Alternativas al monopolio de la opinión

Alternativas al monopolio de la opinión

Mucho he escrito últimamente sobre Conexión Total, sin embargo hoy quiero hablar de otro tipo de conexión, de aquella que se establece entre seres humanos a través de un contacto que aunque ya no es físico no es por ello menos real. Conexión y contacto de un individuo con otro a través de la palabra y las imágenes en espacios de comunicación que todos los días crecen más y más, en lugares virtuales que cobran vida a través del intercambio de ideas y las manifestaciones abiertas de la personalidad, el carácter, y porqué no de la opinión de “alguien” frente a un tema cualquiera que este sea.

 

Espacios como en el que hoy escribo, a pesar de ser una desconocida para el 99,9% de las personas que me leen y que creen que tengo algo que decir y se conectan conmigo para conocer “mi opinión”, son posibles gracias al impresionante desarrollo de la Internet y de los contenidos, plataformas y espacios que sobre él se han desarrollado para desmonopolizar el acceso a la información y el derecho a la opinión.

Escribir una columna de opinión, calificar una película o un libro, comentar una noticia o dar un concepto sobre el servicio de un hotel, son solo algunas de las muchas posibilidades de expresión que permite esa red en la que un tweet puede desatar una avalancha de reacciones en cadena, una ola de más opiniones, de más ideas, más y más conexiones entre mentes y personalidades que se encuentran bien sea para identificarse o para chocar y chocar y chocar.

En otra época, expresar un punto de vista frente a un tema por fuera de las conversaciones de sobremesa entre familia y amigos, de manera que éste fuera conocido por un amplio grupo de personas, era una posibilidad de pocos, de los columnistas en los diarios, de los analistas en los noticieros, de los locutores de radio, de los llamados “líderes de opinión”.

Aunque sin duda la opinadera es un síndrome molesto y los espacios de “expresión” en la Web terminan colmados de toda clase de agresiones y por ende no solo mal sino subutilizados, no sobra pensar y trabajar por que estos puedan ser capitalizados en su máxima expresión, aprovechados como escenarios de voz, leídos como termómetros sociales y promovidos como alternativa al monopolio de la opinión.

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Temas:
Conexión

Columnista
Corporación Colombia Digital