Evolución de los procesos con TIC: Big Data, IoT, etc… ¿Hacia una nueva historia?

Evolución de los procesos con TIC: Big Data, IoT, etc… ¿Hacia una nueva historia?

Evolución de los procesos con TIC: Big Data, IoT, etc… ¿Hacia una nueva historia?

¿Cómo se transforman los tradicionales procesos de lectura y escritura en el contexto del big data?

Con esta columna terminamos el recorrido de evolución en tratamientos de información desde la prehistoria hasta las actuales tendencias del Big Data, Internet de las cosas y demás. Será útil asociar esta evolución, con aquella de la actividad de la humanidad sobre nosotros mismos y sobre nuestro entorno, para motivar nuestra reflexión sobre si la actual evolución de los tratamientos de información nos dirige hacia la escritura ¿de una nueva historia?

Como fue expuesto en la primera entrega de la serie, el punto de quiebre entre la prehistoria y la historia, fue la escritura y el lenguaje como medio de registro para hacer fluir información y conocimiento entre individuos, tiempos y lugares. Sin duda, tal cambio marcó el ascenso del hombre desde aquellos tiempos hasta nuestros días actuales del Big Data.

Es un hecho que desde la invención de la escritura y el lenguaje, gran parte de la evolución de la información y sus tratamientos ha venido acompañada de la invención de nuevos medios para comunicarlos, así como la implementación de diferentes y sucesivas automatizaciones de tratamiento de información sobre ellos (segunda entrega de la serie y tercera entrega de la serie). Acompañado todo de tecnologías, dispositivos e infraestructuras que buscan ampliar su cobertura, popularizar su difusión y su democratización en el uso.

Sin embargo, no deja de ser interesante que a pesar de que el avance tecnológico actual nos lleve a contemplar la escritura con desdén, es un hecho que aún hoy en día, miles años después de la invención de ella, los actuales grandes volúmenes del Big Data (Google, Whatsapp, Facebook, Twitter, y demás), en todos esos dispositivos y tecnologías, sean todavía textos, números y otras astucias milenarias inventadas por el hombre en su deseo y decisión de comunicar y actuar.

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Pensemos, además, que leer y escribir son procesos de aprendizaje casi simultáneos en la niñez de todos. Sin embargo, no fue así durante mucho tiempo para la humanidad. Por ejemplo, lo común en tiempos de Cristo era que muchas personas no supieran leer y ni escribir, solo un grupo reducido sabía leer y, finalmente, pocos poseían ambas capacidades. Una rápida mirada sobre el hecho anterior nos revela que escribir, por ejemplo, involucrar más técnicas, tecnologías y destrezas que solo leer. Es decir, además del medio para el registro, requiere de instrumentos y técnicas de escritura, así como la destreza para una buena distribución de textos dentro de un área, para mencionar alguna condición.

Leer por su parte solo requiere estar frente al medio que contiene la escritura y poner en práctica la capacidad de lectura del individuo. Leer y escribir siguen siendo importantes, al punto que ‘Gogglear’, tal como lo hacemos diariamente millones de personas, obliga a poseer ambas capacidades. Solo hasta hace muy poco dejó de ser necesario escribir en el buscador de Google, y en su lugar puede dictársele al navegador (antes se ‘dictaba’ a otra persona, hoy es evidente que hemos avanzado en la automatización al poder hacerlo a una máquina).

Con el ánimo de desentrañar una conciencia de la importancia capital de leer y escribir, lo invito a que se aventure a responderse así mismo dos preguntas bizarras: ¿Qué le aporta cognitivamente al ser humano la lectura y la escritura?, ¿hasta dónde puede avanzar una civilización sin la lectura y la escritura?


¿Hacia una nueva Historia?

La permanencia de la escritura y el lenguaje como mecanismo de comunicación y materia prima para el tratamiento de la información indica que este eje milenario sigue fundamentalmente intacto. Cabe preguntarse, entonces, en medio de las tendencias actuales ¿hay algún eje cuyo cambio nos conduzca a una nueva historia? La respuesta es que posiblemente sí.

Hay un eje cuyo cambio está teniendo lugar, con posibles grandes repercusiones en nuestras vidas llenas de hábitos y realidades milenarias, inmersas en avalanchas de tecnologías y dispositivos; este eje no es otro que el de la voluntad y la decisión de comunicar y de decidir sobre el resultado de nuestra comunicación. Recordemos que el inicio de la historia, fue la escritura, hasta ahora un acto consciente y deliberado de la voluntad del ser humano por generar registros para comunicar y actuar.

Sin embargo, hoy en día, aunque la mayoría de los registros siguen asociados a los tipos de codificación descritos (el lenguaje y la escritura), es un hecho que la voluntad por generarlos la estamos automatizando sin pensarlo, sin ser conscientes de nuestro interés o deseo de la emisión de cada registro. Esto es equivalente a automatizar la firma de infinidad de cheques en blanco sin que nos preocupe ni su beneficiario, ni el concepto del pago.

La reflexión es pertinente porque es lo que hacemos cada vez que admitimos que un aplicativo o dispositivo pueda consultar y transmitir la totalidad de nuestra información e interacciones relacionadas con nosotros. Su automatización es la supresión del acto individual y consciente de generar información y comunicación. Lo que acarrea unos riesgos que ignoramos cómo ponderar, pero además, pareciera que nos da pereza dilucidar.

Es esta infinidad de datos provenientes de smartphones, portátiles, sensores y actuadores del Internet de las Cosas (IoT), los que alimentan y alimentarán el Big Data en volúmenes claramente enormes, pero bajo lógicas menos claras, los que serán objeto de análisis y que cada vez más tratamos de abordar efectivamente bajo lineamientos de privacidad y de habeas data.

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Artífice Innovación

Columnista
Corporación Colombia Digital