Desde la plaza pública

Desde la plaza pública

Fue desde el balcón de un palacio y no desde las redes sociales donde el mandatario desató la euforia de su pueblo.

Respondiendo al magnetismo que el epicentro de los hechos despertaba, la semana pasada los seguidores del Alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, se congregaron en la Plaza de Bolívar en señal de apoyo a su mandatario destituido. Pernoctaron con temperaturas bajo cero y combinaron en su agenda manifestaciones artísticas y culturales junto a las apariciones en el balcón del Palacio de Liévano del Alcalde, desde donde se alentaron las marchas de apoyo.

Lo cierto es que en esta movilización el principal convocante no fueron las redes sociales sino la viva voz en plaza pública, como antaño.

Discursos retóricos, a veces saturados en descargos en contra de los opositores y otras a favor de los logros conseguidos, todos ellos proferidos por el Alcalde o los seguidores que se apropiaron del espacio público para luego ser resumidos en 140 caracteres. Se crearon grupos de Facebook, en Twitter se contaba lo que estaba sucediendo, en Instagram se publicaron fotos de los manifestantes, pero en todo caso la acción política estaba en la Plaza, no en la red.

Según la Organización de Estados Americanos, “el e-Gobierno, también conocido como gobierno digital, utiliza las tecnologías de información y comunicación para ayudar a los gobiernos a ser más accesibles a los electores, mejorar los servicios y a ser más eficientes, y a estar cada vez más conectados con otras partes de la sociedad”.

Antecedentes internacionales de transformaciones políticas y caídas de gobiernos son concluyentes frente al poder de las redes sociales y el ejercicio de la democracia a través de la Internet; sin embargo, la forma en que se gestaron y desarrollaron las más recientes marchas en Bogotá dejan ver cómo la convocatoria en plaza pública sigue siendo un eje central del motor político de la ciudad (y si se quisiera pensar del país basta con recordar el fenómeno de la Ola Verde).

Uno de los pilares de las ‘Ciudades Digitales’, y en consecuencia de la Sociedad del Conocimiento, está en la e-democracia y el gobierno electrónico, que posibilitan la circulación de la información y el acceso a la misma y los servicios públicos a través de la web; pero más allá del crecimiento de las redes sociales se debe considerar el poder de la palabra dicha, la arenga, y la efervescencia que solo es posible despertar desde el balcón.

Durante las manifestaciones los ‘likes’ fueron gritos a favor del mandatario, los ‘compartir’ fueron ollas comunitarias y los ‘retweet’ quedaron consignados en las planillas de recolección de firmas en contra de la decisión de la Procuraduría.

Todo parece indicar que por estos lados la política se sigue haciendo desde el estrado público y no desde las redes sociales, que aunque con gran potencial para la movilización, en nuestro país siguen siendo vistas como un canal de comunicación más, de uso ciudadano, pero no necesariamente como herramienta para la transformación política.

En el paso entre la palabra y la acción está el ejercicio político, y en Colombia falta dar el paso entre la plaza pública y la web para pensar en e-política.

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