¿Leer en papel o leer en digital?

¿Leer en papel o leer en digital?

¿Leer en papel o leer en digital?

El consumo cultural, en particular el de libros, se transforma con la era digital.

Hace un par de años cuando le preguntaron a Anna Mangen, noruega especialista en temas de lectura y comprensión, cuál sería el futuro del libro en la nueva dinámica tecnológica, contestó: "Si por libros entendéis nuestros innumerables cuadernillos de papel impreso, plegado, cosido, encuadernado bajo una cubierta que anuncia el título de la obra, reconozco francamente que creo que la invención de Gutenberg caerá más o menos próximamente en desuso como intérprete de nuestras producciones intelectuales". Lo curioso y terrible de esta predicción, es que también fue formulada hace más de un siglo, en 1894, cuando otro pensador, hablaba del libro y el peligro que corría la lectura en papel cuando iniciaba la era de la grabación fonográfica.

Cien años después nunca ha habido más libros, pero ahora se anuncia que lo que va a desplazar al papel es la lectura en pantalla: en ordenador, en teléfonos avanzados o en esos aparatitos llamados lectores de e-books, libros-e o portalibros.

A eso hemos llegado, son los nuevos tiempos y es una nueva ‘guerra’ la que se vive a diario. Para los que aman ese placer de levantarse a las 4 a.m. y esperar que el voceador lance el periódico por debajo de la puerta, leer de reojo los titulares, tomarse el primer tinto y repetir la misma frase de los últimos años: “ya me estoy cansando de esta suscripción, cada día son menos páginas de noticias y más de publicidad”, es difícil dejar de sentir el papel y el olor característicos de la tinta que se imprime desde las enormes rotativas Goss de color naranja intenso, montadas en paralelo en la gigantesca nave del área de imprenta del periódico El Tiempo (o cualquier otro), que devoran kilómetros de papel y litros de tinta como hambrientos monstruos prehistóricos que rugen con sus rodillos a plena velocidad y sacuden el piso con una onda ensordecedora de 85 decibeles, 20% por encima del límite aceptable para el oído humano, como lo relataba alguna vez el periodista-columnista Mauricio Vargas.

Lo de prehistóricos es casi cierto. En la era de la Sociedad del Conocimiento y de la web 2.0, cuando los computadores procesan textos, corrigen la ortografía y hasta hacen recomendaciones de sintaxis; que editan y diseñan páginas, y casan a la perfección textos, fotos, infografías, anuncios comerciales, convirtiendo esas páginas en detallada información digital que se actualiza de inmediato al momento de la noticia, se nota la distancia con épocas atrás – no tan lejanas –, cuando teníamos que esperar los noticieros o los informativos de la hora de las cadenas básicas radiales para enterarnos de lo que pasaba en el mundo.

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Pero ya no solo pasa con los periódicos, el mercado de los libros con sus alegrías y tristezas, las ideas más brillantes y las más soberanas majaderías, las grandes verdades y las grandes mentiras, que durante años estuvieron escritas y reposando en una enciclopedia, novela, cuento, ensayo o biblioteca, ahora aparecen al alcance de más personas, ya con un simple motor de búsqueda, una tienda virtual o una descarga, con la posibilidad de ser leídas sin la necesidad de esforzarse en el ejercicio de consecución, que misteriosamente aburre y desenamora a muchos.

Hay que reconocer que en la mayoría de los hogares se frecuentan más las pantallas que los libros, no debería sorprender que los chicos que viven rodeados de televisores, celulares y computadoras prefieran los medios tecnológicos a los impresos. Tampoco, que lean y escriban en soportes digitales antes que en papel. Esta tendencia ha modificado el ejercicio de leer y ha dado lugar a nuevas formas de narrativa y de adquisición del conocimiento, entre otras importantes transformaciones.

Razón por la cual, muchas de esas editoriales que conocimos con sus libros de papel, decidieron pasarse al plano virtual y diseñar plataformas donde se encuentran sus contenidos, los cuales son vendidos en paquetes (con dispositivo incluido), aun cuando para algunos lectores no son del mismo nivel de las antiguas publicaciones en papel. Al final de cuentas, entre gustos no hay disgustos.

Estamos viviendo un cambio de época donde la manera de transmitir el conocimiento, que tradicionalmente estaba basado en los libros de tapa dura y la prensa escrita, empieza a complementarse con otros soportes de lectura y comunicación. Durante una o dos generaciones no van a desaparecer los libros en tapa dura, ni los de bolsillo, ni la prensa escrita, pero nuestros hábitos de lectura y escritura están ya cambiando debido a la irrupción de las nuevas tecnologías.

Cada día hay más personas que se adentran sin complejos en la era digital. No hay más que observar con calma en Transmilenio, en una buseta o en el metro, para comprobar cómo cada vez más gente consume todo tipo de contenidos digitales en sus dispositivos. La sociedad está cambiando sus hábitos de consumo de contenidos culturales a un ritmo trepidante y, desgraciadamente, parte de las industrias culturales se están quedando atrás.

Nos guste o no, tenemos que asumir que los hábitos de creación, acceso y consumo cultural están experimentando una transformación histórica con la llegada de Internet.

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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.