y le daba pánico encontrarse con ese letrero frecuente en las calles: “Se venden minutos”. Además, de ser perseguida por la policía por comercializarlos (venta de minutos), pero la necesidad y las ganas de salir adelante fueron mucho más fuertes, siendo estas el impulso que le ayudó a iniciarse en el negocio.

En un país como el nuestro, donde el modelo económico no ha servido para generar pleno empleo, este oficio se ha convertido en una opción de ingresos para personas humildes, discapacitados, madres cabeza de familia y desplazados; sumándolo a la chaza de dulces, ventas de empanadas y tintos, etc. La telefonía celular en Colombia ha tenido una escalada sin precedentes, actualmente las personas la utilizan más, que los servicios de telefonía fija.

En estos últimos, la inversión puede ser desde ocho millones a 12 millones de pesos y vender minutos en la calle tiene una inversión aproximada de 180 mil pesos cuando se compran los tres celulares nuevos: uno para cada operador.

En el caso de Milena, lo que hizo fue invertir una plata que consiguió en un ‘gota a gota’. Compró tres ‘flechas’ (celulares de gama no tan alta como el Nokia 1200) y arrendó la  SIM Card  a la empresa que tenía el plan y los mejores precios del minuto. Esto lo hace en Pereira dos veces al mes aproximadamente.

minutos operadorVende minutos a 200 pesos y se gana 100 pesos a cada uno. Agrega que vende alrededor de 4.500 minutos, obteniendo 940 mil pesos, de los cuales un poco más de la mitad son ganancias netas. En un principio, los vendía al frente de un hipermercado del municipio, pero las ventas no le favorecieron hasta cuando un amigo dueño de un carrito de dulces la invitó a unirse a su negocio en la plazoleta del CAM; donde alrededor de 50 personas al día compran sus minutos en los cuatros celulares (adquirió uno hace poco), uno para cada operador y el nuevo para los fijos.

Mientras almuerza (tajadas, huevo y arroz), me dice que apenas sabe leer, que conoce los computadores, pero que nunca se ha sentado con juicio a mirar cómo funcionan. Anda ennoviada hace poco con otro vendedor de minutos de Pereira y a veces se gasta un mensaje de texto para saber si está juicioso. Vive en un barrio de la Comuna 10, muy cerca al lugar de la tragedia del 23 de diciembre; su entretenimiento es ver telenovelas y compartir con sus hijos los domingos cuando viaja a la capital de Risaralda para ir a centros comerciales o pasear en algún parque.

Para Milena, la vendedora ambulante de minutos de Dosquebradas, aun lloviendo (agua o policías) o haciendo calor no deja de hacer lo que tiene que hacer: trabajar. Es consciente que su vida y la de sus hijos se la debe a la tecnología, aunque desconozca mucho de esta.

Al despedirse, me da un beso en la mejilla y me dice: “la cola para entrar a hacer las diligencias en la Alcaldía está grande y es ahí donde sale la clientela”. Entonces, antes de dar por terminada la conversación le pregunto: ¿a usted le gusta hablar por teléfono? Y con un destello de picardía en sus ojos, responde: _Gordito, yo vivo es de que llamen los demás, de resto para lo necesario.

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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.