Brisa, playa y TIC

Brisa, playa y TIC

Hace un par de semanas estuve en el departamento de La Guajira, visitando las Secretarías de Educación Certificadas con las que cuenta esta región del país (Uribía, Maicao, Riohacha y la SED), conociendo la realidad en temas de conectividad de sus instituciones educativas y por ende los beneficios en la calidad educativa de l@s niñ@s de uno de los lugares más exóticos de nuestra geografía. Independiente de algunos aspectos propios del objetivo de mi visita y que espero en algún momento poder comentarles, una de las cosas que más me llamo la atención, la pude observar el domingo que aterricé en Riohacha. Como buen “cachaco” tenía que aprovechar mi primera visita para ir a conocer sus playas y pasar en aquel lugar parte de la tarde en una tierra totalmente inhóspita y sin ningún conocido que pudiera saciar mi curiosidad.

Como es de entenderse al ser un viaje de trabajo además de las ligerezas a la hora de alistar mi equipaje (tarea que muy pocas veces hago, la verdad sea dicha) mi pinta playera se acercaba más a la cotidiana del funcionario que trabaja en tierras cálidas y con la mirada burlona de algunos “nativos” me senté a tomarme una cerveza y a escuchar a través de unos gigantescos parlantes instalados en una carpa, las melodías del vallenato y de la champeta que animaban la tarde dominical de los que disfrutaban de la arena, la brisa y el mar.

Obviamente mi comportamiento era el del hombre que observa todo lo que sucede a su alrededor, sonríe y saluda al que le sonríe y lo saluda, además de absorber el jugo de cebada que al estar súper frio, en medio de unos 32º C de temperatura, se transformaba en el bálsamo que aliviaba el placer de estar ahí, aunque siendo día de padre y con el guayabo de tres caritas estiradas cuando salí en la mañana me acompaña, al final de cuentas, de esto vivimos, en tono melancólico pensé.En esas buenas reflexiones que se dan en ese tipo de espacios y al ver la gran cantidad de objetos, para mi innecesarios en la playa, como mp3, Ipods, celulares y otros artículos, se vino a mi mente ese famoso cuarto foto-digitalde san alejo donde muchas veces además de esos recuerdos festivos de nuestras vida también se archivan todas esas cosas viejas, que por mucho uso o desuso pasan a ocupar un espacio donde en el sitio todo deja de ser un estorbo y de donde el único que se encarga de proyectar esos recuerdos es el cruel destino en alguna de sus intrépidas jugadas. 

Seguramente para ustedes, lo escrito anteriormente le suena a lugar común, y más en una época en que el mundo nos exige vivir el día a día, disfrutar al máximo los nuevos recursos que la tecnología nos brinda a través del mercadeo de la cultura y el entretenimiento digital, que nos define lo que es imprescindible y captura nuestro recuerdos en una memoria o un CD.

Dentro de tanta cosa TIC que vi en la playa, extrañe La Cámara Reflex o de rollo y todo ese proceso de: Sin película, no hay foto y ese era el primer paso a la hora de utilizar la cámara, el siguiente paso (bastante engorroso, creo) era transformar el papel fotosensible en fotografías visibles para cualquiera, ayudados por los líquidos químicos fijadores y los cuartos oscuros con luz roja. Poner y quitar el rollo era toda una experiencia, recuerdan palabras como: velar, se tiró el rollo, mandemos a revelar el rollo; pero sobre todo añoré a esos personajes que la cargaba, con su tridente y el velo negro ofrecían preservar en la historia por medio de papel fotográfico ese paseo a la playa.Cuando iba ya en la tercera cerveza y lentamente mi piel iba adquiriendo uno tono rojizo que empezaba a arder, un personaje me despertó de mi letargo y me ofreció por un módico valor de $5.000 tomarme una foto para traerle a mi familia, para según el fotógrafo, demostrarle a mi esposa que era un cachaco juicioso.

Mi respuesta fue un: “No soy muy amigo de las fotos, pero amigo, siéntese conmigo y se toma algo mientras me cuenta sobre su labor”.Yefferson, descargo su morral y se quito un chaleco azul que lo identificaba como personal autorizado para esta labor y me mostró su cámara fotográfica, que iba acompañada de una pequeña impresora que armaba en cuestión de segundos como el más eficiente y avanzado instalador de hardware sobre cualquier tablón o sobre el andén que separa el ingreso a la playa con la vía.Este hombre de aproximadamente unos 40 años, me contó que llevaba en el oficio unos 6 años y que aunque en algunos momentos la situación se le ponía dura nunca faltaba la parejita que quería preservar en el álbum de sus recuerdos un amorío momentáneo o una prueba para demostrarle a sus nietos que ese amor era eterno. En el oficio termino por el rebusque, pero recuerda que en su casa vio muchas veces a su abuelo paterno trasladar a diario a la plaza principal de Riohacha la cámara y el trípode para poder sacar adelante a su familia de nueve hijos.Me dice que esas cámaras digitales son la “berraquera” y que no tienen pierde, que el hecho de borrar y poder tomar varias imágenes hasta que el cliente este satisfecho, hace del negocio algo rentable y no es mucho lo que se pierde.

Aunque no conoce como tal el photoshop y otro software que le ayudarían a darle retoques y brindarles nuevas cosas a sus clientes, dice que uno de sus hijos le colabora cuando consigue una “contrata” buena y un compadre que tiene un estudio lo asesora.Después de aplicarse la segunda me dice: “ajá, hora de seguir en el rebusque”.

Le digo que por qué no nos tomamos una foto para publicarla con esta nota y me dice: ¡No jodá, esa vaina es de mala suerte…me da un fuerte apretón de manos y se va! Cuando se marchó el protagonista de esta historia TIC, pensé en la gran cantidad de personas que viven en nuestro país gracias al rebusque con ayudas tecnológicas, algunas éticamente aceptables, otras no tan aceptables en el plano ético pero tan necesarias a la hora de llevar sustento a una familia. Definitivamente las TIC dan para todo.

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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.