El “yo” es la moda, la “bio” es el relato

El “yo” es la moda, la “bio” es el relato

Las redes digitales son los nuevos modos de mover ideas y la moda es la bio/comunicación (el concepto) y el selfie (la práctica).

No somos lo que uno dice ser. Se es lo que las redes han construido de uno: somos una producción de otro, llamado Google, Youtube, Facebook, Instagram, Selfie. Dejamos de ser públicos para convertirnos en íntimos.

 La bio/comunicación consiste en contar y seducir con "vidas vividas" para generar identificación en el espectador con la historia y la marca. A través de una vida en las pantallas se incluyen todas (las vidas) en el relato social. Y es que el siglo XXI celebra y comunica mediante el personaje. Una vida vivida es todas las historias, porque cada historia de pantallas es nuestra historia. Personajes... no individuos, sino caracteres que desde su drama, tragedia o épica vivida "escriben" una historia fascinante del nosotros mismos, del colectivo social. Por eso abundan las bio-novelas y bio-series donde se expone en público las intimidades de la sociedad y sus miedos ciudadanos. La bio-publicidad que quiere que las marcas se testimonien en vidas de gente del común, de las estrellas y las buenas causas; la bio-net porque para existir en la Red debo ser yo el único diferente: estar en Facebook, tener Instagram, exponerse en Youtube, convertirse en selfie.

 

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 La intimidad. Ante la ausencia de emoción con la realidad y la uniformización del mundo en el que habitamos, en una "globalización descentrada" donde todo tiene sentido desde dónde el yo esté. Es decir, cada uno es el centro del mundo. Ante este paisaje de homogenización, no hay nada más fascinante que la intimidad, que la vida adentro.

Paula Sibila ("La intimidad como espectáculo", FCE, 2008) escribió "sobre la exhibición de la intimidad en Internet" y se preguntaba por qué "la melagomanía y la excentricidad", que antes eran consideradas "enfermedades mentales o desvíos patológicos de la normalidad", hoy son celebradas y premiadas con "el deseo de ser distinto y querer siempre más" (p.10).

Sibila nos recuerda que en 2006, la revista Time había elegido al individuo-íntimo como el personaje del año. Y concluye que hoy habitamos "nuevas formas de autoconstrucción" del yo (p. 28), donde se promueven obsesivamente "las prácticas confesionales" y se celebra "el exponer públicamente la intimidad"; con lo cual asistimos a "un verdadero festival de vidas privadas" (p. 32) y a un "laboratorio mundial para experimentar y diseñar nuevas subjetividades" (p. 33). El siglo XXI es el espacio-tiempo donde cada uno es el protagonista, el yo triunfa y las redes sociales se convierten en la escena pública donde todos podemos existir si cumplimos con la condición de exhibir nuestra intimidad.

 Facebook: el territorio donde se juegan múltiples y diversos "Yo". La promesa de Facebook es la amistad. La posibilidad de existir en ella (ese viejo sueño de siempre). Y por eso uno no tiene amigos, tiene red de amigos: los íntimos, los abandonados en las infancias, los posibles del futuro, los que comparten gustos y los que nos dan prestigio. En cada esfera podemos ser una subjetividad distinta; todas en imágenes, todas felices, todas de búsqueda de un lugar en el mundo (o en la red que ha devenido el mundo). Y surge una pose, un cuerpo que busca seducir, una mirada que quiere atraer, un momento que quiere ser feliz.

• Instagram: el museo del "Yo". Allí se hace curaduría. Desaparece el rostro que se exhibe impúdicamente en Facebook, para ganar la mirada de uno mismo y alcanzar las imágenes que lo reflejen y representen. Cada quien construye su valor con base en las estéticas, temáticas y sugerencias que dan las imágenes que componen ese museo del uno mismo. Museo porque ahí se exterioriza lo que uno considera es digno de hacerse visible, y donde cada imagen habla del autor, más que de la foto misma.

 YouTube: la televisión del "Yo". La estética es sucia, la lógica es la del fragmento, el quid es el humor, la verdad es la espontaneidad, el efecto que se quiera compartir. Y ahí, en esa anti-tv que es Youtube, cada uno busca su figuración estelar y se logra cuando uno no es el que se exhibe, sino que son otros los que registran y visibilizan. Los testimonios son potentes cuando el que publica es el que graba, no el que habla o hace. Una producción del yo modelada porque graba, edita y emite: el yo no interior, sino el yo comunicado.

 Selfie: la celebración del uno mismo. Los selfies aparecen cuando uno es la estrella. La auto-foto siempre existió, pero hoy es masiva y para todos. Somos las estrellas y sabemos cómo serlo: tenemos las poses de nuestro yo. Los selfies son todo un goce, más que por el resultado o por la experiencia lo que se busca es querer testimoniar un momento, un lugar, una compañía, una actitud, una sonrisa. La democratización del sí mismo, la muerte del paparazzi, la libertad fotográfica, la celebración de uno mismo. En una sociedad donde la promesa es la felicidad y la felicidad es llegar a ser "uno mismo", los selfies significan la gloria del siglo XXI.

• La tragedia: el "Yo" mercantilizado. Pero no todo es felicidad. El marketing quiere usufructuar estas alegrías e intimidades exhibidas. Y se celebra como liberador que "el marketing es generado por el usuario", quien actúa en las redes sociales. Más que estrellas, el ciudadano es consumido (Baudrillard) o sujetado (Foucault) por las marcas. Somos las marcas que nos producen y exhiben felices. Cada vez somos menos yo y más producción del mercado; a cada exhibición de nuestra intimidad más negocio le proveemos a los mercaderes. Hoy no hay que hacer estudios de mercado, solo hay que visitar los modos en que nos exhibimos desde nuestra intimidad en las redes. Ahí está todo lo que se debe saber del yo contemporáneo.

• Sad end. Las redes saben más de uno que el yo mismo. La intimidad está afuera, y ni el mismo sujeto interior la reconoce. Somos un relato de Google, Youtube, Facebook e Instagram. Ya no controlamos la producción de nuestra subjetividad; somos los exhibicionistas sin intimidad, y ante tanta inflación, ésta vale poco.

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Omar Rincón

Periodista, académico y ensayista colombiano en temas de periodismo, medios, culturas digitales y comunicación política. Director de la Maestría en Periodismo de la Universidad de los Andes (Colombia), analista de medios para el diario El Tiempo y consultor en comunicación para la Fundación Friedrich Ebert, Latinoamérica. Autor de los ensayos: ‘Los colombianos TAL como somos’, Brasil, tal.tv, 2007; ‘Narrativas mediáticas o como cuenta la sociedad del entretenimiento’; Barcelona, Gedisa, 2006;  ‘Televisión Pública: del consumidor al ciudadano’, Buenos Aires, La Crujía, 2005; ‘Televisión, video y subjetividad’, Buenos Aires, Norma, 2002.