Niños y adolescentes reales: en una época virtual

Niños y adolescentes reales: en una época virtual

He de confesar que he dado muchas vueltas antes de comenzar este escrito.

No quiero caer en lugares comunes al escribir sobre la relación entre Internet y la vida de los niños y los adolescentes. Por un lado podría asumir que la realidad virtual amenaza la inocencia, la moral y el comportamiento de los más pequeños. Esta postura suele llevar inevitablemente a la censura y la prohibición como camino. Por otro lado podría asumir que los más jóvenes están enteramente preparados para insertarse en la red de manera fluida, sobre la idea de que "ellos parecen venir con el chip de la tecnología" y por tanto la mejor opción es liberarlos a que naveguen por la realidad virtual.

Los niños y jóvenes de hoy nacieron en el siglo XXI. En su realidad están insertados los computadores, las tabletas, los teléfonos inteligentes, la internet, los correos electrónicos, el chat, etc. Verbos como "chatear", "googlear", "skypear" son comunes entre ellos. Y entonces en mí surge una pregunta: ¿qué pasa el día que no tengan un tomacorriente cerca?, ¿qué pasa con un joven el día que su teléfono, tableta o computador no funciona? Bueno, la respuesta debería ser nada, y sin embargo sospecho que si hiciéramos el experimento de quitarle uno de estos aditamentos a uno de nuestros hijos tendríamos que soportar una crisis de grandes dimensiones.

¿Por qué pasa esto? Creo que en gran medida se debe a que los desconectamos de su fuente de placer. A los más chiquitos, de estímulos visuales y auditivos, y a los mayores de imágenes, juegos, información, y sobre todo, de contacto social. La infancia y la adolescencia son momentos de la vida donde prima la búsqueda del placer por encima de todo. Se da una relación entre el niño y el mundo donde no hay límites y el mundo solo es fuente de placer.

Parte de la función de los adultos es crear situaciones en las que los niños y jóvenes tengan límites, se aburran, asuman responsabilidades con el entorno. Estas situaciones, que suelen ser displacenteras también les ayudan a encontrar sus propios recursos internos, a conocerse y a reconocer que tienen una responsabilidad con ellos y con el mundo. En otras palabras, aprenden a tener un filtro en la relación de placer entre ellos y lo que los rodea. Aprenden a aplazar el placer, planear, discernir qué información necesitan, ayudan en labores del hogar que benefician a la comunidad, etc.

Obviamente esto es parte de un proceso de educación y acompañamiento por parte de los padres donde la edad es un factor importante. Los más pequeños requerirán mayor seguimiento y acompañamiento, mientras que los adolescentes demandarán mayor libertad.

Desde este punto de vista, los adultos acompañamos a los pequeños a que creen una relación armónica con la Internet. Esta última es una fuente permanente de placer y de estímulos. Los jóvenes tienen la posibilidad de tener un consumo permanente de información, comunicación y amor ficticio. En otras palabras, pasan su tiempo viendo videos, chateando con amigos, conociendo personas, jugando con extraños, etc.

Nosotros comenzamos siendo filtros de la información que reciben, ayudándolos a reconocer los contenidos apropiados para ellos. En esta época en que la información es tan preciada y tiene libre circulación, es importante revisar cuál es idónea porque el niño tiene la capacidad de entenderla y darle un lugar en su mundo interno; no siempre tener mayor información va a asegurar un mayor aprendizaje. Con el paso del tiempo hay más acompañamiento y menos seguimiento al consumo.

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Pero el filtro no se da únicamente en la información que reciben sino también en lo que comparten. Los niños y jóvenes exteriorizan constantemente su mundo interno, entre otras, porque en muchas ocasiones no saben cómo lidiar con él. Dan quejas, hacen pataleta, tienen miedo, se enamoran con gran facilidad, tienen una expresión permanente de su sexualidad, etc. Con el paso del tiempo, ya en la adultez, todo esto se desarrolla en gran medida en silencio, no como un ejercicio de represión sino de intimidad.

Las redes sociales dan la facilidad de expresar constantemente emociones y experiencias con el riesgo de que no sean integradas como aprendizajes. El mundo interno es exteriorizado sin que se asuma responsabilidad alguna sobre las consecuencias. Para esto los pequeños deben aprender a enfrentar sus dificultades cotidianas, a encontrar soluciones, a asumir responsabilidades. Esta es una manera efectiva de fortalecer el filtro, de ayudarles a cuidarse y cuidar a su entorno.

En conclusión, podemos como sociedad pelear contra un mundo rápidamente cambiante, fácilmente accequible y lleno de información como es el de la Internet. Sin embargo sería, a mi forma de ver, inútil. La otra opción es desarrollar habilidades y competencias para que nuestros niños y jóvenes puedan aprovechar los beneficios que trae de manera segura, responsable y consciente desde el fortalecimiento de su mundo interno y desde el conocimiento de ellos mismos.

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Édgar E. Díaz Méndez

Psicólogo y especialista en Terapia Familiar. Realizó una profundización en Psicología Escolar. Terapeuta de adolescentes, adultos y familias. Tallerista y conferencista. Socio fundador de Sahilu S.A.S. y del Centro Gestalt de la Sabana.