Contenidos generados por usuarios y derechos de autor

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¿Quién es el titular de los derechos de contenidos publicados por usuarios?

Internet permite el acceso global a información de diferente naturaleza y una participación abierta en el intercambio democrático de ideas a pesar de la distancia o las fronteras físicas. Esto es particularmente cierto en la web 2.0, la cual se caracteriza por permitir que los usuarios tengan una experiencia interactiva y colaborativa a través de las plataformas online. De esta manera, los usuarios dejaron de ser sujetos pasivos y receptores de información para convertirse en actores proactivos en la búsqueda y creación de contenidos digitales. En consecuencia, surgieron las redes sociales y las plataformas comunitarias como Wikipedia, Facebook, Instagram, Etsy, entre otras; que alojan contenidos generados por los usuarios sin que ellos participen directamente en su creación o edición. Si bien esta creciente interdependencia entre las plataformas en línea y los usuarios ha propiciado el desarrollo de Internet, también ha planteado interrogantes interesantes sobre la titularidad y gestión de los derechos de autor en el ámbito digital.

Los derechos de autor conforman el conjunto de normas jurídicas concedidas a los creadores de obras literarias o artísticas. Estas surgen desde el momento de la creación y protegen a las obras originales que se hayan materializado en un medio tangible. El requisito de originalidad de estas normativas hace referencia al sello personal que el autor imprime a su obra y que permite distinguirla de otras, independientemente de la novedad o mérito que se le conceda. Vale la pena tener en cuenta que las ideas abstractas no son susceptibles de protección mediante derechos de autor; el objeto de protección consiste en la forma original de expresar dicha idea a través de un medio que sea perceptible por terceros. Por lo tanto, la reproducción literal o de elementos originales de una obra sin autorización, podría constituir una infracción de derechos de autor.

En el ámbito digital, existen diferentes clases de contenido que cumplirían el requisito de originalidad y en consecuencia, serían obras protegidas por derechos de autor. Por mencionar algunas tenemos en primer lugar a las publicaciones en forma escrita, que varían desde un trino en Twitter hasta una entrada en un blog. En segundo lugar, podrían mencionarse las imágenes, que comprenden desde fotografías hasta memes y GIFs. En tercer lugar, se encuentras las obras sonoras, que incluyen desde sonidos hasta canciones y finalmente, las obras audiovisuales que hacen referencia tanto a videos caseros como películas.

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El titular originario de los derechos que recaen sobre los contenidos digitales es el autor, entendido como la persona natural que los creó. Por ejemplo, la persona que redacta un trino para su cuenta personal de Twitter es el autor del mismo. No obstante, puede transferir sus derechos patrimoniales de autor de manera expresa, mediante un contrato de cesión o una licencia, a favor de otras personas naturales o jurídicas. Por ello, es recomendable que el contrato del community manager de una cuenta corporativa de Instagram, incluya una cláusula de cesión de derechos patrimoniales de autor que cobije los contenidos generados para esta o cualquier otra red social. Lo mismo se deberá hacer con otros contenidos creados por terceros que pretendan publicar en una cuenta personal o corporativa de una red social, como fotografías, canciones o videos.

La legislación ha establecido que las obras derivadas son aquellas creadas con base en elementos originales de una o varias obras preexistentes, pero que incorporan nuevos rasgos creativos. Los derechos de autor que recaen sobre las obras derivadas se protegen y ejercen de manera independiente a los de las obras preexistentes. No obstante, si la obra original está protegida por derechos de autor, se requiere autorización del titular para crear una obra derivada a partir de ella.

En el caso de los contenidos digitales, es común que los GIFS y memes se deriven de obras preexistentes pero incorporen elementos originales, generalmente una leyenda satírica. Bajo la normativa actual, los creadores de estas obras derivadas propias del ámbito digital tendrían que solicitar autorización a los titulares de los derechos de autor de las obras originales. Esto evidencia la necesidad de actualizar las normas con el fin lograr un sistema de protección balanceado de acuerdo con los estándares internacionales del derecho a la libertad de expresión.

Teniendo en cuenta lo anterior, los portales en línea o redes sociales no serían titulares de los derechos patrimoniales de autor que recaen sobre los contenidos, salvo que, como parte de los términos y condiciones de uso, soliciten una licencia o cesión de tales derechos. Los usuarios que suban contenidos que no hayan sido creados por ellos mismos sin contar con las autorizaciones o derechos necesarios para hacerlo, serían susceptibles de cometer una infracción de derechos de autor. En todo caso, se debe analizar si el uso de la obra preexistente como base de la creación de la obra derivada puede constituir una excepción a los derechos de autor.

Una adecuada gestión de los derechos digitales resulta crucial en la actualidad, pero será aún más relevante en la denominada Web 3.0, un concepto que pareciera acuñar el Internet de las Cosas. Esto no sólo implica una mayor integración de la tecnología a nuestra rutina diaria, sino también genera interrogantes sobre titularidad de los derechos de los contenidos que serían alojados en las aplicaciones y en especial aquellos relacionados con la privacidad y datos personales.

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Cristina Narváez

Abogada, Magíster en Propiedad Intelectual de la George Washington University, Especialista en Derecho Comercial de la Universidad de los Andes.