Reinventando bibliotecas, diseñando audiencias proactivas

Reinventando bibliotecas, diseñando audiencias proactivas

Reinventando bibliotecas, diseñando audiencias proactivas

La Biblioteca Pública de Nueva York se transforma desde el NYPL Labs para aprovechar el potencial de la era digital.

 

Hace ya muchas décadas que la ciudad de Nueva York cuenta con uno de los mejores sistemas bibliotecarios del mundo. A ello contribuyó en forma decisiva el mecenazgo de Andrew Carnegie, uno de los multimillonarios más ricos de la historia (con una fortuna calculada en U$298.300 millones en dólares de 2007), quien dedicó gran parte de su dinero amasado gracias a la industria del acero, a construir una red mundial de bibliotecas localizada principalmente en USA.

Una biblioteca Carnegie (la primera se creó en 1883 y la última en 1929), emergía siempre y cuando se demostrara la necesidad que un pueblo tenía de una biblioteca pública, que la ciudad proveyera el espacio para la construcción, dedicara un 10% de los costos de la construcción para su mantenimiento anual y que fuera gratuita para todos.

Entre las genialidades de sus aportes estuvo inventar los ‘estantes abiertos’ para que el público pudiera consultar por sus propios medios los archivos, sin necesidad de depender de un bibliotecario/filtro, pero sobre todo lo que aun llama la atención fue la enormidad del proyecto y su alcance, así como las bases que sentó para su modificación y actualización permanentes. Algo que está ocurriendo hoy y a lo cual está dedicada esta nota.

En ese corto período histórico de 50 años se crearon 2.509 bibliotecas Carnegie en el mundo, de las cuales 1.689 aparecieron en USA, 660 en Inglaterra e Irlanda, 125 en Canadá y otras en lugares tan lejanos como Australia, Nueva Zelandia, Serbia, el Caribe y las Islas Mauricio y Fiji.

Hace 20 años el diario ‘The New York Times’ constató que existían aun 1.554 de las 1.681 bibliotecas originales en USA, y que 911 se seguían usando como tales. Descontando un número pequeño que habían sido demolidas, los otros edificios habían sido convertidos en museos, centros comunitarios, oficinas públicas y hasta residencias. Pero lo notable es que la mitad del sistema sigue funcionando como bibliotecas, más de un siglo después de haber sido creadas especialmente en barrios pobres y necesitados.

De ese total de las existentes forma parte la ‘New York Public Library’ con 31 de los 39 edificios originales aun en funcionamiento (a los que sumó otros 50 más) entre ellos la emblemática biblioteca circulante de la calle 42 (que recorrí a diario durante meses en mi residencia neoyorquina en 1975), y el mayestático edificio de la calle 42, el segundo sistema bibliotecario (con 53 millones de ítems, según el Informe 2011 de la NYPL) después de la ‘Library of Congress’ en Washington.

Desde hace varios años Tony Marx su director actual, trata de convertir a la biblioteca en un modelo de centro de producción y difusión de conocimientos (ver video más arriba) contando actualmente con un Laboratorio de Innovación que está a la vanguardia del mundo cuando de reinventar una institución decimonónica como ésta se trata, atendiendo a las propuestas de la cultura digital.

NYPL Labs es un equipo experimental de diseño y tecnología que está ampliando el ámbito de la interacción, interpretación y reutilización de los fondos y archivos de las bibliotecas. NYPL Labs trabaja estrechamente con los bibliotecarios y conservadores para crear herramientas imaginativas, aplicaciones y experiencias en torno a los servicios de biblioteca, a menudo convocando directamente a la participación del público en la tarea de mejorar, organizar la biblioteca o remezclar información. NYPL Labs es la mano derecha del mayor programa de biblioteca digital + laboratorios que incluye ámbitos como la digitalización, servicios de metadatos, permisos / reproducciones y clasificación de los programas y actividades de divulgación pública.

Las derivas del conocimiento nos pusieron en contacto esta semana con Ben Vershbow, creador y director de NYPL Labs de la New York Public Library. Ben, que había trabajado previamente junto a Bob Stein en el Instituto para el Futuro del Libro, estudió teatro en Yale y está creando obras de punta en NY con su compañía Group Theory.

Participamos esta semana con Ben en una sesión de bibliocafe en la Librería Luvina con la presencia de cerca de 30 bibliotecarios locales, y tanto en ese evento público como en las varias charlas y talleres que dio en Bogotá en el marco del IV Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas, así como en larguísimas tenidas con cerveza y rica comida de por medio, pudimos auscultar un poco los planes que ha encarado en la Biblioteca (que incluyen proyectos interesantísimos como ‘NYPL Archives & Manuscripts’, o ‘Community Oral History Project’, o ‘What's on the Menu?’), así como atisbar su visión acerca de la coordinación compleja y usualmente fructífera que se puede establecer con los proyectos bibliotecológicos latinoamericanos, en especial con los maravillosos que están ocurriendo en Medellín como elPortal de la Red de Bibliotecas, y algunos de sus proyectos puntuales.

Ben está más que interesado en redefinir cuál es la unidad de la cultura en tiempos líquidos, al mejor estilo de Zygmunt Bauman, pero en vez de deplorar la perdida de la monumentalidad, abraza con entusiasmo la emergencia de nuevas especies mediáticas. La creación colaborativa de textos, el cambio del significado del autor, la evolución de las prácticas de lectura y escritura, y la creación y distribución de contenidos en el naciente siglo XXI, son su preocupación de cada día como la de muchos de nosotros.

Los proyectos de digitalización en curso que está llevando adelante la biblioteca, invitan a los usuarios a participar con el objeto de completar las colecciones de mapas, imágenes y textos, e incluso enriquecerlas, para su nueva vida digital. Estas contribuciones se dan en forma de trabajos simples, pequeños y repetitivos que realiza el usuario para corregir el trabajo realizado por el área de tecnología de la biblioteca. ‘Crowdsourcing’ que le dicen.

Como estamos haciendo nosotros con la experiencia del Maguen David en México, Ben entiende a su equipo de 28 profesionales altamente calificados “como la sección hacker de la biblioteca pues trabajamos en proyectos muy experimentales”. Hackear la biblioteca, cuando no es una trivialidad, puede convertirse en un proyecto de dimensiones faústicas y más que bienvenido.

Para Ben la biblioteca del futuro tiene varios retos en cuanto a garantizar el desarrollo y sostenimiento de nuevos proyectos, para lo cual las bibliotecas deben convertirse en instituciones abiertas y dispuestas a conectarse con nuevos actores.

Por eso quedó maravillado con las experiencias que están ocurriendo en Medellín en términos de reapropiación, de atender a las demandas de los usuarios, de convertir a las bibliotecas de producto-céntricas (algo que sigue ocurriendo con muchos de los proyectos de su biblioteca) en usuario-céntricas.

Sabemos desde hace mucho que las ‘profesiones P’ (Periodistas, Profesores, Printers, Publicistas) -pero también bibliotecas y museos - están bajo amenaza de extinción. Las propuestas, el ahínco y la apertura con que trabaja gente como Ben permiten imaginar que no todo está perdido y que la reinvención de las instituciones decimonónicas está en marcha. Gracias Ben.

En una próxima columna hablaremos de nuestro reciente encuentro en Medellín con Rosan Bosch, una de las diseñadoras de espacios de aprendizajes más interesante del mundo. En ambos casos la presencia en carne y hueso del hacedor y su fina escucha ayudaron mucho a entender por qué hacen lo que hacen, cómo colaborar con ellos y como expandir permanentemente las rutas de la hiperconectividad en constante aumento. Una de las delicias de estar vivo en esta época confusa pero con desafíos sin par.

De lo que se trata siempre es de crear dispositivos de cambio de comportamiento, de reinventar instituciones preexistentes y de diseñar audiencias participativas capaces de generar su propia dieta cognitiva a medida. Proyectos como los de Ben en el seno de una Biblioteca Carnegie de más de un siglo de existencia van en esa dirección y por eso los admiramos y aplaudimos.

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Alejandro Piscitelli

@piscitelli

Nació en Buenos Aires. Con formación en filosofía, sistemas y ciencias sociales. Actualmente es director del TadeoLab, laboratorio de innovación de la Universidad Tadeo Lozano. Profesor Titular de Humanidades Digitales en la Universidad de Buenos Aires, ha publicado numerosos libros entre los que se destacan 'Nativos Digitales' (2009) y 'El paréntesis de Gutenberg' (2011).