Incunables digitales y el futuro pasado de los libros

Incunables digitales y el futuro pasado de los libros

Incunables digitales y el futuro pasado de los libros

¿Llegará con la era digital el final de los libros impresos?

El finalismo no es un buen consejero

Hay un mal endémico en el diagnóstico cultural al que podríamos denominar ‘finalismo’. Por doquier afloran pronósticos acerca del fin de esto o de aquello: de los periódicos, las revistas, los impresos y en particular de los libros. No es un lamento/alegría reciente sino algo que venimos escuchando desde hace medio siglo al menos, si no más.

El malestar en la cultura está muy asociado a este supuesta decaimiento en el ‘animus legendi’ de la humanidad y las encuestas que hablan acerca de la pérdida de esa capacidad por parte de vastos porcentajes de la humanidad se multiplican aceleradamente (entre otros informes que avalan estas ‘lecturas’ tenemos “En México cada vez se lee menos” (una supuesta caída del 10% de lectores entre 2006 y 2012).

Cuando se trata de determinar a qué se debe esta caída (algo bastante dudoso por otra parte como bien examina Manuel Mora y Araujo en ‘Hay más libros, ¿habrá menos lectores?’, donde astutamente se pregunta “Podría ser que los que leen, leen menos que antes, pero que muchas más personas que antes son capaces de leer y leen”), la razón se atribuye básicamente a la aparición de los lectores digitales, en particular del Kindle en el año 2007 y de tabletas como el iPad en el 2010, que habrían cambiado de forma irreversible el futuro de la lectura – en definitiva en contra de la cultura lectora –.

 

Algo de esto podría estar ocurriendo porque:

1) Aunque el contenido sea el mismo, el soporte determina inevitablemente nuevas estrategias de lectura que se van complejizando y adoptando perfiles cada vez más diferenciales a medida que nos vamos separando del papel, y a medida sumergimos en la pantalla;

2) La existencia de nuevas especies mediáticas y la emergencia de un universo cada vez menos ocularcéntrico (para una potente crítica de una civilización centrada en el ojo en detrimento de todos los otros sentidos ver Juhani Pallasmaa, ‘Los Ojos de la Piel. La Arquitectura y los Sentidos’, Barcelona)

Sea como fuere, estamos viviendo en la era de los incunables digitales. Esta no se inició ni en el año 2007 ni en el 2010, empezó una década y media atrás y está afectando de tal manera a la ecología de la lectura que ya no hay vuelta posible al pacífico universo textual de Gutenberg.

Son numerosos los factores que incidieron para que la lectura electrónica alcanzara velocidad de escape. Uno de los más llamativos fue precisamente los lectores (se han vendido ya más de 200 millones de iPads, 500 millones de iPhones, 1.000 millones de smartphones Android y un número varias veces millonario de Kindles - que Amazon se niega a inventariar desde 2007 a la fecha -).

Pero no se trata solo de soportes o de dispositivos sino de la innumerable cantidad de aplicaciones y estrategias de lectoescritura incluidas en los millones de programas (apps) que los habitan, y que brindan posibilidades de sumergirnos en los textos y en los componentes audiovisuales de los nuevos soportes, abriendo posibilidades inéditas de pasar de una civilización de lectores a una de escritores (Ver Andrey Miroshnichenko, ‘Human as media. The emancipation of authorship’).

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Mas allá de la dicotomía lectura microscópica Vs. lectura macroscópica

Si bien los procesos de alfabetización masivos datan de hace dos siglos y encarnaron finalmente en las-escuelas-y-las-universidades-para-todos de los años 1960, hasta ayer nomás la lectura se escindía en dos grandes categorías: la microscópica, profunda, detallada, universitaria, letrada, técnica, y la macrosocópica, más ligada a lo audiovisual, lo liviano, el esparcimiento, lo popular en sentido amplio.

La aparición de las ‘Digital (Big) Humanities’ (acompañando con un retraso de 30 años a la ‘Big Science’) abrió un espacio inesperado y complejo para la competencia lectora, dejando en ‘offside’ a las industrias de contenidos que hasta entonces habían centrado sus capacidades de publicación en el papel, atendiendo a alguno de esos dos públicos disjuntos, concentrando la selectividad y la excelencia en las minorías y lo popular y anodino entre las masas

La emergencia del ‘Big Data’, y de herramientas de visualización (‘tracking’) de la experiencia lectora, de formas muy afinadas de ver no solo de qué se compra sino de qué y cómo se lee, permiten nuevas formas de lectura que vinculan lo cuantitativo con lo cualitativo y abren nuevas experiencias que trascienden la dicotomía alta cultura versus cultura popular, permitiendo usar herramientas cuantitativas para detectar las experiencias lectoras de millones de personas, diseñar nuevas experiencias de gestión del sentido y, sobre todo, convertir a los lectores en autores de distinto nivel de intensidad y sagacidad.

 

¿Se terminan los libros en papel? Una mala pregunta

Qué hay nuevos soportes todos convenimos en eso. Qué los dispositivos de lectura están proliferando también. Qué las nuevas generaciones están más cómodas en los entornos digitales que en los analógicos es un truismo. Qué las formas más interesantes de aprendizaje están cada vez más orientadas a lo multimedial o a lo transmediático, y ahora a la programación, es algo que vemos replicarse hasta en programas nacionales de alfabetización en código (lo está empezando a hacer Argentina con ‘Programar’ y lo viene haciendo Finlandia con ‘Rovio’), es otra nueva constatación.

Pero la pregunta que no cesa es si algún día (¿en 5, 30 o 50 años?) los libros en papel finalmente desaparecerán. Como decíamos al principio, no tenemos la varita mágica, ni predecir el futuro es un nuestra especialidad – tampoco lo aconsejamos –. Pero a partir de ciertos movimientos podemos conjeturar que el futuro de la lectura será híbrido (se practicará en múltiples soportes y plataformas), será proactivo (se seguirá leyendo e imaginando a mentes cerradas, pero también se mezclarán y ‘aumentarán’ los contenidos; el contacto con el contenido será multimodal (se aprehenderá a través de los ojos pero también de otros sentidos, especialmente los propioceptivos al poder ‘tocar’ la información).

Todo lo anterior obliga a pensar mucho más en términos de ‘remediación’ (Bolter & Grusin) que de exterminio o finalización, y de reinvención de experiencias que de guerra de formatos.

Son numerosas las instituciones, laboratorios y organizaciones que están trabajando para la reinvención del libro. Antes de seguir fulminando dispositivos de encapsulamiento de la experiencia centenarios o milenarios  – como son los libros en papel –, habría que prestar mucha más atención a sus hallazgos y variantes.

 

 

 

 


Referencias

• Berry, David Humanidades Digitales: Primera, Segunda y Tercera Ola (traducción Julio Alonso & Fernanda Ibañez)
• Bolter, Jay David & Grusin, Richard Remediation: Understanding New Media. Cambridge, The Mit Press, 2000.
• Garner, Dwight The Way We Read Now
• Fragias, Antonio Usted ya no lee ni escribe como antes
• Gil, Manuel La cara oculta del libro
• Millan, José Antonio Leyendo pantallas
• Piscitelli, Alejandro Las humanidades digitales y la fusión entre arte y ciencia

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Alejandro Piscitelli

@piscitelli

Nació en Buenos Aires. Con formación en filosofía, sistemas y ciencias sociales. Actualmente es director del TadeoLab, laboratorio de innovación de la Universidad Tadeo Lozano. Profesor Titular de Humanidades Digitales en la Universidad de Buenos Aires, ha publicado numerosos libros entre los que se destacan 'Nativos Digitales' (2009) y 'El paréntesis de Gutenberg' (2011).