No es un cliché: el amor atraviesa pantallas

No es un cliché: el amor atraviesa pantallas

No es un cliché: el amor atraviesa pantallas

- "Me daba miedo que no funcionara, no quería ilusionarme..."
- "Ella era una montaña rusa de emociones"

Separados por miles de kilómetros de distancia. Ella en Colombia y él en Canadá. Aún en esta época puede resultar un poco inverosímil que una relación de pareja sobreviva a fronteras y océanos que la separan, cuando se han visto, pero irónicamente siguen estando tan lejos el uno del otro, con todas las ganas e intenciones de sentir las caricias, los abrazos y los besos tangibles, que la distancia imposibilita.

CarolinayDiego 4Carolina y Diego, dos personajes reales que parecieran salidos de una historia de Disney, como él mismo lo dice, se conocieron a través de una página web para conseguir parejas. En realidad no tenían las esperanzas ni mucho menos la fe en entablar una relación medianamente estable a través de ese medio. Fue simple curiosidad, aburrimiento, impulso, nada más.

Pero el 20 de agosto de 2012 su historia empezó a tejerse detrás de las pantallas invisibles del ciberespacio. Diego publicó una serie de fotografías suyas en el sitio online y al cabo de unas semanas Carolina les dio 'me gusta'. Aquel gesto fue la primera señal.

En adelante empezaron a conversar esporádicamente, hasta que los mensajes, las llamadas a través de Skype y las 'citas virtuales' pasaron de ser entre semanas a todos los días. Ni siquiera el idioma fue una barrera, Diego no dominaba el español y Carolina solo un poco el inglés. Sin embargo con la ayuda de un intermediario (un primo de Diego le enseñó a hablar español) el problema de la comunicación desapareció.

Para Carolina, lo que pasaba entre ambos era un cariño muy especial, pero solo eso. "No quería ilusionarme y que luego las cosas no resultaran, estábamos demasiado lejos", aunque esa prevención era aceptable, en el caso de Diego, sus sentimientos y emociones iban a mil por hora.

"Yo estaba enamorado antes de conocerla en persona...me resultaba una mujer hermosa, inteligente y con una sonrisa encantadora", cuando lo dice, sus ojos se llenan del brillo enorme que destila aquella chispa de enamoramiento sin las mínimas intenciones de extinguirse.

Diego bromea, ríe, le toma la mano, la mira, guarda silencio, quizás recuerda; todo lo que me dicen sus gestos y sus expresiones es que está irrevocablemente enamorado de Carolina.

Agosto y septiembre pasaron entre sentimientos a flor de piel, "te quiero" que se escapaban con mucha frecuencia y el firme deseo de poder concretar algo más allá que no se quedara solamente entre teclados, computadores, mensajes electrónicos y videollamadas. Para Carolina eran amigos, para Diego había algo mucho más fuerte: "yo me entregué de una, me enamoré completamente... y hoy creo que ella también me correspondía igual solo que no lo aceptaba del todo".

Finalmente, después de tanta espera y una que otra discusión, Diego viajó a Bogotá en octubre de 2012. Toda la antesala a su llegada e incluso cuando ya estaba en el aeropuerto resultó una escena típica de esas historias de película. Carolina llegó tarde a recogerlo y él la esperaba dando vueltas en el aeropuerto, cuando finalmente se encontraron "fue una especie de polvorazo, dinamita... Mi mundo se paralizó en ese momento, la abracé, le di un beso enorme y le pregunté si quería ser mi novia".

Lo que ambos descubrieron en ese instante fue que a simple vista "la química era espectacular", entonces le dieron nombre a su relación y decidieron formalizarla. Diego se quedaría por dos semanas, pero después cambió el tiquete para quedarse por tres meses. Pareciera una declaración de amor, algún tipo de compromiso sin anillos, papeles o leyes mortales: "yo quiero que te quedes por siempre", le dijo Carolina.

Viajaron a Cartagena, para ella fue tal vez uno de los mejores viajes que ha tenido, desbordado en romanticismo. "La mejor manera de conocer a alguien es viajando". Y puede que el misticismo de no haberse visto, de permanecer largas horas hablando pegados a un computador de alguna manera los mantuviera aferrados y al mismo tiempo en espera. Era necesario concretar un acercamiento físico, descubrirse en la intimidad, conocerse realmente: "una cosa es lo que ves por cámara y otra es la química en persona, además no es fácil conectar con alguien o encontrar sinceridad a través de Internet", dice Carolina.

CarolinayDiego 5Los planes eran que ella pudiera pedir la VISA canadiense de turismo, conocer Canadá y luego casarse. Pero las cosas no resultaron como esperaban. A Carolina le negaron la VISA, entonces se adelantaron: decidieron casarse. El 11 de noviembre en la Catedral de Sal de Zipaquirá, Diego le pidió matrimonio. Con la aprobación de los padres de Carolina y la bendición de los suyos, se casaron por lo civil el 27 de diciembre.

Desde entonces, él viene a Colombia entre tres y cuatro meses y se queda por dos. No es que la historia sea perfecta, aún con temperamentos, rabietas, malos días y todo lo que encierran las relaciones, ese tipo de cosas es lo que la hace real y más en las condiciones en las que ellos han logrado construirla.

A futuro esperan que Carolina pueda tener la VISA y casarse por la iglesia en San Andrés. El 30 de agosto Diego regresó a Canadá y volverá a Colombia a comienzos de diciembre. Y así, sin más, la historia de Diego y Carolina sigue escribiéndose entre la distancia y el volver a encontrarse. "Él es todo lo que siempre quise en un hombre...Por alguna razón inexplicable o una conspiración del universo nos encontramos y las cosas resultaron".

Él es supremamente romántico y aún sin haberle rozado, se enamoró de ella a través de las pantallas de un computador. Ella, con algo más de cautela reafirmó sus sentimientos el día que lo vio por primera vez. "Nunca imaginé encontrar alguien por una página de internet. Yo, la más incrédula, no puedo creer que me haya pasado".

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Eliana Álvarez

Asesora
Corporación Colombia Digital