Desconexión Total

Desconexión Total

Hoy es uno de esos días donde quisiera dejar de lado todo lo que tenga que ver con tecnología. Sería un ser humano feliz si no me importara en absoluto quién envió correos, ni cuáles son las noticias que trae la edición digital del periódico, ni que están trinando o posteando en el mundillo a veces monotemático de las redes sociales. Tampoco quisiera encender el televisor para ver los mismos programas ridículos, el mismo formato amarillista de los noticieros y el gastado formato del primetime con su telerealidad y culebrones autóctonos y costumbristas. Por otra parte, quisiera desconectarme para siempre del bendito celular, sus mensajes, su ringtones y toda la parafernalia que rodea la telefonía celular.

Por algunos momentos, pasa por mi mente la idea de desconectarme  completamente, así me sienta el mortal más desinformado del mundo globalizado y poder dedicar horas a leer libros, uno que otro periódico atrasado o algunas revistas donde no sean los protagonistas los faranduleros de nuestro país. De pronto sería más feliz así, pues cada vez que me miro, lamento y añoro la tranquilidad que tenía antes de imbricarme en la era TIC y convertirme de una u otra forma en un dependiente de determinadas (por fortuna) herramientas que estas nos brindan a diario. Vale la pena aclarar que tengo muy claro, que aunque por momentos me angustio y me aburro, mi tiempo dedicado a x ó y herramienta me genere problemas en casa, aunque quisiera dejar de ser “tecnodependiente”, es imposible de hacerlo, sea por costumbre, o por una clara adicción, evidentemente es algo que cuesta dejar, aunque no parezca, el mundo nos obliga a estar en conexión total. Es precisamente en esos momentos donde recuerdo y aplico esa frase célebre de: “No patee la lonchera compadre”.


desconexionSi me desconectara del todo, podría vivir como cuando se tenía lo básico y disfrutaría de lo lindo, lo simple.  Tal vez por eso haría de cuenta que nací al finalizar los cincuenta y me sentiría orgulloso de ser el último de algo tecnológico, eso sí, abrazando con orgullo esa imagen de ridículo y desactualizado que crearían mis hijas, si estuvieran más grandes. Tengo claro, que me demoraré un poco en comprarles videojuegos (además el Xbox es mío) hasta que no esté seguro, que esa no va a ser una causa del abandono de disfrutar de las simplezas de la vida y lo peor del olvido progresivo de ellas por su viejo padre. Hace poco, cometí el error de regalarle un ipod a la mamá de las niñas (enemiga de esas “vainas) y es tal la seducción que le produce el 'aparetejo', que quien ahora reclama y pide dedicación, soy yo.  

Pero lo triste de todo ese sueño, es que al volver a conectarme, el mundo no sería como siempre, el mundo ya habría cambiado: con lo que pagaría por una tableta o cualquier dispositivo de alta gama. Al volver al conectarme, (digamos que después de 2 días) podría conseguir un equipo enloquecidamente potente y fiel,  con todos los juguetes y de mejor gama que el que compré hace apenas un par de días, cruel realidad.

Ahora bien, usted en este momento se debe estar preguntado el por qué de esta disertación filosofal sobre la tecnología en la vida y le confieso que en la última semana tuve un choque emocional demasiado fuerte. Por una razón laboral necesito una máquina de escribir para completar 3 datos en 4 hojas, no la necesito para más y la tarea ha sido dispendiosa y frustrante. La última vez que escribí en una de estas fue hace unos 16 años, en un salón subterráneo que hacía parte de los talleres de la facultad de Comunicación de la universidad Javeriana. De otro lado, debo ser parte de esas últimas generaciones que recibieron clase mecanografía y que son capaces de 'digitar' sin mirar al teclado. Siempre guardaré grandes recuerdos de doña Hilda Sánchez, pedagoga en el arte del tecleo y del dibujo de la mano con las letras en su dedo correspondiente.

Pero por qué diablos me encuentro sufriendo por encontrar una máquina de escribir por cuyas hendijas seguramente lastimaré mis regordetes dedos y que por aquellas reglas del perverso Murphy, puedo terminar escribiendo las fechas que necesito completar la mitad en negro, la mitad en rojo. Pues sencillamente porque sí, porque por más tecnología que exista, corro el peligro real de dañar definitivamente una documentación que no se puede volver a tramitar.

La gran conclusión de toda esta paradoja es que hay tratamientos para dejar de fumar, de beber, de consumir drogas, incluso hay lugares donde curan la adicción al sexo, pero no existe ningún sitio donde a uno lo ayuden a abandonar en esta época el mundo de las TIC. Así que por caridad, si alguien sabe donde consigo quién me preste una buena máquina de escribir se lo agradecería, de lo contrario,  tendré que sentarme a llorar frente al facebook de alguno de mis amigos. 

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Álvaro Rodríguez

@LosCuernos

Consultor en temas de apropiación social y educativa de las TIC.  Docente de formación, autodidacta y explorador de las nuevas tecnologías. Crítico en temas de política, fútbol y educación.