Hacia el fomento del bienestar digital desde la educación

Hacia el fomento del bienestar digital desde la educación

Hacia el fomento del bienestar digital desde la educación

El bienestar digital es un nuevo término que aparece cuando se reflexiona sobre los nuevos hábitos que la tecnología crea en las persona.

Las grandes  ventajas de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) se acompañan con cambios personales y sociales que la psicología y las ciencias sociales  van descubriendo. Cualquier suceso, noticia o investigación que verifique los efectos del abuso hace saltar las alarmas. Se investiga en cómo se están configurando las personas a partir de las influencias que nos producen nuestros objetos tecnológicos cotidianos, mucho más que máquinas conectadas todo el día a Internet. De ahí que surjan nuevos conceptos, como el  de bienestar digital.

En medio de tantos aparatos, hoy vivimos en una realidad que parece cambiante cada poco, a medida que incorporamos nuevas aplicaciones. Las tecnologías nos pueden acercar, alejar,  amaestrar, condicionar, reconfigurar el ritmo vital, cambiar las costumbres y condicionar la evolución de nuestro entorno personal y social por la intervención de variables que antes no existían. Los retos están ahí: adaptación, aprendizaje,  evaluación y reflexión sobre los efectos en nuestra vida.

Términos

La terminología Bienestar Digital ha surgido para contrarrestar ciertos efectos de la tecnología en los seres humanos: adicción, nomofobia, hiperconectividad, dependencia, aislamiento, intrusividad, ciberacoso, deformación de la realidad, compulsividad, estrés, etc. La duda está en cómo establecer la gradación,  frontera o el punto medio en los conceptos anteriores.

Curiosamente, han sido las grandes empresas tecnológicas las que han publicitado las bondades de sus nuevos productos para ayudarnos a dosificar costumbres inducidas por ellas.

Podemos sugerir que el bienestar digital es aquella situación a la que se llega cuando  las personas son capaces de acoger de forma crítica la tecnología en sus vidas y verla como un recurso muy importante que hay que entender, usar, acotar y silenciar si es necesario, evaluando a menudo sus efectos en el esquema de  valores de cada persona y en el funcionamiento de la sociedad en que vivimos .

Creemos que el bienestar digital va muy unido a la denominada  Nueva Cultura Digital, una propuesta que tiene una sólida base en el Manifiesto por una Nueva Cultura Digital,  presentado el pasado mes de mayo en Barcelona con motivo del Día Mundial de Internet. Un manifiesto vivo y abierto, una interesante idea de la socióloga Liliana Arroyo y el educador Jordi Jubany, con un trabajo colaborativo previo de profesionales de la educación, abierto a las adaptaciones y actualizaciones que se consideren.

Realidades

Hace unos días una adolescente le preguntaba a su madre en un transporte público por el sistema que  tenían antes para quedar y comunicarse de forma continua e instantánea. Le costaba entender que hasta hace muy pocos años se vivía sin celulares, que la instantaneidad era un concepto que no existía tal como se entiende ahora, se relacionaba con la presencia física, con el teléfono fijo y que los espacios públicos simbolizaban encuentros y convivencia, igual que ocurre hoy pero donde interfieren otras formas de comunicación. La conversación presencial acabó en el momento en que a la madre y a la hija les fueron entrando mensajes y cada una se dedicó a comunicarse sin parar. El vagón del tren iba muy lleno y, en una observación visual, el 95% de las personas (en su mayoría adultas, sin apenas adolescentes) interactuaban con el celular . Nadie leía nada en papel y tampoco nadie hablaba con nadie en persona. Y seguro que no paraban de leer y de relacionarse. 

Les invito a observar su entorno, con el que también nos mimetizamos como usuarios. Si hubiéramos preguntado a todas esas personas qué significaba el bienestar digital para ellas en aquel momento, quizá nos lo ratificarían con los contenidos y usos de sus celulares. O les abriríamos un interrogante en sus vidas, oportuno o no, motivo para la reflexión. 

También existen personas que controlan los tiempos para todo, otras se desconectan del artefacto digital, aman y valoran el silencio y piden que su espacio temporal no sea invadido por intromisiones ajenas en formato digital (como las actuales campañas en algunos países europeos para que no las empresas y organismos no envíen mensajes a los trabajadores fuera de su horario laboral). Para quienes crean que no aguantan un día sin celular, prueben y ya verán cómo otros mundos son posibles. Los mismos que han acompañado a tantas generaciones  de personas a lo largo de los siglos,  hasta la llegada de este tipo de tecnología.

Remedios

Las empresas tecnológicas, atentas a la realidad, ofrecen herramientas para que nos ayuden a controlarnos y se publicitan como  preocupadas por  el bienestar de sus clientes, una vez que ya los tienen cautivados. Curiosos ejemplos: nuevos sistemas que su celular le ofrece para solicitarle no molestar, en qué consume su tiempo, o el lema de Google para sus aplicaciones dedicadas al bienestar digital: La tecnología debería mejorar la vida, no distraernos de ella. Google Play,  iOS o Youtube ofrecen más soluciones. Hay expertos en tecnología  que han probado estos remedios durante un mes  y explican su culpabilidad .

Según lo anterior, para conseguir el bienestar digital hay que instalar herramientas en el celular, sensores, terminales, apps que a su vez hemos de programar y gestionar. Más tecnología para controlar la tecnología. Por no referirse a  los aprendizajes derivados  de la creciente accidentalidad del tráfico por el uso del celular mientras se conduce, o esas más  de 250 personas que han muerto desde 2011 hasta hoy  por hacerse selfies en lugares peligrosos. ¿Dónde está el sentido común?

Educando

Proponemos algunas sugerencias extraídas de la práctica educativa diaria con las TIC durante 24 años,  en  aulas con adolescentes, válidas también para el mundo adulto. Sirvan como pauta inicial con la posibilidad de  cambiarlas, adaptarlas o formular otras mejores:

  • Conozca los límites de la tecnología y sus aplicaciones e investigue en sus efectos en las personas. Acérquese y use los aparatos de forma crítica. Son muy atractivos pero tienen efectos secundarios, muchos positivos y algunos negativos.
  • Aprenda a regular el uso mediante la práctica diaria, en entornos educativos que instruyan sobre la tecnología de forma responsable, con las prohibiciones  que cada persona se autoimponga por convencimiento, y mejor si son fruto del trabajo en clase.  Llegar hasta aquí ya es un éxito.
  • Extraiga conclusiones, acuerdos y normas como resultado de debates entre iguales, con análisis de casos, donde la sinceridad sea el mejor camino para que las actuaciones preventivas  mejoren. Escriban normas, publíquenlas e incluyan revisiones periódicas.
  • Permítase una mirada interior para diagnosticarse si padece efectos que a veces van ligados al abuso tecnológico: insomnio, alteraciones de la conducta, nomofobia, dependencia, hipercomunicación, agresividad, aislamiento. Ante la detección, el remedio.
  • Establezca normas de “higiene digital”: tiempo de uso para no caer en el abuso, gimnasia visual ante las pantallas, descubrimiento de las estrategias o trampas de las aplicaciones y artefactos, observación de los efectos del no uso y de las posibilidades que se abren, aprecio por tener “el mundo en sus manos” con un celular.
  • Aprenda a leer y contrastar la información que le llega o que envía. Piense un momento antes del acto casi reflejo del like o del click. Las fake news o noticias falsas crean malestar colectivo e intoxican, primero a usted.
  • Lea el decálogo del manifiesto citado antes y deduzca aquellas actuaciones personales que le recompensen con una mejora de su bienestar y el de los demás.
  • Desconecte un tiempo concreto de la tecnología, es una buena gimnasia mental para analizarse. El silencio ayuda a encontrarse y a verlo más claro.

En otros lugares encontrará más consejos para su bienestar digital. Las tecnologías llenan nuestras vidas y parte del futuro dependerá de los avances que nos ofrezcan muchas empresas tecnológicas, de su poder de captación y de una maquinaria muy bien diseñada, en la que su pieza fundamental somos nosotros. Si estamos bien o mal con las TIC lo podemos deducir después de someternos a un profundo y periódico chequeo interior. Cuidemos nuestra salud digital.

Evaristo González Prieto

6/10/2018

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Evaristo González Prieto

Profesor y periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación, profesor de español, director y gestor del proyecto TIC de la Institución Educativa pública Torre del Palau, de Terrassa (Barcelona – España). Investigador en comunicación y educación, conferencista, formador en TIC y educación, colaborador con universidades y en estudios internacionales sobre educación y TIC. Blog: http://cibercomunicacioneducativa.blogspot.com.es/

@EvaristoG