Vaya y lea

Vaya y lea

Pero qué vamos a leer si ni siquiera sabemos qué es lo que deberíamos estar leyendo.

No sabemos leer, no lo saben nuestros estudiantes, no lo saben nuestros profesionales y hay quienes por extensión dicen que la población colombiana no sabe leer, a propósito de los más recientes resultados de las pruebas educativas PISA que midieron el nivel de comprensión y apropiación de más de quinientos mil estudiantes de 65 países del mundo en relación con lenguaje, matemáticas y ciencias.

Colombia ocupó el puesto 62 de 65 con 376 puntos; si la cuestión fuese intentar rescatar un poco la dignidad el peor del mundo fue Perú con 368 puntos, ambos muy distantes de la media de 494 que estableció el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés).

“Educados en una comprensión demasiado literaria y estetizada de la lectura, hemos olvidado que leer significa, la mayor parte del tiempo, desenvolvernos en una vida cotidiana de señales, mapas, indicaciones y letreros. Sin embargo, la mayor parte de los colombianos no sabemos leer una tabla, un gráfico, un diagrama, unas instrucciones. Muchos ni siquiera están en capacidad de realizar una búsqueda en Google y menos en una biblioteca”, señala con contundencia el profesor Richard Tamayo.

Si ni siquiera tenemos un buen nivel para construir la ‘sociedad’ tradicional, cómo esperamos ser parte de la Sociedad del Conocimiento. Difícil pregunta a la que nadie parece tener una respuesta.

Solo para ejemplificar, de los cuatro billones de páginas indexadas en los grandes buscadores del mundo, según el Ranking Alexa, entre los 500 websites más vistos en Colombia durante el mes de Octubre, 71 de ellos corresponden a pornografía, 50 son informativos y apenas 20 son sitios relacionados con la educación.

Por la misma vía, produce desconcierto encontrar que ávidos consumidores de Internet saturan los espacios de comentarios de todo tipo de publicaciones en línea con una mezcla entre ensoñaciones y preguntas ya respondidas. Las primeras aparecen cuando los severos críticos desatan su ira contra un argumento que no fue expuesto en el contenido reseñado pero que su comprensión lectora les da para justificar que sí está dicho. Las segundas son resultado de aparentes visiones parciales de párrafos e incluso frases, que pese a estar escritas de la forma más clara y ser complementadas en el desarrollo del mismo texto, resultan por convertirse en preguntas recurrentes que a los ojos del autor o de otros lectores parecieran no tener otra respuesta distinta a un escueto e indignado ‘Vaya y lea’.

‘Vaya y lea’ es lo que a veces nos apetece decir, el problema es que de pronto ni siquiera nosotros estamos autorizados para ser tan despectivos frente a aquellos que comparten el ciberespacio, con la igualdad de propiedad y libertad de circulación que solo la web hace posible.

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