La vida se ve distinta desde el aula feliz

La vida se ve distinta desde el aula feliz

Visitar Cartagena por motivos laborales es encontrarse con una serie de contrastes que de cierta manera hacen que tu estancia no se limite a la ciudad amurallada o a las actividades en Bocagrande, sino te permiten conocer los lugares mas recónditos de una ciudad de extremos sociales con dos caras completamente diferentes. De un lado es un punto importante para  la economía del país, gracias al turismo, lo  que hace que se mantenga una imagen positiva dentro de esos territorios de entretenimiento; pero del otro se vislumbra el abandono, la inequidad y la desesperanza de muchos de sus habitantes, donde se puede dimensionar las diferencia tan marcadas y desproporcionadas de esta urbe a orillas del mar Caribe.

Durante esta semana he podido recorrer la “heroíca”  y transitarla gracias a su Av Pedro de Heredia, conociendo de primera mano esas situaciones que hacen de esta ciudad, un lugar mágico por su clima, historia e infraestructura en algunos sectores, pero también “arrolladora” de su propia realidad en otros lugares de su geografía.

Uno de estos recorridos me lleva a conocer el barrio Nelson Mandela, que se encuentra ubicado al suroccidente de la ciudad, en la localidad No 3 Industrial de la Bahía en la Unidad Comunera de Gobierno No 14.  Un sector que tiene como  origen el año 1994 y donde se asientan, en su gran mayoría, familias provenientes del Urabá antioqueño y chocoano, del departamento de  Córdoba y de otros lugares donde han sido desplazados  por la violencia, encontrando en este territorio la única posibilidad de ubicarse  y crecer raíces en un espacio propio pero de conformación irregular.

Al llegar al Mandela, mis fibras más sensibles se ven afectadas, porque aunque soy conciente del país en el que vivo, no logro sobredimensionar que en un trayecto de un poco más de 45 minutos me encuentre con esa realidad: desempleo, pobreza, hambre, poca salubridad, problemas de servicios públicos y altos índices de natalidad, que se evidencian en la cantidad de niños que recorren sus polvorientas y empinadas calles. Al llegar a mi punto de destino, el colegio Jesús Maestro Sueño y Oportunidades (al comienzo me pareció algo irónico el nombre), me encuentro con una comunidad educativa conformada por unos 1200 niños y jóvenes, que hacen parte de un programa que busca erradicar el trabajo infantil en la zona a través de la educación.

La misión de una religiosa española (la Hermana Aurora-Rectora) y de su equipo docente es bastante complicada: tener que arrancarle a diario al rebusque a este grupo de niños, para que se eduquen y vivan su niñez como debe ser. Estoy seguro que la tarea no es fácil, pero pude observar que este grupo de personas cuentan con muchos elementos que permiten que a diario esto se pueda lograr.

Me acerqué a un par de niños que se tomaban un refresco mientras estaban en descanso y les pregunte sobre que era lo más bonito de su colegio: me contaron que a veces iba gente muy famosa (el año pasado fueron visitados por el tenor español Plácido Domingo y una de las infantas de la casa real española); me hablaron de sus espacios para jugar y me mencionaron el Aula Feliz, como algunas de esas razones que los motivaba a ir a estudiar.

No les niego que eso del Aula Feliz me llamo mucho la atención y busque a uno de los profes, quien me señaló un punto en uno de los edificios y al cual me dirigí de inmediato: El aula feliz es su salón TIC, con 40 classmate,s video beam, pizarra digital, conectividad, software y cámara digital. Todo en un espacio agradable, sin la ubicación tradicional y fría de los pc en las salas de informática. En este espacio los niños aprenden e innovan a través de la tecnología. En ese momento el aula feliz estaba sola, ya que no había luz (algo común en el sector), pero me contaron que muchas veces se llenaba, como cuando capacitaron a algunos lideres comunitarios en herramientas ofimáticas, o cuando producen el periódico digital de la institución o simplemente entran a revisar la plataforma del colegio y un blog institucional. Es tal el compromiso de los estudiantes con su aula feliz, que por poco espacio físico y tiempo, este año se ha dejado el uso exclusivo a primaria y se esta acondicionando otro salón (con las uñas) para el bachillerato, ya que como me lo decía el profesor de informática (exalumno del colegio y habitante del barrio): Esta es una manera de que los pelaos se eduquen y no aparezcan en las listas que a veces circulan en el barrio, amenazando con asesinarlos.

Cuando me despedí, sentí cierta nostalgia al saber que las aulas digitales son una herramienta transformadora de vidas y me fui satisfecho de comprobar que definitivamente cuando se quiere se puede, a pesar de las adversidades que rodean a muchos niños en los entornos difíciles de nuestro país.

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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.