“Lo siento, pero no puedo vivir sin él”

“Lo siento, pero no puedo vivir sin él”

No es el caso de un hombre o un trabajo, ni mucho menos de algún tipo de afición, se trata de un celular.

 

"Tengo 422 amigos. Aún así estoy solo. Hablo con todos ellos cada día, sin embargo ninguno me conoce realmente. El problema está entre mirar a los ojos o mirar un nombre en una pantalla"

(Gary Truck escritor y director audiovisual británico)

 

En mi reducido grupo de amigos alcanzan a clasificar los de todas las ‘especies’. Incluso, creo que a cada uno les podría atribuir algunas características particulares de los personajes de ‘Friends’. Pero también están aquellos que simplemente no tienen una clasificación y Andrés* es uno de ellos.

Nos conocemos hace diez años. Desde que irrumpió la moda de los smartphones él ha sido presa total de su encanto. Yo le digo que es un nomofóbico, término que a él le suena rebuscado y exagerado porque, según él, es inevitable que un “aparatico inteligente de ese nivel no resulte ser parte importante del día a día”. Puede que tenga algo de razón en ello, la cuestión es que como todos los excesos, lo suyo con el celular puede llegar a ser molesto para los demás y arriesgado para él.

Hace un par de semanas, mientras leía en Internet sobre las nuevas enfermedades tecnológicas, me encontré con un interesante video que da lugar a una discusión larga y tendida sobre esta nueva realidad: de la nomofobia hemos pasado al ‘phubbing’.

Para quienes no les resulta familiar el término de ‘phubbing’, se trata de un nuevo síndrome tecnológico, que se refiere a la práctica de usar desmesuradamente el teléfono celular cuando se está en compañía de otros individuos, centrando toda la atención en el aparato e ignorando a los acompañantes. Exactamente eso es lo que me sucede cuando salgo con Andrés. Mientras el resto de los amigos nos ponemos al día con los últimos acontecimientos, él está haciendo check in, actualizando su estado en Facebook, subiendo fotos, etiquetando a la gente y comentando las imágenes.

Lo de Andrés ya no es sorprendente, sucede con gran número de personas y todos lo vemos a diario. Cuando voy en el transporte público, estoy en el cine, en el centro comercial, en un restaurante o caminando por la calle. El virtus está en todas partes y se ha vuelto casi tan común como cepillarse los dientes.  De hecho hasta a veces yo termino cayendo en sus redes.

Es innegable que en el Siglo XXI el mundo ha sido testigo de una revolución digital que ha transformado la comunicación en todas sus esferas. La masificación de Internet y el auge de los dispositivos móviles han sido claves en tales cambios. Actualmente hay más de 7.000 millones de suscripciones a Internet móvil y alrededor de 3.000 millones de personas con acceso a Internet, cifras que traducen en un mayor número de usuarios conectados en permanente a la Web.

Prácticas como el ‘phubbing’ son reflejo del exceso e incluso adicción en las que pueden caer algunos usuarios tecnológicos contemporáneos y demuestran su incapacidad para controlar el apego a los aparatos móviles o desconectarse de su vida virtual.

Cuando hablo con Andrés sobre su problema él lo toma a modo de juego o broma, pero interiormente sabe que es un adicto. Su respuesta siempre es la misma: “lo siento, pero no puedo vivir sin él”.

Y sí, hay mucha gente que no es capaz de despegarse ni por un minuto de su dispositivo. Ya no lo ven simplemente como un aparato, sino como el objeto de su afecto, por más exagerado que parezca.

Pero esta tendencia no es solo nacional, a nivel mundial el ‘phubbing’ está cobrando más fuerza, démosle un vistazo a las cifras*:

• Si el ‘phubbing’ fuera una plaga podría acabar con la población de seis veces China.
• En un restaurante cualquiera, en la hora de la cena, se ven en promedio 36 casos de ‘phubbing’.
• El 92% de los 'phubbers' reincidentes se convierten en políticos.
• El 87% de los adolescentes prefieren comunicarse vía mensajes de texto que verse cara a cara.
• Nueva York, Los Ángeles, Londres, Francia y París son las ciudades con mayor número de 'phubbers' identificados.

*(Cifras tomadas de http://stopphubbing.com/)

 

Estudios sobre la adicción a los dispositivos móviles comparan esta circunstancia con situaciones extremas como la adicción a las drogas o el alcohol, e incluso han señalado que un ‘phubber’ atraviesa similares etapas a las de la adicción a la nicotina, e igualmente se generan estados de ansiedad, estrés, aislamiento social, comportamientos compulsivos, etc.

Para muchos esta es una tendencia más del mundo digital y esperan que sea pasajera; sin embargo, está claro que la evidencia apunta en otra dirección. Si en la actualidad ya se ha vuelto una costumbre entrar a un restaurante y encontrar a una pareja o grupo de amigos concentrados en su celular, sin siquiera dirigirse la palabra, ¿cómo será en un futuro cercano?

***

 

* El nombre de la fuente cambiado para proteger su identidad.

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Eliana Álvarez

Asesora
Corporación Colombia Digital