Hablando de “Ley Lleras” con mi tía Internauta

Hablando de “Ley Lleras” con mi tía Internauta

Como alguna vez lo comenté, tengo una tía de 74 años, que además de ser un tanto terca, un poco intensa y defensora de todos sus sobrinos que ostentan algún cargo público que le de status al apellido familiar, desde hace una par de años  siente por sus computadores y el Internet  una pasión casi mística: mi tía cree tanto en estas herramientas TIC, como en San Martin de Porres, santo de su devoción, aunque reconoce que el limeño de la Orden de los Predicadores, no ha alcanzado mejor posicionamiento en la diestra del padre, según ella por ser negro y porque era mucho más liberal que muchos de los curas de su comunidad por defender a los esclavos.

Esta semana tuve que visitarla, la verdad mi sentido de lo familiar es bastante difuso y escasamente los veo en uno que otro sepelio, primera señal de que me estoy volviendo viejo, porque estaba enferma y muy baja de nota luego de un complicado tratamiento para combatirle un posible cáncer.

Cuando llegué estaba sentada frente a su portátil, chateando con una de sus sobrinas que tuvo la oportunidad de casarse con un europeo y radicarse en Roma disfrutando de las brisas de las siete colinas y no como cierto sobrino, al que no quiso mencionar, que se siente orgulloso de navegar en bote por cualquier caño colombiano y escribir sobre banalidades. Con el rabillo del ojo observé que en su escritorio tiene unas carpetas donde por categorías, fechas y nombres organiza el historial de lo que ha hecho cada uno de sus 12 sobrinos y que según la niña que la acompaña, ve cada vez que necesita tranquilizarse y hacer remembranza de la grandeza de la familia. Aunque en tono burlón me cuenta que la tía a veces se confunde con la carpeta de vídeos descargados de youtube, otro de los grandes descubrimientos de la vieja, donde guarda 20 de los conciertos “veredales” de don Jorge Barón, porqué según ella en uno de esos eventos culturales, me ha visto cargando cables y repartiéndole “agüita” a la gente; seguramente deben ser cosas de la edad.

-- Ya no saben qué más inventarse con esto del internet -se quejó apenas llegué-: ¿Qué tal esa vaina de “fregar” al Ministro con ese cuento de la Ley de derechos de autor?

-- No estoy muy enterado -le respondí con sinceridad-: ¿Ahora qué paso? 

-- Pues que los “yakers” han hecho de las suyas para perjudicar las páginas de los Ministerios y de otras entidades del Estado… se cambio la piedra por la tecnología –afirmo frunciendo el ceño y señalándome con el dedo un vaso con agua-

-- Bueno tía, es que cualquier propuesta de ley debe pasar por una serie de filtros que la consolide y aunque ha existido mucha divulgación, es evidente que se ha interpretado de mil maneras y cada cual defiende lo que le interesa y se siente perjudicado en lo que le conviene. - reaccioné extrañado-

hablando-de-ley-lleras-- No, señor…tanta vagabundería de piratería, de mal uso de imágenes y de textos fusilados le ha hecho mucho daño a la nación – me dijo en tono enérgico mientras enviaba una cadena de spam sobre “las estaciones de la vida” –

¿Cómo así  que daño a toda la nación? – le dije mientras pensaba en que ya me iba a invadir el correo con sus mensajes diarios-

Bueno -me concedió-: no a toda la nación, pero si a muchos sectores, como el de los libros, la música, los video juegos, el alquiler de películas y hasta la educación… seguramente habrá algún apátrida como tú que debe apoyar que se haga esa sinvergüencería con las ideas y el talento de los artistas e intelectuales del país- replicó-

¿Sinvergüencería  de quién? -le pregunté-. ¿Los estudiantes que se forman a punta de sacar y leer fotocopias? ¿O los desempleados, llamados trabajadores informales, que viven de vender películas y compilados musicales a $5.000?

-- Muchos de esos personajes no saben el mal que están haciendo -me interrumpió, embebida del todo en su facebook, mientras posteaba y publicaba la foto de uno de sus sobrinos predilectos, que era gerente de un proyecto del sector agrario.

-- O pobres -la interrumpí-: para la gente como tú, todo pobre, por dentro contiene a un ser que innatamente es malo y corrupto, como diría el filosofo constructor –le dije-.

-- Deja el resentimiento -me dijo con la voz alterada-: Lo que pasa es que cuando al fin alguien quiere ponerle orden al uso de la tecnología y respetar los derechos de autor, tú y todos los comunistas de la web ponen el grito en el cielo.

-- Me respetas -reaccioné-: yo no soy comunista; ni de izquierda ni mucho menos de derecha, soy de centro.

Mijito, del Centro y la Calendaría, zona donde pululan los que vulneran los derecho de autor en el Internet ¿Qué me dices de eso de las 72 horas para quejarse ante la empresa prestadora del servicio de Internet, cuando se encuentre material que no haya sido autorizado para publicarse y  proceder a retirar el material cuestionado?

- No estoy seguro: pero si no estoy mal hoy en día, si un escritor, desea impedir la reproducción ilegal de su obra va a donde un juez para que éste imparta medidas cautelares. Es decir, en el mundo tangible, el de los libros impresos, se le dice sí al juez, pero en el digital no, o al menos en un principio.

-- Pero eso no se cumple, vea en las esquinas las copias pirateadas de las novelas de Gabo o las pendejadas que se escribe en los blogs donde se publican frases o ideas de otros y nunca se citan o referencia – me dijo un poco más pausada- Aún no olvido el vainazo que usted escribió en el Heraldo por enviarle correos electrónicos, me vine a enterar dos meses después de publicado y usted se apareció seis meses después con esa sonrisa socarrona, que detesto.

-- Me imagino que si le hubiera mostrado antes el texto, ni por el carajo me deja presentarlo y mínimo hubiera autorizado a un abogado para que no me publicaran -supuse-.

Sí. -me dijo sin oírme-  y lo voy hacer el día que me utilice de ejemplo para algo que escriba. – me dijo en tono amenazante-


-- No, no me parece que sea necesario, realmente extrañe tu regalo de medias en la navidad que no quisiste enviar por la indignación que tenías conmigo.

-- ¿Ves? -me dijo-: todo lo críticas.

-- Me refiero a la indignación, nunca criticaría las medias

-- Ah -suspiró-: con “piratas” como tú no se puede.

Traté de decirle que no soy pirata; que reconozco y respeto los derechos de autor; pero que no por eso me parece bien que una ley no tenga en cuenta una realidad y sobre todo se divulgue tan poco y se malinterprete por otros tan a su acomodo. Me comprometí con ella a leerla con detalle y en una próxima visita la discutiríamos más de fondo…es más le conté que cierto Senador está haciendo streaming invitando a muchas personas interesadas en el tema para que presentarán sus puntos de vista y le prometí llamarla y enviarle la URL para que pudiera verlos.

Pero nunca me respondió: en lugar de ponerme atención, mi tía observaba un power point sobre la Serenidad como buenos consejos que acababa de abrir. Lo miraba feliz, pobrecita. No se daba cuenta de que quien aparecía en la pantalla era Jorge Duque Linares y me despedí llevándome como enseñanza que criticar o defender algo es tan fácil cuando no se hace un verdadero análisis y no se dejan de lado los fanatismos o prejuicios políticos.

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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.