Ojo con las brechas digitales en Colombia

Ojo con las brechas digitales en Colombia

Si uno mira las estadísticas de alfabetismo en Colombia y las compara con las del resto del mundo, salimos bien librados.

No más de 7% de los colombianos mayores de 15 años no sabe leer ni escribir, índice que nos coloca en un estrato medio alto en el concierto de países. El contraste con las tasas de analfabetismo de algunos países subsaharianos no puede ser mayor: tasas de 60 y 70%, que harían totalmente inútil, por ejemplo, una campaña publicitaria a través de medios escritos.

La disponibilidad y el uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) forman parte, de unos años para acá, de los indicadores básicos de desarrollo. Sin duda, sociedades de altos niveles de calidad de vida, cuentan con infraestructura, dispositivos, niños y ciudadanos con destrezas para el uso de las TIC, regímenes de protección al usuario y en favor de la libre competencia de las empresas del sector. Carecer de acceso a las TIC es, pues, señal de subdesarrollo en un mundo donde las barreras entre naciones se reducen y los ciclos de innovación de bienes y servicios son cada vez más veloces.

Colombia ha incursionado con relativo éxito en el mundo de las TIC, particularmente en el ámbito de la conectividad. Más de 25 millones de colombianos cuentan con acceso a internet; hay cerca de 48 millones de suscripciones móviles. Debe aclararse que, en el caso de internet fijo, una suscripción es utilizada por varias personas, en tanto que, en el caso de los móviles, un individuo puede contar con más de un dispositivo. Por otro lado, al número de suscripciones fijas habría que añadirle el de las suscripciones móviles.

Es claro que, de acuerdo con las cifras del mismo MinTIC, a menor estrato corresponde menor tasa de penetración de internet. Mientras los estratos 5 y 6, que no representan más allá del 7% de la población total, cuentan prácticamente con tasa de penetración de usuarios cercanos al 100%, en los estratos 1, 2 y 3 estas presentan niveles parecidos a los de la forma de un embudo, es decir, crecientemente menores.

Poco se habla de las brechas regionales de acceso a internet en Colombia. El boletín trimestral que el MinTIC expide, ofrece valiosa información en los cuadros anexos al final del mismo. La situación es preocupante.

Al examinar los datos del porcentaje de suscripciones por capitales departamentales, aparece en el primer lugar Bucaramanga, con 19% de suscripciones a internet dedicado (si, por hipótesis, hubiese 4 usuarios por cada suscriptor, significaría que 76% de usuarios bumangueses tendrían acceso a internet). Detrás vienen Medellín y Manizales, con 17% y 16%, respectivamente.

Alarmante resulta que capitales como Puerto Carreño, Puerto Inírida, Mitú y San José del Guaviare cuenten con menos de 1% de penetración de suscripciones de internet. Es una situación grave en varias perspectivas. Por una parte, se trata de regiones en las que han prosperado movimientos armados al margen de la ley, donde es urgente realizar inversiones en conectividad para integrar a sus habitantes al país; por otra, en algunos casos, son lugares de frontera, que no pueden dejarse abandonados sin acceso a internet. Vale la pena pensar en Puerto Carreño (capital de Vichada) y comparar su nivel de desarrollo con Puerto Ayacucho, del lado oriental del Orinoco, capital del estado venezolano del Amazonas, que cuenta con impresionante conectividad vial y, en el caso del tema de este blog, con buenos niveles de conectividad a internet.

Podremos no ser analfabetas funcionales; sin embargo, si internet no llega a zonas apartadas, asoladas por el conflicto armado y el narcotráfico, a algunas de las fronteras se les estará condenando a niveles subsaharianos del moderno analfabetismo, a saber, el digital.

 

*Blog publicado en Blogs El Espectador

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Rafael Orduz

Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Gottingen en Alemania Federal. Académico y analista económico y de tendencias digitales, se ha desempeñado como Presiente de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y Viceministro de Educación. Fue Director Ejecutivo de la Corporación Colombia Digital.