Llené mi álbum virtual

Llené mi álbum virtual

El placer de las pequeñas cosas es más suave, es el que más se disfruta y curiosamente es el más duradero. Lo interesante es que de esas pequeñeces surgen los grandes placeres, esos que por la mojigatería de esta cultura hija del remordimiento, terminan transformando esa épica victoria en la más larga e incolora  estela de amargura. Es por eso que casi siempre, después del gran placer, aunque usted no lo quiera aparecerá un tufillo de amargura, como si a la dicha tuviera que ser reemplazada eternamente por la tristeza.

Debo confesar que soy hijo de una generación que vivió una etapa algo mística con el tema de coleccionar álbumes, intercambiar láminas y cuando se llenaban, reclamar cualquiera de los premios que estos ofrecían a quienes lograran cumplir con la meta. Aún guardo como un tesoro el álbum del mundial España 82 y otro, aunque incompleto, de ciclismo, en el momento en que Herrera le ganaba al pedalista Laurent Fignon en las carreteras europeas. Francamente, fueron muchos los intentos de llenar con esas láminas o pegatinas, diferentes versiones de estos álbumes. En especial me marcó uno que nunca llené, al que le invertí dinero, mucho de mi tiempo y, por qué no, hasta uno que otro achaque de salud que en estos tiempos me están pasando cuenta de cobro con todo.

Seguramente en este momento ya debe estar recordando y viajando por la bóveda de sus recuerdos y seguramente caerá en cuenta que alguna vez lo intentaron, probaron algunos  meses y que por cualquier razón el tiempo, la platica o el bendito álbum se  perdió, pero es consciente que ese cuadernillo de animalitos es parte fundamental de la memoria histórica de los colombianos. Cómo pasar de lado a ese paquetico de color azul, que suele venir con una mona coleccionable —esto es, una lámina— que tiene como estigma que desde que vio la luz, son muy pocos, los que pueden afirmar con la frente en alto: album-virtual“Lo Llené”.

Recuerda las fichas difíciles: el Dodó, el Volvox, el patito, algunos hacían hasta lo imposible por conseguirla y chicanear frente a sus amigos por tan valioso tesoro. Eran 505 láminas las que se necesitaban para llenar el álbum de Historia Natural de Chocolatinas Jet, que nació en 1968 y que ha circulado ininterrumpidamente hasta nuestros días, como una idea de la Compañía Nacional de Chocolates al sacar al mercado la primera golosina de chocolate fabricada industrialmente en el país, como estrategia de promoción y mercadeo al crear varias colecciones de Cromos o estampas como la Conquista del espacio, autos Jet y El Hombre y el Mar; El Álbum de Historia Natural alcanzó la mayor aceptación del público desde entonces por el acierto de acercar al consumidor, a través de un lenguaje de enseñanza directo y claro, al maravilloso mundo de las Ciencias Naturales y los temas de zoología y botánica.

Durante años los productores del álbum indagaron, proyectaron y presentaron alternativas para que no se perdiera el encanto de coleccionar estas láminas y buscaron estrategias para no dejar por fuera especies auténticamente colombianas, innovaron en los colores, probaron con la pegatina hasta que aceptaron el reto de interrelacionar un excelente material, recolectado por años, con las nuevas herramientas y recursos que brindan las TIC.

En esa medida, el álbum ha iniciado un proceso de expansión con ayuda de la tecnología y lleva un buen tiempo  en el ciber espacio con un buen web site, donde el viejo y tradicional álbum, se complementa con una edición mucho más moderna, dinámica e interactiva que permite que el usuario –coleccionista conozca el mundo de los animales, además de estar actualizado con información educativa llena de creatividad.

Lo interesante de esta herramienta didáctica es que permite dotar a las personas de una visión de conjunto de la realidad natural, además de comprender el mundo en que viven posibilitando una relación del individuo con su entorno, de manera más rica y participativa, formando personas y grupos con capacidad para integrarse en su medio, para transformarlo y para respetar la diversidad de elementos físicos, biológicos, antropológicos y culturales que lo conforman.

Por eso los invito a visitar una nueva alternativa de aprendizaje, de diversión y de uso de la tecnología. Eso sí, disfruté del placer del chocolate y de aprender datos como el de la Meneaculita, un ave de un extraño caminar y que se alimenta de fauna marina; información que encuentra en el caramelo 367 y que ya “pegué” en mi álbum virtual con el código WFW83Rb0.

Es por eso que con orgullo puedo decir: ¡¡Ya Llené mi álbum virtual!!
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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.