De la conectividad a la apropiación real

De la conectividad a la apropiación real

Cuando se trata de Tecnologías de la Información se debe ir más allá de la conexión y pensar en cómo mejorar la calidad de vida y la productividad.

Los avances en materia de infraestructura de telecomunicaciones han sido notables en Colombia. La conectividad a Internet es posible, según diversos estimativos, para más de 30 millones de colombianos. Por la vía de ‘Internet dedicado’, de la conectividad móvil y de otras formas de acceso, la disponibilidad de la red de redes es un hecho en la mayor parte de las municipalidades colombianas.

No obstante, acudiendo al símil de la autopista, plataforma para que transiten vehículos y múltiples modalidades de carga, la pregunta es la siguiente: ¿se está aprovechando la vía informática para mejorar la calidad de vida de los colombianos, así como la productividad y la competitividad de sus empresas?, ¿transitan por la autopista digital los contenidos orientados a cambiar las formas en que se aprende, se realizan negocios o se promueve salud?

Algunos planteamientos al respecto son los siguientes:

 

1. La conectividad a Internet en Colombia ha aumentado notablemente; sin embargo, subsisten preocupantes brechas regionales

Ciudades como Bucaramanga, Manizales, Medellín y Bogotá cuentan con unos índices de penetración de Internet superiores al 20% (si se habla de suscriptores por cada 100 habitantes) y, con certeza, superiores al 75% si nos referimos a los usuarios con acceso a la red (por cada 100 hab.). No obstante, las capitales de los antiguos ‘Territorios Nacionales’ (departamentos de Vichada, Vaupés, Guainía, entre otros) cuentan con tasas de penetración de suscripciones cercanas a cero. Si bien en términos del peso demográfico se trata de una baja proporción poblacional, desde el punto de vista estratégico (por ejemplo, cuencas del Orinoco y Amazonía; localización en fronteras con Brasil, Venezuela, Perú…) podemos referirnos a zonas injustificadamente abandonadas.

Por otra parte, departamentos como San Andrés y aquellos ubicados en la Costa Atlántica se caracterizan por tasas de penetración inferiores a las de las regiones ubicadas en el triángulo Bogotá – Medellín - Cali. En un mundo de mercados abiertos, y 23 años después de la apertura económica emprendida por Colombia, resulta difícil de comprender que departamentos costeños (tanto en el Atlántico como en los casos de Chocó y Nariño en el Pacífico) cuenten con deficiente conectividad.

 

2.       El acceso a Internet es, principalmente, un fenómeno de gente joven; a pesar de ello, Colombia califica mal en pruebas como las de PISA, realizadas a jóvenes

Colombia es aún un país de jóvenes. Alrededor de 22 millones de personas tienen cuenta en Facebook y, de ellas, más del 80% son menores de 35 años. Tal situación implica, hasta cierto punto, la existencia de una brecha generacional: los mayores usan poco las tecnologías digitales.

Sin embargo, de manera preocupante, la alta conectividad de parte de los jóvenes no parece asociarse a nuevas formas de aprendizaje y, en general, de educarse por vías formales e informales.

Los resultados de pruebas como las PISA, en las que Colombia participa desde hace varios años, muestran un notable bajo desempeño (matemáticas, ciencias, lenguaje) en el contexto internacional. Se usa la autopista informática, ciertamente, pero no se aprovechan las enormes oportunidades para mejorar la formación. Varias observaciones al respecto:

• Cabe responsabilidad en el sistema educativo formal, tanto en los tramos de la educación básica y secundaria, como en la terciaria, en tanto persisten en modelos pedagógicos que no promueven el trabajo colaborativo en red, el acceso digital a fuentes del conocimiento en cualquier latitud y, en general, el uso de materiales y plataformas disponibles en Internet. El uso de las Tecnologías de la Información (TI) pareciera limitarse al uso de recursos técnicos (tableros electrónicos, PCs), sin entrar a modificar los modelos pedagógicos. Un buen ejemplo son los llamados MOOCs (cursos abiertos masivos en línea), a los que las universidades colombianas podrían acceder como respaldo a sus propios currículos.

• Bajo bilingüismo. Aunque hay una oferta creciente de posibilidades de aprendizaje en español, sin duda las oportunidades de contenidos en inglés son ampliamente más abundantes.

• La cultura del auto-aprendizaje, asociada a lo que algunos llaman ahora el ‘aprendizaje residencial’ (del inglés ‘residential learning’) es casi inexistente. Más allá de los títulos que la educación formal otorga, el mundo moderno reclama rutinas de actualización puntuales a las que, en cualquier disciplina del conocimiento, se puede acceder por Internet.

En síntesis, los jóvenes colombianos están accediendo, de forma prácticamente masiva, a Internet. No obstante, no están aprovechando la red para mejorar sus destrezas, procesos claves para competir en el mercado laboral contemporáneo.

 

3. Más allá de la conectividad, Colombia requiere aprovechar Internet para transformar sus modelos de negocios

Los modelos de negocio están cambiando vertiginosamente. Las antiguas estructuras que favorecían la producción manufacturera industrial están dando paso a economías de servicios, en las que la misma producción de bienes (siempre necesaria, por definición) está enmarcada en estrategias de prestación de servicios. La participación en cadenas productivas, la actualización tecnológica, la gestión de las relaciones con los clientes (consumidores u otras empresas), el manejo financiero, el mercadeo, son aspectos que están re-contextualizándose en nuevos modelos de negocios.

Las promesas de valor están cambiando, las destrezas requeridas para cumplir con tales ofertas de valor se están homologando en el mercado global. La apropiación de las tecnologías de la información (Internet móvil, computación en la nube, redes sociales, y un sinnúmero de aplicaciones) hacia la práctica de nuevos modelos es un imperativo para competir con éxito en los mercados locales e internacionales.

Salidas en falso de algunas organizaciones empresariales son, por ejemplo, los rechazos en blanco y negro a los tratados de libre comercio. La protección a la usanza de los años 60 del siglo XX no conduce a mejorar la competitividad; lo contrario, es una invitación a la perpetuación de modelos de negocios obsoletos.

 

4.       La autopista informática debe revertir en el mejoramiento de la calidad de vida: salud y justicia, dos ejemplos

Dos retos de gran magnitud de sociedades como la colombiana se refieren a la verdadera cobertura de los servicios de salud, por un lado, y al funcionamiento oportuno y pulcro de la justicia, por otro.

En el caso de la salud, tanto en el ámbito preventivo como en el de atención, las Tecnologías de la Información pueden jugar un papel de primera línea, amén del rol en los procesos administrativos. La tele-salud, aplicada en regiones apartadas de los centros urbanos puede incidir notablemente en la celeridad de etapas diagnósticas y en eventuales decisiones de tratamiento. El uso de aplicativos (en el contexto delInternet de las Cosas) puede contribuir al monitoreo en tiempo real y a larga distancia de pacientes que no necesariamente deben desplazarse a centros médicos para ello. Un gran reto, el de la gestión de las historias clínicas en línea, contribuirá a una gestión eficiente que redundará en mejor salud de los colombianos.

En cuanto a la justicia, baste la caricatura mental que se tiene de los juzgados: centenares de carpetas y archivos arrumados; imagen que se asocia con la lentitud de los procesos judiciales. La apropiación de las TI en la justicia, de acuerdo con la experiencia en otras latitudes (Corea del Sur, por ejemplo), redundará en mayor confianza de la ciudadanía en su aparato judicial a partir de su mayor eficiencia.

En conclusión, los pasos siguientes en materia de Tecnologías de la Información, deben concentrarse en promover su apropiación y adecuado uso en esferas que se relacionan con la calidad de nuestro capital humano (educación, salud), nuestra productividad y competitividad (nuevos modelos de negocios) y confianza institucional (particularmente, justicia).

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Corporación Colombia Digital

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La Corporación Colombia Digital (CCD) es una organización dedicada a promover el uso y apropiación de las tecnologías de información y las comunicaciones, en beneficio del desarrollo social y económico.