Ciencia abierta para todos

Ciencia abierta para todos

Ciencia abierta para todos

La importancia del acceso abierto al conocimiento para generar innovación.

La Unión Europea ha dado un paso que a mi modo de ver es significativo para el desarrollo científico: comprometerse a garantizar para 2020 el acceso abierto a las publicaciones científicas de todas las investigaciones que se desarrollen en dicha región.

La decisión tomada por todos los ministros de Industria, Competitividad e Investigación, a finales de mayo de 2016, resulta en principio de gran relevancia, ya que se impulsaría la cultura Open Access a nivel regional. Algo que serviría de marco para que otras regiones del mundo tomen buena nota de la dirección que se debería ir, para evitar las brechas de conocimiento que hoy existen, entre investigadores de países desarrollados y aquellos que están en vías de desarrollo.

Que la opción por defecto para acceder al conocimiento generado en proyectos europeos sea el Acceso Abierto, rompería el círculo vicioso que se ha venido instaurando al interior del mundo académico, donde la producción relacionada a proyectos financiados por entes públicos terminaba siendo imposibles de acceder sin previo pago. Una realidad que muchos de los que intentamos ejercer labores de investigación, termina por marcar la capacidad de tener acceso a resultados de investigaciones más recientes y de relevancia científica.

Si bien la decisión tomada se encuentra aún a nivel de compromiso político y no está claro el mecanismo procedimental (el cómo se hará), da esperanzas como ya mencionamos antes. Ello, bajo un contexto en el que se sigue moviendo la Unión Europea en torno a la iniciativa de Acceso Abierto de Budapest de 2002, a pesar que programas financiados por dicho ente (incluyendo el programa Horizon 2020) lleva ya mucho tiempo estableciendo un mandato orientado a tales fines.
Tanto la Unión Europea como el resto de países y entidades regionales y supra-regionales deben establecer una profunda revisión de las iniciativas impulsadas hasta la fecha, orientada a los fines aquí abordados, con el fin de evitar las contradicciones que comúnmente se encuentran en las diferentes bases de convocatorias y programas de impulso científico, donde el acceso abierto del conocimiento generado resulta ya, en muchos casos, un mandato.

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Lo planteado hasta ahora no solo reviste interés a nivel europeo sino también, como ya hemos dado cuenta en países y regiones que esperan hacer uso efectivo de la ciencia para impulsar el desarrollo social de sus habitantes. Tal es el caso de Colombia, cuyo gobierno ha venido promoviendo espacios de Open Access a nivel de instituciones públicas. Ejemplo de ello tenemos la iniciativa de portal de Datos Abiertos Colombia, el cual se encuentra en niveles muy incipientes de avance, pese a que se abrió hace un par de años atrás. Un espacio donde a la fecha se puede ver apenas 2.501 datos del gobierno de Colombia para la realización de investigaciones. Una iniciativa que no ha gozado de una Ley orientada a la promoción del Open Access en el país, como si ha sucedido a nivel de otros países vecinos, como por ejemplo Argentina y Perú, quienes ya han reglamentado leyes orientadas a tales fines.

Colombia como otros países o regiones (caso Unión Europea). Se encuentra en medio de un proceso que no entraña dificultades. Los intereses de las principales editoriales académicas y la escasa cultura Open, por parte de muchos quienes hacen ciencia o dirigen los centros de investigación y/o universidades en el país ha hecho que el proceso de avance, alrededor del tema aquí planteado, muy lento y tortuoso. Algo que contribuye a que la ciencia en dicho país siga andando en locomotora y a la velocidad del bit.

Como bien ha podido suceder a nivel europeo, el caso colombiano, no solo debe centrar su mirada al marco legal, haciendo que los espacios institucionales públicos se conviertan en entes promotores de la cultura orientada al Open Access en el país, sino también debe trabajar en favorecer un cambio de mentalidad que aún sigue estando enquistado en la mente de muchos responsables institucionales e investigadores: la búsqueda recurrente de mecanismos que les ayude a mantener control absoluto del conocimiento generado o información dispuesta. Una mentalidad que fomentaría la incapacidad de reconocer las potenciales ventajas del acceso abierto para una mayor transparencia, de cara a la comunidad científica y ciudadanía en general.

Lo que aquí planteo no está exento al debate del marco de regulación que debería regir alrededor del Open Access, en especial en todo lo relacionado con el reconocimiento moral de los datos e información que se acceden libremente, bajo las diferentes modalidades de licencias que hoy proliferan en internet (e.g. Creative Commons y Copyleft, entre otras); sino también la ruptura del falso axioma que aún hoy siguen dando quienes mantienen posiciones críticas, alrededor del Open Access: la búsqueda de vincular el Open Access con un marco inexistente de estándares que garanticen la calidad de lo que se divulga en internet, libremente. Los temas aquí planteados son solo dos que han estado girando alrededor del tema del Open Access en diferentes momentos y estados de evolución donde se ha encontrado a nivel de cada país y región.

Colombia, como ha venido sucediendo en otras zonas del planeta, debe debatir la necesidad de avanzar en un marco que transforme el modelo de negocio que hoy controlan las principales editoriales académicas en el mundo (Elsevier, Springer, Wiley, Taylor & Francis y Sage), así como en dicho país. Ello, a favor de ser consecuente con la principal función de la ciencia: contribuir a la mejora de la sociedad, en general, a través del conocimiento científico generado en investigaciones. Algo que resulta imposible si se sigue reproduciendo el modelo editorial actual, donde la mayoría de los evaluadores trabajamos ¨gratis¨ y solo resulta válido académicamente publicar en revistas afines a dichas editoriales (el beneficio promedio para 2011, por cada artículo publicado en estas editoriales, era de aproximadamente de 5.000 USD al año, de acuerdo con lo expuesto por Francisco Villatoro), las cuales controlan también los sistemas de indexación de ¨calidad¨, por cierto. Mientras este escenario siga estando silenciosamente impulsado desde actores públicos y privados, iniciativas como Sci-Hub, impulsada por la investigadora Alexandra Elbakyan, o la Biblioteca Génesis seguirá cobrando cada vez mayor relevancia y se irán reproduciendo en la Deep Web, en un intento de romper las brechas de conocimiento y diálogos científicos que buena parte de los investigadores en el mundo se encuentran inmersos, al laborar en instituciones que no cuentan con la capacidad financiera para pagar el acceso a repositorios académicos o bien no cuentan con el dinero para acceder a iniciativas de Acceso Abierto como por ejemplo Plos One, previo pago de importes muy superiores a las capacidades que individualmente se pueden muchos permitir.

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Elias Said Hung

Profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja.
Investigador, consultor con certificación SMAC y Google Analytics, con más de 10 años de experiencia profesional en los medios de comunicación social, medios digitales y las TIC en la educación.

Contacto: www.eliassaidhung.com