Print this page

Universidades: ¿seguimos encajonados en compartimientos disciplinarios?

Universidades: ¿seguimos encajonados en compartimientos disciplinarios?

Algunos piensan que el monopolio de información genera poder.

Esa idea se proyecta en amplios espacios, incluyendo las universidades, tanto en sus actividades de enseñanza como de investigación. Es frecuente que los temas tengan "dueños" y que estos se circunscriban a disciplinas específicas. En consecuencia, las áreas del saber están cercadas para establecer ámbitos de dominio. Aquí "mi" disciplina académica y de investigación, "allá" las de los otros.

El problema es que los avances en ciencia y tecnología en las sociedades contemporáneas se enmarcan, de forma creciente, en ámbitos transdisciplinarios, con la participación de múltiples áreas del saber. Ello ocurre, por un lado, porque los grandes retos del siglo XXI exigen enfoques múltiples. Sean los de tipo ambiental, de salud pública, políticos (incluyendo el riesgo de terrorismo), de inclusión social, educativos, de infraestructura (vías, comunicaciones, puertos...), culturales, es imposible la búsqueda y aplicación de soluciones a partes de enfoque aislados disciplinarios. Por otro, el desarrollo científico y tecnológico, como tal, es posible sólo en ambientes de cooperación interdisciplinaria.

De este modo, los desafíos en salud pública reclaman un trabajo en el que convergen medicina, biología, nanotecnología y tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), así como disciplinas sociales como la sociología, la antropología y el derecho, y, por qué no, filosofía. En el terreno de las ciencias sociales y económicas, ocurren hechos como que el premio Nobel de economía de 2009 haya sido concedido a una politóloga (Elinor Ostrom).

Las ciencias sociales tienen amplios puntos de encuentro con las naturales. Por otra parte, es difícil concebir en el siglo XXI, que las muchas áreas de ingeniería puedan plantear soluciones a los diversos desafíos sin estrecha cooperación con las sociales, la nano y la biotecnología. Si se acepta la importancia y necesidad del trabajo entre disciplinas, hay que aceptar que Colombia está rezagada de cara a lo que en la materia ocurre en las economías avanzadas. Corremos el riesgo de quedarnos anclados en las visiones uni-disciplinarias en la formación de nuestros estudiantes universitarios.

El problema radica, pues, en la formación. Urge, entonces que en Colombia se reflexione acerca de cuáles son los perfiles de los profesionales que la sociedad requerirá en 10, 20 y 30 años y plantear desde ya las reformas curriculares que hay que emprender. Ello dependerá en parte de las autoridades educativas. Pero también, en gran medida, de las mismas universidades, de las empresas y de las organizaciones sociales (en sentido amplio).

Lo que está ocurriendo en el campo de las redes sociales, la blogósfera y en general, en Internet, es una muestra de lo que las TIC pueden hacer para contribuir a consolidar el trabajo entre disciplinas académicas: colaboración, trabajo en equipo, aprendizajes y aportes en red de parte de los actores (estudiantes, profesores, investigadores), discusión, acceso a bases de datos.

Así, las disciplinas tendrán que abrir puertas a las demás en busca del trabajo conjunto. Pero también ocurrirá que en las opciones de especialización de un ingeniero, por ejemplo, tenga legitimidad las de la antropología y la economía, y en la de un abogado, las de las TIC. Y en las de todos, por qué no, la ética como rama de la filosofía.

 

*Blog publicado en El Heraldo

e-max.it: your social media marketing partner
Read 2509 times
Rafael Orduz

Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Gottingen en Alemania Federal. Académico y analista económico y de tendencias digitales, se ha desempeñado como Presiente de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá y Viceministro de Educación. Fue Director Ejecutivo de la Corporación Colombia Digital.