Educarnos para un mundo conectado

Educarnos para un mundo conectado

Educarnos para un mundo conectado

La conectividad, la comunicación, la educación, la transformación y el talento son conceptos que permitirán crear condiciones de vida más justas para toda la población

El término del diccionario que mejor recoge la relación que existe entre las personas y el Internet es el verbo conectar. Su conjugación sitúa a las personas en el entorno digital, aporta pistas sobre el sistema en el ámbito económico y define el entorno sociológico. Hoy ya es muy habitual que, en determinados momentos, la tecnología se priorice por encima del contacto con las personas presentes físicamente en un encuentro: familias cuyos miembros usan sus celulares a la vez, personas amigas que desconectan del grupo en que están para conectar con otras realidades, estudiantes que “huyen” de las clases y navegan por otros espacios de la nube, actos sociales y eventos donde los ojos de las pantallas son más importantes que los oídos, conductores de cualquier vehículo que se refugian en sus contenidos a la carta mientras se mueven y, a todo lo anterior, añadan ustedes otras situaciones que hayan vivido o visto.

La nueva normalidad tiene muchos aspectos positivos, quizá también es discutible o no es la mejor (depende de opiniones) pero está ahí, y con la incógnita de saber qué nos deparará el futuro. Conexión y desconexión: dos estados para los que deberíamos prepararnos, dos formas de estar que merece la pena practicar. También el silencio o esa nueva tendencia de jóvenes urbanos que huyen de la conectividad: son los exconectados. Y , por supuesto, hay que entender las claves de la comunicación que viene.


Conectividad

El verbo en cuestión admite prefijos como testimonio de una realidad, como denuncia, como alerta y también se le pueden poner interrogantes para provocar dudas. Se han publicado interesantes libros, estudios, artículos e informes que abundan en la trascendencia de esta palabra: por ejemplo la obra “#Hiperconectados”, de la periodista Lucía Taboada, o el más reciente del profesor Jordi Jubany: “¿Hiperconectados?”.

Con o sin interrogantes, ambos plantean interesantes puntos de vista y aportan consejos que, desde la educación, resulta interesante tener en cuenta. De golpe, las personas están en casi todos los sitios digitales, con fruición y con cierto estrés para no quedar fuera del grupo o de la tendencia por no manifestar la opinión o no aportar un “like”. Quizá tanta conectividad produzca ciertos efectos colaterales: comportamientos narcisistas, exhibicionismo, obsesión por la imagen; o plantee la necesidad de aprender a sobrevivir a tanto ´yo' en la red.


Generaciones

La tecnología y la conectividad son factores determinantes en la definición de las nuevas generaciones. Es el caso de una de las más estudiadas hoy, la llamada generación Z: adolescentes y jóvenes hasta los 18 años que han sido interpretados de diversas formas: hiperconectados pero infelices, o hiperconectados pero no idiotas. Y dudas: ¿adictos o comunicadores del futuro?. Los denominados nativos digitales no son tal: no existen porque siempre han vivido rodeados de la tecnología, aunque sin dar por supuesto que todos la sepan utilizar con otros fines que no sean sociales o lúdicos. Surgen nuevos términos como los “netizens”, los usuarios hiperconectados, cuyo reflejo se observa en el estudio de la compañía Ericsson, con una constatación basada en los tres países de América Latina más hiperconectados: Chile, Brasil y Colombia.

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Las incógnitas se acumulan pero la realidad nos obliga a educarles para este mundo conectado desde la práctica del aula: con el uso activo de tantos recursos como hay, con metodologías innovadoras que les impliquen y les induzcan a generar nuevos conocimientos, con protocolos que favorezcan la responsabilidad y con una escala de valores humanos aplicables también al comportamiento en la red. Estamos ante jóvenes usuarios para los que la hiperconectividad no existe porque no entienden vivir sin conexión. Pero, ¿cómo se fomenta la conectividad más humana entre personas con y sin tecnología? Hay otros formatos que conducen a los mismos fines, así como analistas que creen que se necesitan nuevas reglas ante la hiperconectividad actual.


Desarrollo

El fundador de la red social con más seguidores, Facebook, aboga por el derecho de todo el mundo a acceder a Internet, aún cuando hoy, el 57% de la población no lo tiene. Dejando aparte los intereses económicos de Mark Zuckerberg, la conectividad es un aspecto fundamental para ayudar a los países en desarrollo. África es un buen ejemplo del impacto de la conectividad en su lucha para mejorar. Los 47 países que conforman África Subsahariana son líderes en el pago por móviles.

El ciberactivismo femenino en África es muy importante, con un papel cada vez más destacado de la mujer, con su valor para enfrentarse al sexismo y a la violencia on line. Mujeres que con su lucha y con el acceso a las herramientas digitales provocan cambios ejemplares y educan a sus hijos e hijas en otros valores. Movimientos como África 2.0, donde las redes sociales han despertado el activismo en la región. Y es que la innovación, palabra fundamental en la nueva economía y en los cambios educativos, ha de ayudar a combatir la pobreza y a la mejora de la vida de los pueblos.


Conectografía

El orden mundial que ya existe y que es el marco de la vida de las personas actualmente pasa por un nuevo término, desarrollado por el profesor y estratega digital Parag Kanna en su libro “Conectografía”, un concepto surgido de la unión de las palabras conectividad y geografía. Los estudiantes de hoy deben saber que la fuerza organizativa del mundo actual es la conectividad: de infraestructuras, de cables, de nodos, de algoritmos y de personas.

Según el profesor Kanna, el principal criterio para este orden son las cadenas de suministros, más que las fronteras actuales. En una reciente entrevista a la cadena de TV Movistar #0 de España, manifestaba que la conectividad está cambiando América Latina por el hecho de exportar productos y por las necesidades de infraestructura que esto conlleva, remarcando a su vez el poder de China en la actual colonización económica de América Latina.


Educación

Se deben educar a las futuras generaciones teniendo en cuenta también otros marcos que están en constante evolución, extraídos del management, de las necesidades de las organizaciones y de ciencias afines. La insistencia en el valor del talento conectado se debe aprender desde las escuelas. Un concepto de las organizaciones que potencian el aprendizaje organizativo al servicio de la innovación. La tecnología favorece las conversaciones, la colaboración, la creatividad y el aprendizaje social. Educar para la colaboración inteligente, mediante el uso de herramientas digitales gratuitas que giran en torno a trabajos en grupo, por proyectos, de forma presencial u online, en el mismo país o con personas de diferentes lugares. Para eso las personas están conectadas.

La conectividad, el desarrollo, la comunicación, la educación, la transformación y el talento son conceptos que, para grandes sectores de la población, víctimas de las injusticias, de problemáticas diversas, de violencia y de gran pobreza, resultan utópicos y lejanos. Sin embargo son las herramientas que les pueden ayudar a salir de su estado actual, si los objetivos de quienes mandan persiguen unas condiciones de vida más justas para toda la población, en un mundo muy conectado.

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Evaristo González Prieto

Profesor y periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación, profesor de español, director y gestor del proyecto TIC de la Institución Educativa pública Torre del Palau, de Terrassa (Barcelona – España). Investigador en comunicación y educación, conferencista, formador en TIC y educación, colaborador con universidades y en estudios internacionales sobre educación y TIC. Blog: http://cibercomunicacioneducativa.blogspot.com.es/

@EvaristoG