"Innovemos: hagamos de la educación una apuesta sobre nosotros mismos"

"Innovemos: hagamos de la educación una apuesta sobre nosotros mismos"

La discusión y debate que está promoviendo el movimiento estudiantil sobre el proyecto de reforma de ley a la educación superior del actual gobierno, es un ejemplo de cómo las sociedades se adaptan a las exigencias del entorno competitivo de la globalización, buscando simultáneamente, salvaguardar su identidad, su cultura y una equitativa promoción de oportunidades. El logro en la práctica de tal abanico de objetivos, nos obligará, a todos a ser innovadores en el cómo.


Sin lugar a dudas, en la era del conocimiento, el elemento más transformador de la sociedad, es su sistema educativo. En el, se nutren continuamente su fuerza laboral y su clase empresarial, pero más importante aún, en este, enseñamos a soñar, y es allí, donde forjamos la calidad del talante de nuestras gentes del mañana recibiéndolos como jóvenes y graduándolos como profesionales, futuros empresarios, mentores, investigadores, padres de familia y funcionarios públicos.

Así, en un sistema educativo ampliado, por incluir también a la familia y el espacio laboral, es donde reside el verdadero potencial de auto-transformación de una sociedad, que busca niveles más altos de competitividad y bienestar para los suyos. De allí, que la relevancia mayúscula del proceso educativo, su carácter auto-transformador y el tiempo necesario para encauzarlo y concretarlo, deban ser preocupación permanente de la comunidad en general y sus diferentes actores, ya que serán sus acciones y omisiones, las constituyentes de la apuesta fundamental que esta haga sobre sí misma y su futuro.

reforma-estudiantilLos países que lograron o están logrando ser más competitivos generando mayor bienestar para sus ciudadanos (aún siendo pobres), han tenido claro que la educación es un proceso de largo plazo que necesita acompañarse con exigencias, acciones y resultados en el corto plazo. Por ello, estas naciones están sustentando tal proceso y su dinámica transformadora con acciones y roles protagónicos del conjunto plural y diverso de actores que constituyen su sistema de educación y formación: alumnos, profesores, padres de familias, empresarios, instituciones, funcionarios públicos, medios de comunicación, artistas y celebridades, para mencionar sólo algunos.

Nuestro país y sociedad, ¿cómo van en este pacto por la educación? Con humildad y sinceridad: mal. Somos una sociedad apática a la hora de ver una educación como pacto social, ya que no nos preocupa nuestra poca productividad, lo cual genera un bajo bienestar; prueba de ello, es que estemos entre los tres países más desiguales del planeta, que nuestras mejores universidades están en la parte trasera de los rankings, que carezcamos de una clase empresarial de primer nivel y seamos uno de los países más violentos del mundo creyendo estar curando nuestras enfermedades atacando sus síntomas (dedicamos más presupuesto a la guerra, que a la educación).

A pesar de este panorama indeseable, de acuerdo a varios estudios, somos una de las sociedades más felices del planeta (ver estudio); y vivimos la paradoja, como bien lo decía nuestro filósofo Fernando González, "de ser un país que tiene un buen porvenir, desde hace 200 años, resignándose a esperar". La razón de todo ello puede estar quizás, en que vemos el futuro como lo que viene, aquello que está 'por venir'; y lo visualizamos menos como aquello a lo que llegamos por nuestras acciones individuales y colectivas, al amparo de lo que somos y constituye nuestra cultura. La importancia de encontrar qué somos como individuos y como cultura es algo que Fernando González nos recordó toda su vida, siendo nuestro legislador para el porvenir.

Así las cosas y de cara al futuro, somos una nación con competitividad y bienestar largamente aplazados, que tendrá que desarrollarse en medio de una sociedad global del conocimiento, utilizando para ello, todas las herramientas y actores que dispone. El devenir de nuestro sistema educativo no es un proceso que solo ataña al Ministerio de Educación, los estudiantes y las universidades. La educación y la formación, son procesos que construyen el mapa de nuestra comunidad, y en el que todos, a partir de nuestro actuar individual, aportamos con un trazo como empresarios, profesionales, padres de familia, funcionarios, alumnos, docentes, instituciones (reseña de una universidad que así lo asume).

Requerimos entonces, ser los artífices de lo que seremos, entendiendo que nuestro destino está en manos de todos y cada uno. Solo quien se guía en el presente por aquello que sueña ser en el futuro, tendrá la posibilidad de verlo hecho realidad. Esta construcción social de lo que somos y seremos, demanda entender que en la era del conocimiento nadie sabe de quién aprende, ni cuándo, ni en dónde. Toda vez que en ella, somos simultáneamente aprendices y mentores.

Sea esta columna una invitación para hacer parte de la oportunidad de diseñar y al mismo tiempo, di-soñar, sí, soñarnos en la práctica, la construcción de una sociedad abierta al mundo, que nos enseña el gozo y los beneficios de aprender en la era del conocimiento y la globalización.

¡Participemos! Conoce más acerca de la reforma en el siguiente grupo de Facebook: Yo me informo sobre la reforma a la Ley 30


Rodrigo Álvarez Jiménez

Director General
Artífice Ltda.


¡Basta de historias!, Andres Oppenheimer.
http://matpic.com/esp/descargas/basta_de_historias_de_andres_oppenheimer.pdf

 

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Artífice Innovación

Columnista
Corporación Colombia Digital