Ciencia y futuro social en Colombia

Ciencia y futuro social en Colombia

Ciencia y futuro social en Colombia

La capacidad de inversión y prioridad de un país en términos de ciencia y tecnología dará lugar a una visión de futuro, ¿qué ocurre con esto en Colombia?

Analizar los presupuestos establecidos por los diferentes Estados, resulta muy interesante, al momento de comprender la visión de país que suelen tener los responsables políticos de estos, así como los derroteros para superar los retos que hoy tenemos como sociedades.

Si comparamos recientes noticias, vemos realidades verdaderamente divergentes. Mientras la Unión Europea acaba de anunciar la dotación de 30 billones de euros para la promoción de la investigación e innovación entre 2018-2020 (unos 1,2 billones por cada país miembro), en Colombia la lucha emprendida por la comunidad científica, a la hora de reducir el porcentaje de recorte para la ciencia, en el presupuesto de 2018 solo trae un horizonte que exige reflexión y, sobre todo, no da muchas esperanzas a un país cuyos gobernantes (y buena parte de la sociedad) aún ven a la Ciencia como un juego de ¨niños grandes¨, al no haber una consciencia y reconocimiento social claro del peso y valor de este tipo de labores en la transformación de nuestras sociedades.

Más allá de las terribles e inútiles comparativas, al momento de estimar el impacto y peso que tiene la Ciencia, a los ojos de los policymakers de cada país, resulta sorprendente como bien apuntan la comunidad científica colombiana, cómo el gobierno colombiano, en pleno proceso de paz da la espalda a la Ciencia como sector que lidere la transformación social que tanto necesita este país. Más cuando está envuelto en un proceso de paz que exige avanzar no en una locomotora, sino en un tren de alta velocidad, a la hora de hacer frente los avances tecnológicos y mejora de todos los sectores productivos y sociales.

De acuerdo con datos del Banco Mundial, por cada habitante, apenas Colombia destina 1,54 dólares, mientras que otros países de la región destinan 130 dólares o más (caso Argentina, México o Brasil), y si lo comparamos con los países más desarrollados (caso Estados Unidos, Japón o Finlandia) llegan a superar los 1.300 dólares.

Como bien apuntaban en la carta escrita y enviada al presidente Juan Manuel Santos, 13 galardonados con el Premio Nobel, que menos del 0,2% del PIB colombiano para 2018 esté destinado a labores científicas, es un claro ejemplo de la forma como está siendo asumida la Ciencia para hacer de Colombia, un país puntero en la comunidad regional y mundial.

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Colombia presenta un profundo lastre, en comparación con los países del OCDE, a los que quiere ser parte, entre otras cosas en materia científica. A la falta de recursos suficientes para el desarrollo de investigaciones sustantivas, hay que aunar el bajo número de investigadores por millón de habitantes en el país (los cuales no pasa de los 180), mientras que según un informe elaborado por la UNESCO, países como Israel, Estados Unidos, Reino Unido, o Corea del Sur, llegan a contar con 3.500 a 8.500 investigadores por millón de habitantes. Bajo este escenario, Colombia se enfrenta así a un contexto cada vez más competitivo, sin la capacidad de afrontar exitosamente los retos en él, mientras no se tome en serio la importancia y peso que ha tenido la Ciencia en el avance de los países que hoy lideran el escenario mundial.

Es cierto que Colombia ha aplicado acciones como Ser Pilo Paga o las Regalías, como reafirmaba Santos en respuesta a la carta de los ¨Nobeles¨, para favorecer un aumento de la asignación en materia de Ciencia y Tecnología en el país, pero estas medidas no han estado exentas de críticas. Ello como resultado de los niveles de politización (la famosa mermelada que tanto ha dado de sí en Colombia), la creciente financiación a la educación privada sobre la pública, o la falta de resolver los problemas estructurales que tiene el país, en especial en materia de desigualdad social, más allá de los temas de infraestructura que también son importantes, pero que han centrado el uso de este tipo de acciones impulsadas desde el Estado colombiano.

Si Colombia quiere que la paz signifique un desarrollo social sustantivo en el país, debe avanzar en la visión que parece haber detrás de la Ciencia y Tecnología, por parte de muchos actores claves ajenos a este sector, al desestimar con acciones la importancia que este debería tener al momento de estimar hacia donde debe ir el país a corto, medio y largo plazo.

No hacerlo implicará seguir dando razones a resultados de investigaciones realizadas por entes de gran prestigio en el país, como es el caso del Banco de la República, quienes han indicado, desde hace varios años atrás, la alta concentración del capital humano en el país en las principales ciudades (en especial en Bogotá) y el elevado porcentaje de estudiantes de postgrado que optan por no regresar al país (casi un tercio), luego de obtener una titulación que les acredita para impulsar procesos de innovación desde sus áreas disciplinares. Una realidad que seguirá presentándose si no se dan las bases que garantice un plan a largo plazo para favorecer la Ciencia y Tecnología, más allá de los programas o estrategias dispuestos hasta ahora.

 

Fuente:
Elias Said Hung
Profesor titular de la Facultad de Educación
Universidad Internacional de la Rioja

 



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Elias Said Hung

Profesor titular de la Facultad de Educación de la Universidad Internacional de la Rioja.
Investigador, consultor con certificación SMAC y Google Analytics, con más de 10 años de experiencia profesional en los medios de comunicación social, medios digitales y las TIC en la educación.

Contacto: www.eliassaidhung.com