El acoso y su compleja relación con las redes sociales

El acoso y su compleja relación con las redes sociales

Las bases del comportamiento que terminan en el cyberbullying son mucho o más complejas y difíciles de entender.

Como este número especial lo deja de manifiesto, en las redes electrónicas tienen lugar conductas impropias, hay manifestaciones de violencia simbólica (a veces llevadas a la realidad), y se trata de un territorio propicio que aprovechando el anonimato, la no percepción directa e inmediata del daño causado, y la adopción de roles imaginarios convierte una posibilidad en una penosa realidad haciendo de este modo del cyberbullying un grave problema.

Técnicamente el cyberbullying (o ciberacoso) es el uso de los medios telemáticos (Internet, telefonía móvil y videojuegos online principalmente) para ejercer el acoso psicológico entre iguales. No se trata aquí el acoso o abuso de índole estrictamente sexual ni los casos en los que personas adultas intervienen. Tiene múltiples manifestaciones que pueden ser tan simples como continuar mandando e-mails a alguien que ha dicho que no quiere permanecer en contacto con el remitente, como incluir amenazas, connotaciones sexuales o etiquetas peyorativas.

El término fue usado por primera vez por el educador canadiense Bill Belsey hace ya más de 10 años y hoy goza de una enjundiosa literatura, de muchísimos sitios donde se dice combatirlo, y se ha convertido a veces -también- en una industria que nos recuerda sarcásticamente al Pibe en la película de Chaplin, encargado de romper los vidrios para que después Charlot los repusiera.

{quote}

Queremos aquí situarnos en su versión más precisa que es el acoso entre pares sin intervenciones de adultos, ya que esas otras figuras delictivas están muy bien tipificadas y son mucho más fáciles de entender aunque no por ello son menos condenables. Que un adulto se aproveche de un menor usando las redes es una perversión suprema basada en la asimetría de poder y la manipulación manifiesta que debe ser legalmente combatida.

Pero que los iguales se maltraten entre sí se sale completamente de la esfera de usos específicos de la Red donde ésta amplifica conductas preexistentes o las facilita, pero no las genera ni inventa, y nos lleva a indagar en mayor profundidad por qué un o una menor atormentaría, amenazaría, hostigaría, humillaría o molestaría a otro/a. Ahora gracias a la intermediación de las redes sociales y las plataformas de colaboración usando Internet, teléfonos móviles, consolas de juegos u otras tecnologías telemáticas, se potenciarán aún más esos comportamientos.

La agresividad, la pulsión de muerte, la violencia ejercida sobre otros injusta y arbitrariamente llena tomos de bibliotecas de psicología y psiquiatría. Hay dudas de si podemos medir el nivel de violencia de una época. Curiosa y contraintutivamente en 'Los ángeles que llevamos dentro' (2012) Steven Pinker alega que la nuestra es la más pacífica de todas las épocas de la historia.

Porque de seguir mansamente la lectura de la prensa, y sobre todo las recurrentes noticias que leemos en los medios acerca del carácter vandálico de las redes sociales e Internet y de su conversión en la Sodoma y Gomorra del siglo XXI, no cabría duda de la fácil igualación entre tecnología y amplificación de la violencia (como ocurre mecánicamente en el terreno militar).

Periódicamente vemos exorcizada a la Red como nicho de pornografía y obscenidad. Cada vez más son los ejemplos en los que se le atribuye el poder omnímodo de corrupción moral y espacio de fomento de prácticas adictivas de las que el cyberbullying no sería sino un ejemplo.

En otras notas de esta compilación se inventarían y hace referencia a las modalidades específicas de este cyberbullying que incluyen desde colgar en Internet imágenes comprometidas con fines de chantaje, dar de alta, con foto incluida, a víctimas instando a votarlas como las persona más feas, menos inteligentes, dejar comentarios ofensivos en foros o participar agresivamente en chats haciéndose pasar por la víctima de manera que las reacciones vayan posteriormente dirigidas a quien ha sufrido la usurpación de personalidad, hackear claves de correo electrónico, enviar menajes amenazantes por e-mail o SMS, etc.

Pero en esta breve referencia contextual queremos dejar en claro que quien conozca la obra de teatro 'Juegos a la Hora de la Siesta' de Roma Mahieu, donde se dramatiza en forma atroz la naturaleza agresiva del comportamiento infantil- o haya accedido a los informes de Marie - France Hirigoy en 'El acoso moral: el maltrato psicológico en la vida cotidiana' (2009), 'El acoso moral en el trabajo: distinguir lo verdadero de lo falso' (2006) que muestran como en los ámbitos más diversos el maltrato del otro, podrá comprobar que el acoso tiene sus bases en las condiciones reales de producción de subjetividad de una sociedad muy compleja y desigual, que fomenta estas prácticas y hasta las tolera y ocasionalmente las premia.

Más aún quienes estén al tanto de estudios detallados como 'Consideraciones sobre las conductas animal y humana' de Konrad Lorenz o 'Fundamentos del comportamiento colectivo' de Alexander y Margarete Mitscherlich entenderán que las bases del comportamiento que terminan en el cyberbullying son mucho o más complejas y difíciles de entender y tratar que la mera detección de una IP, o la atribución a las redes de causas cuando ellas son solo un efecto.

No es posible ni deseable atribuir el maltrato social convertido aquí en cyberbullying en resultado de causas genéticas o bioquímicas inalterables, pero tampoco en meras etiquetas adscriptas socialmente y tan fáciles de remover como las manchas. Visto así, el caso del cyberbullying se convierte en un test proyectivo de la sociedad que encuentra mucho más fácil atribuirle a la tecnología el origen de todos los males, antes que entender que la compleja causalidad circular tecnología/naturaleza/sociedad exige miradas más inteligentes y lecturas más complejas si queremos perforar la coraza de lo inevitable e inmutable. Pero sobre todo si queremos cambiar comportamientos, diseñar dispositivos que lo logren y vivir en sociedades mucho más justas y tolerantes que las que padecemos ahora.

 

e-max.it: your social media marketing partner
Read 6539 times
Alejandro Piscitelli

@piscitelli

Nació en Buenos Aires. Con formación en filosofía, sistemas y ciencias sociales. Actualmente es director del TadeoLab, laboratorio de innovación de la Universidad Tadeo Lozano. Profesor Titular de Humanidades Digitales en la Universidad de Buenos Aires, ha publicado numerosos libros entre los que se destacan 'Nativos Digitales' (2009) y 'El paréntesis de Gutenberg' (2011).