La era del selfie: ¿somos narcisistas?

La era del selfie: ¿somos narcisistas?

Se puede decir que el selfie empezó con Rembrandt en el siglo XVIII, pero más que reflejar la imagen por sí mismo, ahora se busca es volverla llamativa dentro de la Red.

El asunto va más allá de "mírenme, soy popular". Éste pasa por muchos aspectos entre los cuales está el "me tengo que mirar para que me miren". La idea no es confundir ni entrar en trabalenguas que no lleven a ninguna parte; se trata es de comprender el fenómeno, nada nuevo por cierto, del selfie y su actual impacto en las redes sociales, sobre todo en Instagram.

El narcisismo es una característica desarrollada en los seres humanos desde su crecimiento. Muchos teóricos parten, en principio, que todo niño busca solamente satisfacer sus necesidades de manera inmediata, sin aplazo y siempre buscando ser gratificado. Dicho narcisismo implica, a su vez, un reconocimiento de ¿quién soy yo?, ¿cómo me percibo?, ¿qué tengo realmente o no? En ese sentido, más que despertar un sentido ególatra: se busca establecer una identidad. Dicha identidad atraviesa desde el plano meramente biológico, pasando por lo corporal hasta introducirse en la cultura, en la que el hombre es hombre y forma su estilo de vida.

¿Por qué hablar del narcisismo? Recordemos a Narciso, aquel joven de la mitología griega que se enamoró de su reflejo en un estanque y murió al tratar de abrazar su figura reflejada en el agua. ¿Cuál es el estanque actual?: las redes sociales.

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Estas comunidades online actúan como un espejo, no solo de lo que una persona tiene, sino también de lo que no tiene y quisiera tener. No hay nada por fuera del sujeto, ni sus mentiras. Entonces en ese 'espejo', las personas se reflejan y no solamente se ven a sí mismas, sino que es un espejo colectivo, donde "yo me miro en cuanto me miras" y "busco en ti aquello que puedo tener, o no". De esta manera se establece un sentido colectivo de identidad, en lo que respecta a un acortamiento de las distancias perceptivas, todo se reduce a observar la cotidianidad de una persona sin tenerla cerca. Internet más que un mecanismo para ocultarse, se ha vuelto un mecanismo para sobreexponerse en la cotidianidad.

El selfie de Ellen DeGeneres durante la entrega de los premios Oscar, terminó de poner sobre la mesa el debate del selfie y su sentido. No se había hecho hasta el momento, a pesar que estaba ahí: faltaba el golpe mediático. ¿Qué fue lo que impactó la foto de Ellen DeGeneres? Puso al descubierto algo que ha estado, pero que crea resistencias en algunas personas: nos gusta reflejarnos a nosotros mismos en la forma en que quisiéramos que nos vean siempre.

Un punto sensible sobre el selfie es la orientación que está tomando por parte de algunos profesionales de la salud mental, (a nivel de patología mental) de establecer el selfie como un diagnóstico. Dicha tendencia no se constituye como enfermedad mental, pero su exceso sí haría parte de ciertas condiciones personales que no se desarrollaron por el selfie, sino que éste pasaría a ser un accesorio de la condición que pueda presentar una persona. Esa diferenciación es clave para evitar ligerezas, porque entonces pasa a ser juzgado y criticado, echando por la borda el debate sobre el narcisismo en la actualidad y su representación en las redes sociales. Esos temas son de consultorio y no de foros, ni tweets o post en Facebook.

La relación entre el selfie y la identidad radica en que las redes sociales son un medio más en el cual se expresan diversidad de situaciones, emociones, pensamientos, hasta llegar a una "digitalización" de los mismos. Dicha "digitalización" busca hacer perenne un momento, que no pasa de ser pasajero en la rapidez del tiempo en las redes: luchamos contra el olvido donde este es constante.

Considerar el selfie una moda es reducirlo a que se presenta solo porque las redes están en boga. En ese sentido, hay que analizarlo desde sus relaciones con las opiniones que despierta: "qué persona tan creída", "mírala, se cree linda". ¿Será el selfie el reemplazo de una persona que en la Red habla de sí misma? Asumir el fondo por encima de la forma, cuando se habla de algo más excesivo: la imagen del "yo" anula al otro, pero al tiempo busca su atención. El papel del otro se toma como espectador, cuando es justamente ante el otro que se proyecta aquella imagen. Pasamos a una cárcel digitalizada donde se respira libertad.

Sin embargo, hay que tener en cuenta aspectos relacionados al selfie que no se quedan simplemente en el mostrarse, sino en el ocultarse: la labor del filtro. El filtro pasa a ser el factor represivo, en tanto, oculta un contenido original, de tal manera que el retoque en la foto equivale a las excusas que formamos a nivel de pensamiento y el resultado es: una imagen retocada que no muestra la realidad sino lo que queremos que muestre.

Sin duda es una forma de controlar ese aspecto. Pero el control de la imagen conlleva a una forma subjetiva de distorsionarla, de manera deliberada, esperando proyectar aquello que deseamos En pocas palabras el filtro guarda aquella imagen original ante los demás.

Contenido latente y manifiesto. ¿Qué pasa por el filtro de la imagen?, ¿qué se deja ahí?, ¿qué se trata de poner? A través de este elemento pasa la necesidad de mostrarse o en algunos casos, de buscar aceptación. En el filtro se deja aquello que consideramos no debe ir y tratar de establecer lo que se desea, lo cual se representa en un sentido íntimo y personal. A pesar de modificar esa realidad, la persona sigue estableciendo el deseo sobre el miedo.

Es necesario abrir el debate sobre el selfie y el narcisismo donde la forma se expresa en las redes sociales. ¿Cómo ver la excesiva necesidad de mostrarse?, ¿de qué manera se puede observar el hecho de que la visión dependa de la misma persona?, ¿es bueno o malo? Es necesario empezar con reconocer la humanidad propia, saber que el sujeto no existe al vacío, que depende del otro, al estilo de Neruda: "Soy porque tú eres", porque está el gran "otro" que es la cultura, donde, incluso, antes de nacer ya existimos, porque nuestros padres desean algo de nosotros. Lo micro a lo macro, lo macro a lo micro: el poder de la cultura virtual y su peso en el sujeto.

Por tanto se concluyen varios puntos. El primero, que el narcisismo y demostrar un sentido propio es algo que se desarrolla en la cultura. Segundo, que las redes forman un espacio a través del cual las personas establecen procesos, discernimientos y sobre todo un proceso de autoevaluación sobre lo que consideren digno de mostrar o no. Tercero, no se puede tomar el selfie con ligereza y volverlo un diagnóstico social solo porque sí. Por tanto el selfie, al ser una tendencia actual, no dejará de hacernos ver que somos seres que dependemos del otro y que ese otro depende de nosotros.

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Jesús David Rolong Schweiger

Psicólogo egresado de la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, siete años de experiencia en psicoterapia. Conferencista y líder en el diseño de programas de intervención con niños a nivel educativo.